Frases de La educación sentimental

La educación sentimental

25 frases de La educación sentimental (L'Éducation sentimentale) de Gustave Flaubert, libro de 1869.... Novela sobre la vida de un joven muchacho llamado Frédéric Moreau que vive la revolución de 1848 y la fundación del Segundo Imperio francés, y su amor por una mujer mayor, Madame Arnoux.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Gustave Flaubert son: ambientada en el segundo imperio francés, ambientada en las revoluciones de 1848, autobiografía, diferencia de edad en el amor, infidelidad, moral burguesa, parís, relación secreta.

Frases de Gustave Flaubert

Frases de La educación sentimental Gustave Flaubert

01. Hay situaciones en que el hombre menos cruel se halla tan desligado de los demás, que vería perecer al género humano sin un solo latido de su corazón.

Apatía


02. Ambicionaba la riqueza como instrumento de poder sobre los hombres; Hubiera deseado remover medio mundo, hacer mucho ruido, tener tres secretarios a sus órdenes y dar una gran comida política una vez por semana.

Ambición de poder


03. Las nubes se amontonaban; El cielo tormentoso calentaba la electricidad de la muchedumbre, que se arremolinaba sobre sí misma, indecisa, con amplio impulso de oleaje, y se sentía en sus profundidades una fuerza incalculable y como la energía de un elemento.

Muchedumbre


04. Los corazones de las mujeres son como esos mueblecitos de secretos, llenos de cajones embutidos unos en otros; se molesta uno, se rompe las uñas, y en el fondo se encuentra alguna flor seca, restos de polvo o el vacío.

Corazones


05. Mi corazón saltaba como polvo a los pasos de usted. Me producía usted el efecto de un rayo de luna en noche de estío, cuando todo es perfume, dulces sombras, blancuras, infinito; y las delicias de la carne y del alma se hallaban contenidas para mí en su nombre, que repetía, procurando besarlo con mis labios.

Delicia


06. Los grandes muros de los colegios, como ensanchados por el silencio, tenían un aspecto más sombrío todavía; se oían toda especie de ruidos apacibles, el batir de alas en jaulas, el chirrido de un torno, el martillo de un zapatero, y los ropavejeros, en medio de las calles, miraban a las ventanas inútilmente.

Colegio


07. Y se imaginaba una vida exclusivamente fecunda para llenar las más vastas soledades, abundante en todas las alegrías, desafiando todas las miserias, en que las horas hubieran desaparecido en una continuada expansión de sí mismo, y que habría producido algo de resplandeciente y elevado como la palpitación de las estrellas.

Verdadera felicidad


08. En medio de las más íntimas confidencias, hay siempre restricciones, por falsa vergüenza, delicadeza, piedad. Se descubren en otro, en uno mismo, precipicios o fangos que impiden continuar; se siente, además, temor de no ser comprendidos; es difícil expresar exactamente lo que sea; por eso son raras las uniones completas.

Privacidad


09. ¿Qué es lo que tengo que hacer yo en el mundo? Los demás se esfuerzan por la riqueza, la celebridad, el poder. Yo no tengo estado; usted es mi ocupación exclusiva; toda mi fortuna, el objeto, el centro de mi existencia, de mis pensamientos. ¡Yo no puedo vivir sin usted, como no podría vivir sin el aire del cielo! ¿Es que no siente usted la aspiración de mi alma subir hasta la de usted, y que deben confundirse, y que muero por realizarlo?

Aspiración


10. Yo habría hecho algo con una mujer que me hubiera amado... ¿Por qué te ríes? El amor es el alimento y como la atmósfera del genio. Las emociones extraordinarias producen las obras sublimes. En cuanto a buscar la que yo necesitaría, renuncio a ello. Además, si alguna vez la encuentro, me rechazará ella. Soy de la raza de los desheredados y me extinguiré con un tesoro que fuese de cristal o de brillantes, no lo sé.

Sublime


11. Mordía a todo esto una granada, con el codo apoyado sobre la mesa; las bujías del candelabro, delante de ella, oscilaban con el viento; aquella luz blanquecina daba a su cutis tonos nacarados, rosa a sus párpados, brillo a sus ojos; el rojo de la fruta se confundía con el púrpura de sus labios, su delgada nariz temblaba y toda su persona ofrecía algo de insolente, ebrio y ahogado que exasperaba a Frédéric y le infundía, sin embargo, locos deseos.

Sensualidad


12. Jamás había visto aquel esplendor de tez morena, la seducción de un busto, ni aquella delicadeza de los dedos que la luz atravesaban. Contemplaba su cesta de labor con arrobamiento, como una cosa extraordinaria. ¿Cuáles eran su nombre, su domicilio, su vida, su pasado? Ansiaba conocer los muebles de su cuarto, todos los trajes que hubiera llevado, las gentes que la visitaban, y el deseo de la posesión física hasta desaparecía ante un afán más profundo, en una dolorosa curiosidad sin límites.

Morena


13. No se burla nadie dos veces del mismo hombre sin motivo.

Burlas


14. Desde muy pequeña sintió uno de esos amores que tienen a la vez la pureza de una religión y la violencia de una necesidad.

Pureza


15. Después pensaba en cosas monstruosas, absurdas, como sorpresas nocturnas, por medio de narcóticos y llaves falsas, pareciéndole todo más fácil que afrontar el desdén.

Confusión


16. (...) Y por encima de todo aquello, todavía había que contar el socialismo.

Socialismo


17. Todo el mal estaba en ese afán moderno de elevarse todo el mundo por encima de su clase, de gozar el lujo.

Afán


18. Un hombre como él dejarse abatir, ¡Qué tontería! Pase en la juventud; pero más tarde era perder el tiempo.

Tontería


19. Pasaron algunos años, y soportaba la ociosidad de su inteligencia y la miseria de su corazón.

Mezquindad


20. Hay un momento en las separaciones en el que la persona amada no está con nosotros ya.

Divorcio


21. Nada humilla tanto como ver a los tontos triunfar en las empresas donde uno ha tropezado.

Humillación


22. Aquellas imágenes figuraban como faros en el horizonte de su vida. Su espíritu, excitado, se hizo más inteligente y más fuerte.

Faro


23. Se sintió dominado nuevamente por un amor más fuerte que nunca, inmenso.

Romance


24. Hay hombres que solo tienen por misión entre los demás la de servir de intermediarios; se pasa por ellos como sobre puentes y se va más lejos.

Intermediario


25. Él era ahora su casa, su propiedad.

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