Frases de La mala hora - Página 2

29. -La mayoría de los pasquines los arrancan antes del amanecer. -Ese es otro truco que no entiendo -dijo el juez Arcadio-. A mí no me quitaría el sueño un pasquín que nadie lee. -Esa es la cosa -dijo el secretario, deteniéndose, pues había llegado a su casa-. Lo que quita el sueño no son los pasquines, sino el miedo a los pasquines.

Pasquín


30. El alcalde solía pasar días enteros sin comer. Simplemente lo olvidaba. Su actividad, febril en ocasiones, era tan irregular como las prolongadas épocas de ocio y aburrimiento en que vagaba por el pueblo sin propósito alguno, o se encerraba en la oficina blindada, inconsciente del transcurso del tiempo. Siempre solo, siempre un poco al garete, no tenía una afición especial, ni recordaba una época pautada por costumbres regulares.

Gobernantes


31. A sólo dos cuadras del cuartel el secretario del juzgado era feliz. Había pasado la mañana dormitando en el fondo de la oficina, y sin que hubiera podido evitarlo vio los senos espléndidos de Rebeca de Asís. Fue como un relámpago á1 mediodía: de pronto se había abierto la puerta del baño, y la fascinante mujer, sin nada más que una toalla enrollada en la cabeza, lanzó un grito silencioso y se apresuró a cerrar la ventana.

Senos


32. -Cuando pasen las lluvias mejorarán las cosas -dijo el señor Carmichael. -No pasarán -pronosticó la viuda -. Las desgracias nunca vienen solas. ¿Usted no vio a Rosario de Montero? El señor Carmichael la había visto. "Todo esto es un escándalo sin motivo -dijo-. Si uno presta oídos a los pasquines termina por volverse loco". -Los pasquines -suspiró la viuda. -A mí ya me pusieron el mío - dijo el señor Carmichael. Ella se aproximó al escritorio con una expresión de estupor. - ¿A usted? -A mí -confirmó el señor Carmichael-. Me lo pusieron bien grande y bien completo el sábado de la semana pasada. Parecía un aviso de cine. La viuda rodó una silla hacia el escritorio. "Es una infamia -exclamó -. No hay nada que decir de una familia ejemplar como la suya". El señor Carmichael no estaba alarmado. -Como mi mujer es blanca, los muchachos nos han salido de todos los colores -explicó-. Imagínese: son once. -Por supuesto -dijo la viuda. -Pues decía el pasquín que yo soy padre solamente de los muchachos negros. Y daban la lista de los padres de los otros. Enredaron hasta a don Chepe Montiel, que en paz descanse. - ¡A mi marido!

Viuda

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