Frases de Hijos de la ira

Hijos de la ira

21 frases de Hijos de la ira de Dámaso Alonso, libro de 1944.... Poemario considerado el punto de partida de la poesía española actual, siendo tema principal es el ser humano, inmerso en un mundo lleno de incógnitas, indescifrable, hostil.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Dámaso Alonso son: amor, amor por la naturaleza, conciencia social, esencia del ser humano, existencialismo, generación del 27, náufrago, soledad.

Frases de Dámaso Alonso

Frases de Hijos de la ira Dámaso Alonso

01. Y hay algunos, felices, que pasan de un sueño rosado, de un sueño dulce, tibio y dulce, al sueño largo y frío.

Frío


02. Estabas en mi casa, mirabas mi jardín, eras muy bello. Yo te maté. ¡Oh si pudiera ahora darte otra vez la vida, yo que te di la muerte!

Muerte


03. ¡Son monstruos, estoy cercado de monstruos! No me devoran. Devoran mi reposo anhelado, me hacen ser una angustia que se desarrolla a sí misma, me hacen hombre, monstruo entre monstruos.

Monstruo


04. Nosotros somos un turbión de arena, nosotros somos médanos en la playa, que hacen rodar los vientos y las olas, nosotros, sí, los que estamos cansados, nosotros, sí, los que tenemos sueño.

Arena


05. No me digas que estás llena de arrugas, que estás llena de sueño, que se te han caído los dientes, que ya no puedes con tus pobres remos hinchados, deformados por el veneno del reuma. No importa, madre, no importa. Tú eres siempre joven, eres una niña, tienes once años. Oh, sí, tú eres para mí eso: una candorosa niña.

Arrugas


06. Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas). A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro, y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente al luz de la luna.

Madrid


07. Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid, por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo. Dime, ¿Qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?

Madrid


08. ¡Qué horrible viaje, qué pesadilla sin retorno! A cada instante mi vida cruza un río, un nuevo, inmenso río que se vierte en la desnuda eternidad. Yo mismo de mí mismo soy barquero, y a cada instante mi barquero es otro.

Pesadilla


09. He dicho varias veces que Hijos de la ira es un libro de protesta escrito cuando en España nadie protestaba. Protesta, ¿Contra qué? Contra todo. Es inútil quererlo considerar como una protesta especial contra determinados hechos contemporáneos. Es mucho más amplia: es una protesta universal, cósmica, que incluye, claro está, todas esas iras parciales. Pero toda la ira del poeta se sume de vez en cuando en un remanso de ternura.

Protesta


10. El alma era lo mismo que una ranita verde, largas horas sentada sobre el borde de un rumoroso Misisipí. Desea el agua, y duda. La desea porque es el elemento para que fue criada, pero teme el bramador empuje del caudal, y, allá en lo oscuro, aún ignorar querría aquel inmenso hervor que la puede apartar (ya sin retorno, hacia el azar sin nombre) de la ribera dulce, de su costumbre antigua. Y duda y duda y duda la pobre rana verde.

Dudar


11. Hiere, hiere, sembradora del odio: no ha de saltar el odio, como llama de azufre, de mi herida. Heme aquí: soy hombre, como un dios, soy hombre, dulce niebla, centro cálido, pasajero bullir de un metal misterioso que irradia la ternura. Podrás herir la carne y aun retorcer el alma como un lienzo: no apagarás la brasa del gran amor que fulge dentro del corazón, bestia maldita. Podrás herir la carne. No morderás mi corazón, madre del odio. Nunca en mi corazón, reina del mundo.

Herir


12. Sí: me buscas. Torpemente, furiosamente lleno de amor que buscas. No me digas que no. No, no me digas que soy náufrago solo como esos que de súbito han visto las tinieblas rasgadas por la brasa de luz de un gran navío, y el corazón les puja de gozo y de esperanza. Pero el resuello enorme pasó, rozó lentísimo, y se alejó en la noche, indiferente y sordo. Dime, di que me buscas. Tengo miedo de ser náufrago solitario, miedo de que me ignores como al náufrago ignoran los vientos que le baten, las nebulosas últimas, que, sin ver, le contemplan.

Náufrago


13. Sí, son fantasmas. Fantasmas: polvo y aire.

Polvo


14. ¡Con qué melancolía sabes comunicarme tu tristeza, árbol, tú, triste y bueno, tú el más hondo, el más oscuro de los seres¡

Árbol


15. Tan grandes son tus ojos, que tu alma era quizá como un enorme incendio, cual una lumbrarada de colores, como un fanal de faro.

Faro


16. ¿Qué piedras, qué murallas quieres batir en mí, oh torpe catapulta?

Piedra


17. Ah, Dios mío, Dios mío, ¿Qué han visto un instante esos ojos que se quedaron abiertos?

Instante


18. Tal vez sea verdad: que un corazón es lo que mueve el mundo.

Corazón


19. Dulce, dulce amor mío incógnito, 45 años hace ya que te amo.

Te amo


20. Cuando la mano intenta poseerte, siente la piel tus límites: la muralla, la cava de tu enemiga fe, siempre en alerta.

Muralla


21. (...) Y ha seguido días y días, loca, frenética, en el enorme tren vacío, donde no va nadie, que no conduce nadie.

Tren

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