Frases de La ciudad y los perros


O comes o te comen, no hay más remedio. Primera parte - I, frases La ciudad y los perros

Frases de remedio


En cierto modo, tenía derecho; todos en el colegio respetaban la venganza. Primera parte - VI, frases La ciudad y los perros

Frases de venganza


Soñaba toda la semana con la salida, pero apenas entraba a su casa se sentía irritado: la abrumadora obsequiosidad de su madre era tan mortificante como el encierro. Primera parte - IV, frases La ciudad y los perros

Frases de salida


(...) - Pero a mí eso no me importa. Yo estoy enamorado de ti, seas como seas. - Pero yo no. Lo he pensado mejor y no estoy enamorada de ti. Segunda parte - I, frases La ciudad y los perros

Frases de amor no correspondido


Los zorros del desierto de Sechura aúllan como demonios cuando llega la noche; ¿Sabes por qué? : para quebrar el silencio que los aterroriza. Primera parte - I, frases La ciudad y los perros

Frases de zorro


Sólo la libertad le interesaba ahora para manejar su soledad a su capricho, llevarla a un cine, encerrarse con ella en cualquier parte. Primera parte - VI, frases La ciudad y los perros

Frases de capricho


Ni en la guerra debe haber muertos inútiles. Usted me entiende, vaya al colegio y trate en el futuro de que la muerte del cadete Arana sirva para algo. Epílogo, frases La ciudad y los perros

Frases de muertos


- ¿Usted es un perro o un ser humano? -preguntó la voz. -Un perro, mi cadete. -Entonces, ¿Qué hace de pie? Los perros andan a cuatro patas. Él se inclinó, al asentar las manos en el suelo, surgió el ardor en los brazos, muy intenso. Sus ojos descubrieron junto a él a otro muchacho, también a gatas. -Bueno -dijo la voz-. Cuando dos perros se encuentran en la calle, ¿Qué hacen? Responda, cadete. A usted le hablo. El Esclavo recibió un puntapié en el trasero y al instante contestó: -No sé, mi cadete. -Pelean -dijo la voz-. Ladran y se lanzan uno encima de otro. Y se muerden. El Esclavo no recuerda la cara del muchacho que fue bautizado con él. Debía ser de una de las últimas secciones, porque era pequeño. Estaba con el rostro desfigurado por el miedo y, apenas calló la voz, se vino contra él, ladrando y echando espuma por la boca y de pronto el Esclavo sintió en el hombro un mordisco de perro rabioso y entonces todo su cuerpo reaccionó y mientras ladraba y mordía, tenía la certeza de que su piel se había cubierto de una pelambre dura, que su boca era un hocico puntiagudo y que, sobre su lomo, su cola chasqueaba como un látigo. Primera parte - II, frases La ciudad y los perros

Frases de humillación

Obras relacionadas

La ciudad y los perros

La ciudad y los perros (1963), Mario Vargas Llosa
  • Libro, 1963
  • Frases de La ciudad y los perros: Diatriba contra la brutalidad ejercida en un grupo de jóvenes alumnos del Colegio Militar y un ataque al concepto erróneo de la virilidad, de sus funciones y de las consecuencias de una educación castrense malentendida.
  • Libro esencial

Autor

Mario Vargas Llosa (1936): Escritor, novelista y ensayista peruano, autor de "La ciudad y los perros" (1963), "Pantaleón y las visitadoras" (1973), "La tía Julia y el escribidor" (1977), "¿Quién mató a Palomino Molero?" (1986), "La Fiesta del Chivo" (2000), "El sueño del celta" (2010).


Palabras clave

Crueldad Disciplina Humillación Ficción con estudiantes Virilidad Educación castrense Vida militar Ambientada en Lima (Perú)

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