Frases de La letra escarlata - Página 2

30. La verdad era la única virtud a la que podía aferrarme y a la que me aferré en todas las circunstancias extremas; excepto cuando tu bienestar, tu vida, tu reputación estaban en juego.

Bienestar


31. El amor, ya brote por vez primera, o surja de cenizas casi apagadas, siempre tiene que crear un rayo de sol que llena el corazón de esplendores tales, que se esparcen en todo el mundo interior.

Interior


32. Ningún hombre puede llevar por mucho tiempo, por decirlo así, dos rostros: uno en público y otro frente a frente de su conciencia, sin que al fin llegue a no saber cuál es el verdadero.

Rostro


33. Para el hombre falso, el universo entero es falso, impalpable, y todo lo que palpa se convierte en nada. Y él mismo, mostrándose bajo un falso aspecto, se convierte en una sombra, o acaso cesa de existir.

Falso


34. En su dilema se ve empujado a castigarse en secreto, a realizar confesiones a medias que engañan a todo el mundo pero no logran engañarle a él y a mostrar hipocresía y falta de autoestima.

Dilema


35. (...) Porque no creo que pueda hacerse mayor ultraje a la naturaleza humana, cualesquiera que sean las faltas del individuo, como impedirle que oculte el rostro por un sentimiento de vergüenza, haciendo de esa imposibilidad la esencia del castigo.

Naturaleza humana


36. El pastor, hipócrita, sutil y lleno de remordimientos, sabía muy bien cómo recibirían los fieles su vaga confesión. Había tratado de engañarse a sí mismo al confesar las culpas que atormentaban su conciencia.

Pastor


37. Pocas cosas hay tan feas en la naturaleza humana como esta tendencia a la crueldad, tan solo porque se tiene el poder de hacer daño que llegué entonces a notar en personas que después de todo no eran peores que sus vecinos.

Crueldad


38. Y, cosa curiosa, los gobernantes puritanos llevan los bonitos puños y cuellos que borda Hester desde lo más hondo de su fantasía exuberante, privada y brillante, desde lo más hondo de la misma imaginación cuya existencia rechazan y temen.

Hipocresía


39. Ella cree que ciertos actos que los puritanos llaman pecaminosos son en realidad buenos. Cree que el yo privado e íntimo es bueno. Su identidad se encuentra en su vida interior. De cara al exterior lleva la letra que la marca como una mujer perversa.

Marca


40. (...) Dijo la verdad, pero al hacerlo la transformó en la más absurda mentira. Y, sin embargo, por naturaleza amaba la verdad y odiaba la mentira como pocos hombres. Por lo tanto, sobre todo se odiaba a sí mismo, a su pobre y miserable persona.

Miserable


41. Es digno de notarse que las personas que se entregan a las más atrevidas especulaciones mentales, son con frecuencia también las que más tranquilamente se conforman a las leyes externas de la sociedad. El pensamiento les basta, sin que traten de convertirlo en acción.

Leyes


42. (...) Fue sin duda uno de esos meteoros que el observador nocturno puede ver a menudo, que se inflaman, brillan y se extinguen rápidamente en las regiones del espacio. Tan intenso fue su esplendor, que iluminó por completo la densa masa de nubes entre el firmamento y la tierra.

Meteoro


43. Los fundadores de una nueva colonia, cualesquiera que hayan sido los ensueños utópicos de virtud y felicidad que presidieran su proyecto, han considerado siempre, entre las cosas mas necesarias, dedicar a un cementerio una parte del terreno virgen, y otra parte a la erección de una cárcel.

Proyecto


44. La fuerza de su pensamiento era nula; la facultad de experimentar afectos, ninguna; y en cuanto a sensibilidad, cero. En una palabra, en él no había sino unos cuantos instintos que, auxiliados por el humor que era el resultado inevitable de su bienestar físico, hacían las veces de corazón.

Facultad


45. Con la superstición común su clase, se imaginaba entregado a un demonio para que le atormentara con sueños espantosos, con pensamientos terribles, con el aguijón del remordimiento, y con la creencia, de que no será perdonado, todo como anticipación de lo que le espera mas allá de la tumba.

Superstición


46. (...) Esto será seguramente una manera muy superficial de ver las cosas. No; estas revelaciones, a no ser que yo me equivoque muy mucho, sirven sólo para aumentar la satisfacción intelectual de todos los seres racionales que en ese día estarán esperando ver la explicación del sombrío problema de la vida.

Intelectual


47. En honra de la naturaleza humana puede decirse que, excepto cuando interviene el egoísmo, está más dispuesta a amar que a odiar. El odio, por medio de un procedimiento silencioso y gradual, se puede transformar hasta en amor, siempre que a ello no se opongan nuevas causa que mantengan vivo el sentimiento primero de hostilidad.

Odiar


48. ¿No será su destino suavizar y finalmente desvanecer el dolor que había convertido el corazón de su madre en una tumba? ¿No serviría también para ayudarla a vencer la pasión, en un tiempo tan impetuosa, y aun hoy ni muerta ni dormida sino sólo aprisionada en aquel sepulcro de su corazón?

Tumba


49. Una de las cualidades que tiene la naturaleza a su favor es que, a menos que entre en juego su egoísmo, ama más fácilmente que odia. El odio, por un proceso lento y gradual, puede incluso llegar a convertirse en amor a menos que este cambio se frustre por una irritación continua del primitivo sentimiento de hostilidad.

Hostilidad


50. Pero hay una especie de fatalidad, un sentimiento tan irresistible e inevitable, que tiene toda fuerza del destino, que casi obliga invariablemente a permanecer y vagar a manera de espectros, en el lugar mismo en que un acontecimiento grande y notable ha influido en el curso de su vida, y que es tanto más irresistible cuanto más sombría ha sido su influencia.

Fatalidad


51. Sería un curioso tema de investigación y observación el de si, en el fondo, el amor y el odio no son la misma cosa. Ambos hacen que un individuo dependa de otro en lo que se refiere al alimento de su espíritu; ambos dejan, al amante apasionado o, igualmente, al que odia con pasión, desoladamente solitario cuando su objeto desaparece.

Apasionado


52. Mi corazón era como una morada bastante grande para dar cabida a muchos huéspedes, pero fría y solitaria. Yo deseaba tener un hogar, experimentar su calor. A pesar de lo viejo, de lo contrahecho y sombrío que era, no me pareció un sueño extravagante la idea que yo podía gozar también de esta simple felicidad, esparcida en todas partes, y que toda la humanidad puede disfrutar.

Hogar


53. La misma ley que la condenaba, la había sostenido durante la terrible prueba de su ignominia. Pero ahora, fuera ya de la prisión, sola y sin compañía en el sendero de la vida, empezaba para ella una nueva existencia, y tenía que sostenerse y proseguir adelante con los recursos que le proporcionara su propia naturaleza, o de lo contrario, sucumbir. No podía contar con lo porvenir para sobrellevar su dolor presente.

Sucumbir


54. Deja estos restos del naufragio y estas ruinas aquí, en el lugar donde aconteció. Echa todo eso a un lado. Comiénzalo todo de nuevo. ¿Has agotado por ventura todas las posibilidades de acción en el fracaso de una sola prueba? De ningún modo. El futuro está aun lleno de otras pruebas, y finalmente de buen éxito. ¡Hay aun felicidad que disfrutar! (...) Sé hombre de acción. Haz cualquier cosa, excepto echarte al suelo y dejarte morir.

Pruebas


55. Tú puedes ocultar tu secreto a las miradas escudriñadoras de la multitud. Puedes ocultarlo también a las investigaciones de los ministros y magistrados, como hiciste hoy cuando procuraron arrancar ese nombre a tú corazón y darte un compañero en tu pedestal. Pero en cuanto a mí yo me dedicaré a la investigación con sentidos que ellos no poseen. Yo buscaré a este hombre como he buscado la verdad en los libros; como he buscado oro en la alquimia.

Alquimia

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