Frases de James y el melocotón gigante

8 frases de James y el melocotón gigante (James and the giant peach), de Roald Dahl, libro de 1961... Un pequeño huérfano encuentra un agujero en un melocotón gigante y tras introducirse en él descubre extrañas y maravillosas criaturas y pone a prueba sus potencialidades

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James y el melocotón gigante

01.En mi opinión -dijo el Gusano-, lo realmente maravilloso es no tener pies y sin embargo poder andar.

Frases de pie


02.Mi querido joven... Hay montones de cosas en este mundo nuestro de las que todavía no tienes ni la menor idea.

Frases de joven


03.Pobre Gusano... Le gusta que todo acabe en desastre. Odia ser feliz. Solamente es feliz cuando está triste. ¿No es extraño? Sin embargo, creo que el hecho de ser un Gusano de tierra es más que suficiente para deprimir a cualquiera, ¿No te parece?

Frases de gusanos


04.El túnel era húmedo y lóbrego, y tenía ese curioso olor agridulce de los melocotones maduros. El suelo estaba encharcado, las paredes estaban húmedas y pegajosas, y del techo caían gotas de jugo de melocotón. James abrió la boca y lamió algunas gotas con la lengua. Tenía un sabor delicioso.

Frases de túnel


05.Pobre Gusano -susurró la mariquita al oído de James-. Le gusta que todo acabe en desastre. Odia ser feliz. Solamente es feliz cuando está triste. ¿No es extraño? Sin embargo, creo que el hecho de ser un gusano de tierra es más que suficiente para deprimir a cualquiera, ¿no te parece?

Frases de extraño


06.(...) Se quedó a oscuras con los ojos inmensamente abiertos, escuchando los extraños sonidos que hacían, en sueños, aquellas criaturas que le rodeaban, y preguntándose lo que le reservaría la mañana siguiente. Empezaban a gustarle mucho sus nuevos amigos. No eran tan terribles como parecían. En realidad, ni tan siquiera eran terribles. Parecían ser de lo más cariñoso y atento, a pesar de todos los gritos e insultos que se decían entre ellos.

Frases de criatura


07.Entonces, un día, la madre y el padre de james fueron de compras a londres, y allí sucedió una cosa terrible. Ambos fueron devorados en un santiamén (en pleno día, fíjate, y en una calle llena de gente) por un enorme rinoceronte furioso que había escapado del zoológico de londres. Esto, como podrás comprender, fue una experiencia de lo más desagradable para unos padres tan cariñosos. Pero a la larga aún fue más desagradable para james que para ellos. Pues sus problemas se acabaron en un periquete. Ellos murieron y se fueron en treinta y cinco segundos escasos. Y el pobre james, por su parte, seguía vivo y de pronto se encontró solo y asustado en un mundo inmenso y hostil. La hermosa casa a orillas del mar tuvo que ser vendida inmediatamente, y el niño, sin más posesiones que una pequeña maleta en la que llevaba un par de pijamas y un cepillo de dientes, fue enviado a vivir con sus dos tías.

Frases de zoológico


08.Y el dinero iba cayendo a puñados a los bolsillos de las dos avariciosas tías. Pero mientras todo este bullicio tenía lugar, el pobre James había sido obligado a quedarse encerrado en su habitación, mirando a través de los cristales de la ventana a la multitud de gente que hormigueaba abajo en el jardín. Ese bruto infame no haría más que estorbar a todo el mundo si lo dejáramos andar suelto por ahí, había dicho la Tía Spiker por la mañana. ¡Oh, por favor! , les había rogado. Hace años y años que no veo a otros niños, y habrá montones de ellos con los que podría jugar. Y además puedo ayudaros en lo de las entradas. ¡Cállate la boca! , había cortado la Tía Sponge. Tu Tía Spiker y yo estamos a punto de hacernos millonarias, y lo último que se nos ocurriría sería dejar mezclarse a un gusano como tú en nuestros asuntos para estropearlo todo. A última hora, al anochecer del primer día y cuando ya toda la gente se había marchado, las tías abrieron la habitación de James y le mandaron afuera a recoger las cáscaras de plátano y naranja, y los papeles que la multitud había tirado por el suelo. -Por favor, ¿Podría comer algo antes? -rogó-. No he comido nada en todo el día. - ¡No! -le gritaron, echándole fuera-. Estamos demasiado ocupadas para cocinar. ¡Tenemos que contar nuestro dinero!

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