Frases de El reino de este mundo

El reino de este mundo

32 frases de El reino de este mundo de Alejo Carpentier, libro de 1949.... Novela cuyo tema principal, lo real maravilloso, recrea de forma incomparable los acontecimientos que, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, precedieron y siguieron a la independencia haitiana.

Frases de Alejo Carpentier Libros de Alejo Carpentier

Frases de El reino de este mundo Alejo Carpentier

01. ¡Escuchemos en nosotros mismos la llamada de la libertad!

llamada


02. Todos los intentos de protesta habían sido acallados en sangre.

protesta


03. Obras que sólo habían sido vistas, hasta entonces, en las arquitecturas imaginarias...

funcionalismo


04. Todas las jerarquías burguesas de la colonia habían caído.

jerarquía


05. No le bastaba ser ganso para creerse que todos los gansos fueran iguales.

igualdad


06. El silencio demasiado prolongado de una ciudad que ha dejado de creer en el silencio.

ciudad


07. Ninguna tiranía de blancos ni de negros parecía amenazar su libertad.

tiranía


08. (...) La esposa respetable se daba al adulterio con entusiasmo de inventor.

adulterio


09. Nadie hacía caso de los relojes, ni las noches terminaban porque hubiera amanecido.

reloj


10. El Dios de los blancos ordena el crimen. Nuestros dioses nos piden venganza.

dioses


11. El desgarrado gemir de los pueblos llevados al exilio para construir mausoleos, torres e interminables murallas.

exilio


12. ¿Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real maravilloso?

américa


13. ¿Pero acaso una persona culta podía haberse preocupado por las salvajes creencias de gentes que adoraban una serpiente?

serpiente


14. El hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada.

búsqueda de la felicidad


15. (...) Dejándose despeinar por un viento que le pegaba el vestido al cuerpo, revelando la soberbia apostura de sus senos.

senos


16. La ciudad es buena. (...) En una ciudad siempre hay prostitutas de corazón generoso que dan limosnas a los ancianos.

vivir en la ciudad


17. Mujeres desnudas, aunque casi siempre provistas de velos justamente llevados, por una brisa imaginaria, a donde los reclamara la decencia.

decencia


18. Ahora se arrepentía de haberse burlado tan a menudo de las cosas santas por seguir las modas del día.

moda


19. Esta vez la letra entraría con fuego y no con sangre, y ciertas luminarias, encendidas para ser recordadas, resultaban sumamente dispendiosas.

fuego


20. Para empezar, la sensación de lo maravilloso presupone una fe. Los que no creen en santos no pueden curarse con milagros de santos.

sensibilidad


21. En el África, el rey era guerrero, cazador, juez y sacerdote; su simiente preciosa engrosaba, en centenares de vientres, una vigorosa estirpe de héroes.

héroe


22. En sus oídos crecía un ritmo que tanto podía ser el de sus propias venas como el de los tambores golpeados en la montaña.

ritmo


23. Sus ataduras cayeron, y el cuerpo del negro se espigó en el aire, volando por sobre las cabezas, antes de hundirse en las ondas negras de la masa de esclavos.

oprimidos


24. En América Latina, lo maravilloso se encuentra en vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades... En nuestra naturaleza... Y también en nuestra historia.

américa latina


25. Los que nada habían podido salvar se regodeaban en su desorden, en su vivir al día, en su ausencia de obligaciones, tratando, por el momento, de hallar el placer en todo.

salvar


26. Nunca estaba solo aunque estuviese solo. Desde hacía mucho tiempo había adquirido el arte de conversar con las sillas, las ollas, o bien con una vaca, una guitarra, o con su propia sombra.

solo


27. Todos los árboles se acostaron, de copa al sur, sacando las raíces de la tierra. Y durante toda la noche, el mar, hecho lluvia, dejó rastros de sal en los flancos de las montañas.

sal


28. Hacia la ciudad del Cabo el cielo se había vuelto de un negro de humo de incendios como la noche en que habían cantado los caracoles de la montaña y de la costa.

ciudad del cabo


29. Abajo, cada vez más apretados y sudorosos, los negros esperaban un espectáculo que había sido organizado para ellos; una función de gala para negros, a cuya pompa se habían sacrificado todos los créditos necesarios.

espectáculo


30. Cierta tarde en que lo amenazaban con meterle una carga de pólvora en el trasero, el fula patizambo acabó por hablar. El manco Mackandal, hecho un houngán del rito Radá, investido de poderes extraordinarios por varias caídas en posesión de dioses mayores, era el Señor del Veneno.

trasero


31. Lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce de un modo de "estado límite".

iluminación


32. Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse tareas.

mejorar

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