Frases de El sentido de un final - Página 2

21. ¿Se desarrolla el carácter a lo largo del tiempo? En las novelas por supuesto que sí: de lo contrario no quedaría mucha historia. Pero ¿En la vida? A veces me lo pregunto. Nuestras actitudes y opiniones cambian, desarrollamos costumbres y excentricidades nuevas; pero es algo diferente, es más como una decoración.

Decoración


22. Vivimos en el tiempo, nos limita y nos define, y se supone que el tiempo mide la historia, ¿No? Pero si no podemos comprender el tiempo, si no captamos su ritmo y su progreso misteriosos, ¿Qué posibilidades tenemos con la historia, incluso con nuestra pequeña, personal, en gran parte indocumentada, parcela de la misma?

Desarrollo


23. La principal característica del remordimiento es que no tiene remedio: que ha pasado el tiempo de las disculpas o enmiendas. Pero ¿Y si me equivoco? ¿Y si de alguna manera se puede hacer que el remordimiento fluya hacia atrás y se transmute en simple culpa y después se disculpe y finalmente se perdone?

Remordimiento


24. Para la mayoría de nosotros, la primera experiencia del amor, aunque fracase -quizá especialmente cuando fracasa-, promete que es eso lo que valida, lo que reivindica la vida. Y aunque los años posteriores puedan alterar esta idea, hasta que algunos de nosotros la repudien totalmente, cuando el amor hiere por primera vez no hay nada igual, ¿Verdad?

Primera vez


25. Para algunas personas, las diferencias de tiempo establecidas en la juventud nunca desaparecen realmente: el mayor sigue siendo mayor, incluso cuando los dos peinan canas. Un lapso de, pongamos, cinco meses significa para algunos que uno siempre se empecinará en considerarse más juicioso y más informado que el otro, por muchas pruebas que haya de lo contrario.

Pruebas


26. ¿Cuántas veces contamos la historia de nuestra vida? ¿Cuántas veces la adaptamos, la embellecemos, introducimos astutos cortes? Y cuanto más se alarga la vida, menos personas nos rodean para rebatir nuestro relato, para recordarnos que nuestra vida no es nuestra, sino sólo la historia que hemos contado de ella. Contado a otros, pero sobre todo a nosotros mismos.

Relato


27. ¿Qué sabía yo de la vida, yo que la había vivido con tanto cuidado? ¿Yo que no había ganado ni perdido, sino que me había conformado con dejarme vivir? ¿Que tenía las ambiciones habituales y que me resigné con demasiada rapidez a que no se realizaran? ¿Que evitaba que me hicieran daño y lo llamaba capacidad de supervivencia?

Supervivencia


28. Pero el tiempo..., el tiempo primero nos encalla y después nos confunde. Creíamos ser maduros cuando lo único que hacíamos era estar a salvo. Pensábamos que éramos responsables pero sólo éramos cobardes. Lo que llamábamos realismo resultó ser una manera de evitar las cosas en lugar de afrontarlas. El tiempo..., que nos den tiempo suficiente y nuestras decisiones más sólidas parecerán temblorosas, nuestras certezas fantasiosas.

Decisiones


29. Cuando eres joven -cuando yo era joven- quieres que tus emociones sean como las que se contaban en los libros. Quieres que te trastoquen la vida, que creen y definan una realidad nueva. Más tarde, creo, quieres de ellas algo más tenue, más práctico: quieres que sostengan tu vida tal como es y ha llegado a ser. Quieres que te digan que las cosas están bien. ¿Y qué hay de malo en eso?

Estado de ánimo


30. Creo, desde luego, que de un modo u otro todos sufrimos abusos. ¿Cómo no sufrirlos, salvo en un mundo de padres, hermanos, vecinos y compañeros perfectos? Y luego está la cuestión, de la que tanto depende, de cómo reaccionamos ante ellos: si los confesamos o los reprimimos, y la forma en que esto afecta a nuestra relación con el prójimo. Algunos reconocen los abusos y tratan de mitigarlos; otros se pasan la vida intentando ayudar a otros que los han sufrido; y hay otros cuya preocupación principal es evitar a toda costa que vuelvan a abusar de ellos. Y estos últimos son los despiadados, y de los que hay que cuidarse.

Abuso


31. Vivimos en el tiempo -nos contiene y nos moldea-, pero nunca he creído comprenderlo muy bien. Y no me refiero a las teorías sobre cómo se desvía y se desdobla, o a que pueda existir en otro lugar en versiones paralelas. No, me refiero al tiempo ordinario, cotidiano, que los relojes de pared y de pulsera nos aseguran que transcurre regularmente: tictac, clic-cloc. ¿Hay algo más verosímil que una segunda aguja? Y, sin embargo, el placer o el dolor más nimio basta para enseñarnos la maleabilidad del tiempo. Algunas emociones lo aceleran, otras lo enlentecen; de vez en cuando parece que no fluye, hasta el punto final en que desaparece de verdad y nunca vuelve.

Aguja


32. Además, cuando eres joven piensas que puedes predecir los sufrimientos y la desolación que es probable que te depare la edad. Te imaginas solo, divorciado, viudo; los hijos se alejan de ti, los amigos se mueren. Te imaginas la pérdida de tu posición, la pérdida del deseo... Y la capacidad de suscitarlo. Puedes ir más allá y pensar en la muerte que se avecina y que, a pesar de la compañía que puedas procurarte, hay que afrontarla siempre solo. Pero esto es adelantarse. Lo que no haces es anticiparte y luego imaginarte mirando atrás desde un punto futuro. Aprendiendo las nuevas emociones que el tiempo trae. Descubriendo, por ejemplo, que a medida que los testigos de tu vida disminuyen, hay menos corroboración y, por consiguiente, menos certeza de lo que eres o has sido. Aunque frecuentemente hayas consignado cosas -en palabras, sonidos, imágenes-, tal vez descubras que te has dedicado a tomar nota de las cosas que no valía la pena anotar. ¿Cómo era la frase que Adrián solía citar? : "La historia es la certeza obtenida en el punto en que las imperfecciones de la memoria topan con las deficiencias de documentación".

Pérdida

Obras similares

Obras que comparten tramas, ideas o sucesos históricos con "El sentido de un final" de Julian Barnes.

Libros parecidos

Síguenos