Frases de La edad de la inocencia - Página 2

22. Una mentira sonriente, burlona, bromista, vigilante e incesante. Una mentira de día, una mentira de noche, una mentira en cada roce de la mano y en cada mirada; Una mentira en cada caricia y cada disputa; Una mentira en cada palabra y en cada silencio.

Falsedad


23. Con un escalofriante presentimiento vio su matrimonio igual al de la mayoría de los que lo rodeaban: una monótona asociación de intereses materiales y sociales que se mantenía por la ignorancia de una de las partes y la hipocresía de la otra.

Crisis matrimonial


24. Pero al cabo de un momento, lo venció la sensación de estar desperdiciando y arruinando algo. Allí estaban, tan cerca uno del otro, confinados a ese cuarto, a salvo, y sin embargo tan encadenados a sus respectivos destinos que bien podrían estar separados por el mundo entero.

Cuarto


25. Quiero... Quiero de algún modo irme contigo a un mundo donde palabras como esa... Categorías como esa... No existan. Donde seamos simplemente dos seres humanos que se aman, que son la vida entera el uno para el otro; y donde nada más en la tierra importe.

Amor incondicional


26. Se había casado (como la mayoría de los jóvenes) porque encontró una muchacha absolutamente encantadora en un momento en que terminaban, con prematuro disgusto, una serie de aventuras sentimentales sin objeto; y ella representó la paz, la estabilidad, la camaradería, y el equilibrado sentimiento de un deber ineludible.

Casado


27. Se inclinó y apoyó sus labios en las manos de ella, que estaban frías e inertes. La condesa las retiró, y él se dirigió hacia la puerta, encontró su abrigo y su sombrero a la mortecina luz de la lámpara de gas del vestíbulo, y se sumergió en la noche invernal, estallando en la tardía elocuencia de los seres incapaces de expresarse en el momento oportuno.

Elocuencia


28. Los muy buenos no me convencieron; me pareció que nunca habían tenido tentaciones. Pero tú sabías; tú comprendías; tú habías sentido el mundo exterior arrastrarte con sus manos doradas, y sin embargo tú odiabas las cosas que exige a su vez; odiabas esa felicidad comprada con deslealtad y crueldad e indiferencia. Eso era algo que yo nunca había conocido, y es lo mejor de cuanto he conocido.

Insensibilidad


29. Ayer no podría haber hablado así, porque cuando estamos separados y trato de verte, todo pensamiento se quema en una gran llama. Pero llegas, y eres tanto más de lo que recordaba, y lo que quiero de ti es muchísimo más que una hora o dos de vez en cuando, con desiertos de sed esperando entre medio, que puedo sentarme perfectamente a tu lado, como ahora, con esa otra visión en mi mente, confiando con toda tranquilidad en que se convertirá en realidad.

Apasionado


30. -Pero por Dios... ¿Me pides que nos escapemos? -dijo riendo. -Si quieres...- ¡Entonces me amas de verdad, Newland! ¡Soy tan feliz! Y entonces, ¿Por qué no ser más felices? -Pero no podemos conducirnos como personajes de novela, ¿No es cierto? - ¿Por qué no, por qué no, por qué no? Pareció un poco molesta con su insistencia. Sabía muy bien que no podían, pero era cansador tener que elaborar una explicación. -No soy lo suficientemente inteligente como para discutir contigo. Pero este tipo de cosas son algo vulgar, ¿No crees? -sugirió, aliviada por haber dado con una palabra que, con toda seguridad, iba a dar por terminado el asunto. - ¿Tanto miedo tienes, entonces, de ser vulgar? Se sintió evidentemente desconcertada por esta pregunta.

Vulgar

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