Frases de Heidi

Heidi

19 frases de Heidi de Johanna Spyri, libro de 1880.... Historia de una pequeña niña huérfana que vive en los Alpes suizos con su abuelo ermitaño. Una obra llena de inocencia, donde se resaltan los valores humanos, la tolerancia hacia las diferencias y el amor hacia la naturaleza.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Johanna Spyri son: ambientada en los alpes suizos, amor por la naturaleza, esencia de la vida, huérfanos, relación abuelos-nietos, tolerancia, valores, verdadera felicidad.

Frases de Johanna Spyri

Frases de Heidi Johanna Spyri

01. Su carita tenía tal expresión de paz y felicidad, que sin duda debió impresionar al abuelo, pues éste estuvo contemplándola largamente sin hacer el menor gesto.

Abuelo


02. En uno de los rellanos había una puerta que conducía a la habitación del campanero. En un rincón había una gran gata gris y ante ella una cesta. El animal comenzó a maullar amenazadoramente, por- que en la cesta estaban sus crías. (...) Heidi se acercó a la cesta y comenzó a lanzar gritos de asombro y admiración. - ¡Oh, qué bonitos son! , ¡Qué chiquitines!

Admiración


03. - ¿Qué dices, Heidi? ¿Por qué no ruegas ya a dios? -Porque de nada me sirve; Dios no me ha escuchado. -Pero, hija mía, las cosas no suceden como tú te imaginas. Compréndelo bien: dios es nuestro padre y él sabe siempre lo que nos conviene. Lo esencial es no perder la confianza en él, y suplicarle de todo corazón. Lo que tú le habrás pedido seguramente no será bueno para ti: en este momento por lo menos.

Esencial


04. El profesor la miró, mudo de estupefacción. -Esto es realmente algo maravilloso -dijo al fin-. Ha aprendido a leer de la noche a la mañana, y esto con una corrección que raras veces se encuentra en los principiantes. -Muchas cosas extraordinarias pasan en la vida -repuso la señora Sesemann sonriendo satisfecha-. Hay también con frecuencia felices coincidencias, el encuentro de dos hechos, como, por ejemplo, un nuevo afán en el discípulo y un nuevo método por parte del maestro.

Discípulo


05. (...) Vio que su abuelo la llamaba por señas. La niña obedeció en el acto, prometiendo a la abuela volver al día siguiente.

Abuela


06. (...) Aquí traigo la sábana, pero antes de ponerla, espera un poco. Y diciendo esto, cogió más heno y aumentó el espesor del lecho para que la niña no notara la dureza del suelo.

Sábana


07. -El Viejo no posee nada más que su casita y sus dos cabras. - ¿Acaso tenía antes más?

Nada


08. La idea de poder alegrar a la abuela y de hacer la luz en su corazón iba a ser desde entonces su mayor felicidad.

Abuela


09. Mi temor al abismo sin fondo de la muerte lo borrará la esperanza que en mí se vierte.

Abismo


10. Desde la risueña y antigua ciudad de Mayenfeld parte un sendero que, entre verdes campos y tupidos bosques, llega hasta el pie de los Alpes majestuosos, que dominan aquella parte del valle.

Valle


11. El sendero empieza a subir hasta la cima de las montañas a través de prados de pastos y olorosas hierbas que abundan en tan elevadas tierras.

Montañas


12. Nadie sabe exactamente qué clase de hombre es el Viejo de los Alpes. No quiere tratos con nadie.

Viejo


13. Usted, (...), no desea hacer más que el bien, pero, repito, yo no puedo hacer lo que espera de mí, y no cambiaré de opinión ni de vida.

Opinión


14. Aquí no se apaga el fuego en todo el invierno. Lo que usted me propone no es para mí; la gente de allá abajo me desprecia y yo les pago con la misma moneda.

Despreciar


15. Tengo la intención de no enviarla a la escuela...Crece y se desarrolla en compañía de las cabras y de las aves, se encuentra muy bien entre ellas. Nada malo puede aprender en esa compañía.

Escuela


16. Es evidente que no puede usted enviar a la niña a la escuela viviendo aquí arriba. Veo que la quiere usted mucho; haga, pues, por amor a ella lo que hace tiempo hubiera debido hacer; baje al pueblo y viva otra vez entre sus semejantes.

Pueblo


17. (...) Te quito el libro y no lo volverás a ver en todos los días de tu vida...Quedó pálida de miedo, porque aquel libro era su más precioso tesoro.

Tesoro


18. No, no, abuelita, no tengas miedo. Es el abuelito, con su martillo; va a clavar toda la casa para que nunca más pases miedo.

Abuelo


19. Una de sus mayores alegrías era leer en voz alta las narraciones de su libro.

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