Frases de Ficciones - Página 2

33. (...) Será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.

Laberinto


34. Las razones que puede tener un hombre para abominar de otro o para quererlo son infinitas.

Razón y pasión


35. A fuerza de apiadarnos de las desdichas de los héroes de las novelas concluimos apiadándonos con exceso de las desdichas propias.

Desdicha


36. La casa no es tan grande, pensó. La agrandan la penumbra, la simetría, los espejos, los muchos años, mi desconocimiento, la soledad.

Penumbra


37. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer.

Abstracción


38. El presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido.

Intolerable


39. Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones.

Distracción


40. A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos.

Simetría


41. La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra.

Patio


42. Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares.

Babilonia


43. Dormir es distraerse del mundo.

Dormir


44. No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil.

Ejercicio


45. Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras.

Basura


46. No se publica un libro sin alguna divergencia entre cada uno de los ejemplares.

Publicar


47. Es supersticiosa y vana la costumbre de buscar sentido en los libros, equiparable a buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de las manos.

Sentido


48. Un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos.

Galaxia


49. Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la luya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.

Biblioteca

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