Frases de La peste

La peste

20 frases de La peste (La peste) de Albert Camus, libro de 1947.... Historia de unos doctores que descubren el sentido de la solidaridad en su labor humanitaria en la ciudad argelina de Orán, mientras esta es azotada por una plaga.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Albert Camus son: belleza de la vida, dignidad del ser humano, ficción con médicos, labor humanitaria, plaga, poder del amor, sentido de la vida, solidaridad, voluntad inquebrantable.

Frases de Albert Camus Libros de Albert Camus

Frases de La peste Albert Camus

01. La estupidez insiste siempre.

Estupidez


02. Todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro.

Hablar


03. Las hipótesis, en la ciencia como en la vida, son siempre peligrosas.

Hipótesis


04. En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Admiración


05. El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma.

Desesperación


06. Hay una cosa que se desea siempre y se obtiene a veces: la ternura humana.

Ternura


07. ¿Quién podría afirmar que una eternidad de dicha puede compensar un instante de dolor humano?

Dicha


08. Bien sé que el hombre es capaz de acciones grandes, pero si no es capaz de un gran sentimiento no me interesa.

Profundos sentimientos


09. (...) Es incapaz de sufrir o de ser feliz largo tiempo. Por lo tanto, no es capaz de nada que valga la pena.

Incapaz


10. Nada en el mundo merece que se aparte uno de los que ama. Y sin embargo, yo también me aparto sin saber por qué.

Amar con locura


11. Hace ocho años que no puedo decir que murió; solamente se borró un poco más que de costumbre, y cuando me volví a mirarla ya no estaba allí.

Pasividad


12. Sentía que su madre lo quería y pensaba en él en ese momento. Pero sabía también que querer a alguien no es gran cosa o, más bien, que el amor no es nunca lo suficientemente fuerte para encontrar su propia expresión.

Verdadero amor


13. La primera mitad de la vida de un hombre era una ascensión y la otra mitad un descenso; que en el descenso los días del hombre ya no le pertenecían, porque le podían ser arrebatados en cualquier momento, que por lo tanto no podía hacer nada con ellos y que lo mejor era, justamente, no hacer nada. (...) Seguramente Dios no existía porque, si existiese, los curas no serían necesarios.

Curas


14. Pregunta: ¿Qué hacer para no perder el tiempo? Respuesta: sentirlo en toda su lentitud. Medios: pasarse los días en la antesala de un dentista en una silla inconfortable; vivir el domingo en el balcón, por la tarde; oír conferencias en una lengua que no se conoce; escoger los itinerarios del tren más largos y menos cómodos y viajar de pie, naturalmente; hacer la cola en las taquillas de los espectáculos, sin perder su puesto, etc., etc.

Pérdida de tiempo


15. Cuando me metí en este oficio lo hice un poco abstractamente, en cierto modo, porque lo necesitaba, porque era una situación como otra cualquiera, una de esas que los jóvenes eligen. (...) Y después he tenido que ver lo que es morir. ¿Sabe usted que hay gentes que se niegan a morir? ¿Ha oído usted gritar: " ¡Jamás! " a una mujer en el momento de morir? Yo sí. Y me di cuenta en seguida de que no podría acostumbrarme a ello.

Oficio


16. Todo aquel tiempo fue como un largo sueño. La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada, se abría bruscamente. Y despertados por ella con un sobresalto, tanteaban con una especie de distracción sus labios irritados, volviendo a encontrar en un relámpago su sufrimiento, súbitamente rejuvenecido, y, con él, el rostro acongojado de su amor. Por la mañana volvían a la plaga, esto es, a la rutina.

Plaga

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