Frases de El tambor de hojalata

El tambor de hojalata

23 frases de El tambor de hojalata (Die blechtrommel) de Günter Grass, libro de 1959.... Relato de la vida de Oscar Matzerath, un niño que vive durante la época de la Segunda Guerra Mundial y los momentos decisivos que lo llevarán a ser internado en un sanatorio psiquiátrico.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Günter Grass son: absurdo, felicidad, infierno, nazismo, realismo mágico, secuelas infancia infeliz, segunda guerra mundial.

Frases de Günter Grass Libros de Günter Grass

Frases de El tambor de hojalata Günter Grass

01. Mi obra era, pues, de destrucción.

Destrucción


02. Cuando se desea un milagro, hay que saber esperar.

Milagro


03. Contra toda ciencia quería yo la felicidad, contra todo mi escepticismo, que no lograba atemperar mi afán de felicidad.

Afán


04. Incluso los malos libros son libros, y por lo tanto sagrados.

Sagrado


05. Sólo los auténticos perezosos son capaces de hacer inventos para ahorrar trabajo.

Perezoso


06. Si Jesús hubiera sido jorobado, difícilmente lo habrían crucificado.

Jesús


07. Nos besamos en plena calle, lo que en París, sin embargo, nada significaba.

París


08. Y permanecía de todos modos descontento, si no insatisfecho, cual corresponde a un verdadero artista.

Insatisfecho


09. Sois malo y vanidoso, cual corresponde a un genio.

Genio


10. Hoy ya sé que todo nos espía, que nada pasa inadvertido y que aun el papel pintado de las paredes tiene mejor memoria que los hombres.

Espía


11. No tengo ganas...Cuando Satanás no las tiene, triunfa la virtud. Al cabo, alguna vez tendría Satanás derecho a no tenerlas.

Satanás


12. Las impresiones peores son aquellas que sólo se sueñan, pero no se hacen, y si se hacen, no se revelan.

Pesadilla


13. Ya no volvió. Del hecho de que antes de irse vaciara de un solo trago su vaso de refresco puede deducirse que el vaciar el vaso significa adiós.

Adiós


14. Si yo tuviera interés en dar otro nombre a la tentación, me atrevería a proponer el de picaporte, ya que dicho apéndice tangible está pidiendo que lo agarren.

Tentación


15. (...) Pero la felicidad bien puede ser también un sustituto, y hasta es posible que la felicidad sólo se dé como sustituto: la felicidad sustituye a la felicidad y se va sedimentando.

Felicidad


16. Como ustedes habrán tenido ya ocasión de observar anteriormente, la forma más cómoda de considerar las cosas, o sea mi ángulo de comparación, hallábalo yo desde debajo de la mesa.

Mesa


17. Si algún día vamos al infierno, uno de los tormentos más refinados consistirá sin duda en encerrar juntos en una misma pieza al hombre tal cual y las fotos enmarcadas de su tiempo.

Infierno


18. Y si, en cuanto embrión sólo me había escuchado imperturbablemente a mí mismo y había contemplado mi imagen reflejada en las aguas maternas, con espíritu tanto más crítico atendía ahora a las primeras manifestaciones espontáneas de mis padres.

Padres


19. Cuando por primera vez Rosvita y yo miramos desde el pie a lo alto de la Torre Eiffel -yo con mis noventa y cuatro centímetros, y ella con sus noventa y nueve-, pudimos darnos cuenta, uno del brazo del otro, de nuestra singularidad y de nuestra grandeza.

Torre Eiffel


20. Y sólo cuando el anochecer exprimió el cielo de octubre de una llovizna oblicua y un crepúsculo color de tinta cuando la emprendieron una vez más de prisa y sin gana, contra un mojón lejano que se abnegaba en la oscuridad y, liquidado éste, abandonaron la partida.

Crepúsculo


21. Mi obra era pues, de destrucción. Y lo que no lograba destruir con mi tambor, lo deshacía con mi voz. Así vine a iniciar, al lado de mis empresas de día contra la simetría de las tribunas, mi actividad nocturna: durante el invierno del treinta y seis al treinta y siete jugué al tentador.

Simetría


22. Así, pues, nada se movía en el bote. Se veían claramente dos botas vacías. Y revoloteando sobre la herrumbre algunas gaviotas que de vez en cuando se posaban y llenaban de polvo la cubierta y los zapatos, pero, ¿Qué más dan las gaviotas? El tiempo prometía mejorar. Me fui de nuevo, y como suele decirse, para casa. Mi madre me ayudó a hacer la maleta de cartón.

Bote


23. ¿Quién me escribiría ahora un buen final? Porque lo que empezó con el gato y el ratón me atormenta hoy en forma de garza moñuda en charcos rodeados de juncos. Y si rehuyó la naturaleza, son las películas documentales las que me muestran esas hábiles aves acuáticas... Bajan unos hombres con cascos relucientes ligeramente abollados y vuelven a subir: se tienden brazos hacia ellos, se desatornilla la escafandra y se quitan el casco... Pero no es nunca el Gran Mahlke el que enciende un cigarrillo en la pantalla centelleante: siempre son otros los que fuman... Durante una de las pausas te hice llamar desde el tablado de la banda por el teniente que mandaba el personal de guardia: -Se llama a la entrada al Suboficial- Pero tú no quisiste salir a la superficie.

Ratón

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