Frases de El sueño eterno

El sueño eterno

26 frases de El sueño eterno (The big sleep) de Raymond Thornton Chandler, libro de 1939.... El detective Philip Marlowe investiga el chantaje que recibe el general Sternwood de un tal Geiger. Cuando Geiger aparece muerto y lo acompaña su hija desnuda y drogada, todo se complica.

Frases de Raymond Thornton Chandler

Frases de El sueño eterno Raymond Thornton Chandler

01. Los cadáveres pesan más que los corazones destrozados.

Corazón roto


02. Arreglados estamos cuando un hombre tiene que gozar de sus vicios indirectamente.

Gozar


03. Era más bien alta, pero tampoco un poste de telégrafo.

Telégrafo


04. Algunos mechones de cabello blanco y pajizo le colgaban del cuero cabelludo como flores silvestres luchando por la vida sobre la roca pelada.

Calvo


05. El anciano inclinó la cabeza como si el cuello se hubiese asustado del peso de ésta.

Anciano


06. - ¿Pretende usted decirme cuáles son mis obligaciones, señor? -No. Pero me divierto mucho tratando de adivinar cuáles son, realmente.

Adivinar


07. Es duro para las mujeres, incluso bien parecidas, el darse cuenta de que su cuerpo no es irresistible.

Irresistible


08. Encontré whisky y sifón y preparé un par de vasos grandes. No tenía para beber nada realmente excitante, como nitroglicerina o aliento de tigre destilado.

Whisky


09. Se acercó a mí con aire seductor y amable que podría embobecer a los más sesudos hombres de negocios.

Seductor


10. (...) Era, como César, el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos.

Marido


11. Estaba aseado, limpio, afeitado y sereno, y no me importaba que se notase. Era todo lo que un detective privado debe ser.

Detective


12. Tantas pistolas rodando por la ciudad y tan pocos cerebros. Es usted el segundo individuo que he encontrado, en cuestión de unas horas, que parece creer que un revólver en la mano significa tener el mundo agarrado por el cuello.

Revólver


13. No tenía las amistades adecuadas. Eso es todo lo que los antecedentes penales significan en este país podrido de crímenes.

Malas compañías


14. Las plantas llenaban el lugar formando un bosque, con feas hojas carnosas y tallos como los dedos de los cadáveres recién lavados.

Cadáver


15. Miré al tablero de ajedrez. La jugada con el caballo estaba equivocada. Lo volví a colocar donde estaba. Los caballos no tenían significado en este juego. No era un juego de caballos.

Trebejos


16. La primera vez que la vi le dije que era un detective. Métase eso en su linda cabecita. Trabajo en eso, no juego a eso.

Investigador


17. Ninguna de las dos personas que había en la habitación se inquietó por la forma en que entré, aunque solamente una de ellas estaba muerta.

Habitación


18. Tan honrado como se puede esperar de un hombre que vive en un mundo donde eso está pasado de moda.

Pasado de moda


19. Así que usted es un detective... No sabía que existiesen realmente, excepto en los libros; o bien que eran grasientos hombrecitos espiando alrededor de los hoteles.

Detective


20. El libro no era nuevo. Había fechas estampadas en una hoja en blanco, fechas de entrada y salida. Un libro de préstamo. Una biblioteca circulante de obscenidades.

Préstamos


21. Se puede tener resaca de otras cosas que no son el alcohol. Yo la tenía de mujeres. Las mujeres hacían que me sintiese mal.

Resaca


22. En el camino hacia la ciudad paré en un bar y me tomé un par de whiskys dobles. No me hicieron ningún bien. Todo lo que hicieron fue recordarme a Peluca de plata. Nunca más volví a verla.

Whisky


23. Estaba vacío como el bolsillo de un espantapájaros.

Espantapájaros


24. Se mordió el labio y volvió la cabeza un poco mirando hacia mí de soslayo. Entonces bajó las pestañas, que casi acariciaron sus mejillas, y las levantó de nuevo lentamente, como un telón. Llegaría a conocer bien este truco, que tenía como finalidad hacerme caer de espaldas, patas arriba.

Pestañas


25. -Así que le gusta la ruleta. Debí figurármelo...Sí, me gusta la ruleta. A todos los Sternwood les gustan los juegos de azar como la ruleta, casarse con hombres que las abandonan, tomar parte en las carreras de obstáculos a los cuarenta y ocho años, ser derribado por un caballo y quedar baldado para siempre. Los Sternwood tienen dinero. Y todo lo que han comprado con él es una nueva oportunidad para hacer las mismas tonterías.

Azar


26. Un viejo dormitaba en el ascensor, sentado en un taburete desvencijado, en el que había un cojín desgarrado. Tenía la boca abierta y le brillaban las sienes con aquella luz débil...Pasé delante con cuidado, impulsado por el clandestino aire del edificio; encontré la puerta para caso de incendio y la abrí. La escalera de incendios no había sido barrida por lo menos en un mes. Habían dormido vagabundos en ella y también comieron, dejando migas y trozos de periódicos grasientos, fósforos, un libro de bolsillo encuadernado en imitación a piel, destrozado. Total: un edificio precioso.

Edificios

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