Frases de Hijo de hombre

Hijo de hombre

12 frases de Hijo de hombre de Augusto Roa Bastos, libro de 1960.... Primera novela del autor, donde se vislumbra el tema cardinal de su obra entera: el hombre y su destino, el hombre sufriente de su tierra. Una serie de personajes que se han ido amasando con los zumos de la realidad paraguaya.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Augusto Roa Bastos son: anexión, asesinos, consecuencias de la guerra, destino, dictadura de josé gaspar rodríguez de francia, exilio, guerra del chaco (1932-1935), historia de paraguay, hombre de su tierra, independencia, injusticia social, persecución ideológica, revolución, soberanía.

Frases de Augusto Roa Bastos Libros de Augusto Roa Bastos

Frases de Hijo de hombre Augusto Roa Bastos

01. (...) La muerte no era asi para ella más que la contracara quieta de la vida.

Muerte


02. Hubo que ametrallar a mansalva, por vías de ejemplo a los cuatreros arrodillados todavía junto a las latas vacías, chupando la sanguaza que se había formado en el atraco.

Ejemplo


03. No sabían nada, ni siquiera tal vez lo que es la esperanza. Nada más que eso: querer algo hasta olvidar todo lo demás. Seguir adelante, olvidándose de sí mismos.

Seguir adelante


04. Siempre pedía caña, en la misma actitud de indiferencia pero no de altanería, de desesperanza quizás, pero no de orgullo. Él y su silencio. No poseía otra cosa.

Desesperanza


05. Desde la base de apresto, los proveedores acarrean al hombro las latas por los intrincados vericuetos de la selva, a lo largo de los cuales gran parte de su contenido se derrama, se evapora o se piratea.

Selva


06. En un plan desmesurado, desesperado como ése, sólo el factor sorpresa prometía ciertas posibilidades de éxito...Eran probabilidades muy remotas, pero no había otra alternativa para los revolucionarios. En cualquiera de los casos, la muerte para ellos era segura.

Plan


07. Porque el hombre, (...), tiene dos nacimientos. Uno al nacer, otro al morir... Muere pero queda vivo en los otros, si ha sido cabal con el prójimo. Y si sabe olvidarse en vida de sí mismo, la tierra come su cuerpo pero no su recuerdo...

Nacer


08. Para el hijo de uno de los esclavos libertos (...), ésta era, acaso, la única eternidad que podía aspirar el hombre. Redimirse y sobrevivir en los demás. Puesto que estaban unidos por el infortunio, la esperanza de la redención también debía unirlos hombro con hombro.

Sobrevivir


09. Anochece. Desmoralización. Cansancio. Impotencia. Rabia. (...) Me arde en el codo el rasguñón de bala ganado durante el repliegue. Pero más me arde la sed en la garganta, en el pecho. Llaga viva por dentro. No ha llegado el agua a las líneas. Esperándola, uno escupe polvo.

Sed


10. Los trabajos para levantar la fábrica estaban parados. No se podían traer las maquinarias, a causa de la gran guerra que estaba rompiendo el mundo del otro lado del mar, aunque algunos decían que ya había terminado. De modo que el silencio agrandaba las cosas y los sentimientos.

Segunda guerra mundial


11. Alegría, triunfo, derrota, sexo, amor, desesperación, no eran más que eso: tramos de la marcha por un desierto sin límites. Uno caía, otro seguía adelante, dejando un surco, una huella, un rastro de sangre, sobre la vieja costra, pero entonces la feroz y elemental virginidad quedaba fecundada.

Desierto


12. Durante las dos horas de la tarifa, nos sentamos en la cama, como dos novios tímidos, cohibidos. Hablamos de Itapé, de la escuela, de gente conocida, hermanados gradualmente en todo eso que nos unía y al mismo tiempo nos separaba. Sólo al final me preguntó si íbamos a hacer el amor. Le dije que no. (... ). Le dejé un anillo, que había heredado de mi abuelo, y salí a la calle, amargado, estéril, viejo.

Estéril

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