Frases de El mundo de Sofía - Página 2

26. (...) Estamos, en otras palabras, condenados a improvisar. Somos como actores que entran en el escenario sin tener ningún papel estudiado de antemano, ningún cuaderno con el argumento, ningún apuntador que nos pueda susurrar al oído lo que debemos hacer. Tenemos que elegir por nuestra cuenta cómo queremos vivir.

Arte de vivir


27. Cuando el hombre trabaja la naturaleza, al mismo hombre también se le trabaja. O dicho de un modo un poco diferente: cuando el hombre trabaja, interviene en la naturaleza y deja en ella su huella. Pero en este proceso laboral también la naturaleza interviene en el hombre y deja huella en su conciencia.

Medio ambiente


28. "Superstición", por cierto, ¿No era una palabra extraña? Si creías en el cristianismo o en el islam se llamaba "fe", pero si creías en astrología o en martes y trece, entonces se convertía en seguida en "superstición". ¿Quién tenía derecho a llamar "superstición" a la fe de otras personas?

Superstición


29. Es como si durante el crecimiento perdiéramos la capacidad de dejarnos sorprender por el mundo. En ese caso, perdemos algo esencial, algo que los filósofos intentan volver a despertar en nosotros. Porque hay algo dentro de nosotros mismos que nos dice que la vida en sí es un gran enigma. Es algo que hemos sentido incluso mucho antes de aprender a pensarlo.

Enigma


30. Un filósofo jamás ha sabido habituarse del todo al mundo. Para él o ella, el mundo sigue siendo algo desmesurado, incluso algo enigmático y misterioso. Por lo tanto, los filósofos y los niños pequeños tienen en común esa importante capacidad. Se podría decir que un filósofo sigue siendo tan susceptible como un niño pequeño durante toda la vida.

Capacidad


31. (...) Esto es aplicable ante todo a nuestras elecciones éticas. No podemos echar nunca la culpa a la "naturaleza humana", a la "fragilidad humana" o cosas parecidas. Ocurre de vez en cuando que hombres algo entrados en años se comportan como cerdos y que en último término echan la culpa al "viejo Adán". Pero un tal "viejo Adán" no existe. No es más que una figura a la que nos agarramos para eludir la responsabilidad de nuestros propios actos.

Naturaleza humana


32. No puedes saber si una persona te ha perdonado cuando has hecho algo malo. Precisamente por eso es importante para ti existencialmente. Es una cuestión con la que tienes una relación viva. Tampoco puedes saber si otra persona te quiere o no. Sólo es algo que puedes creer o esperar. Pero eso es más importante para ti que el que la suma de los ángulos de un triángulo sea 180 grados. Y nadie piensa precisamente en la "ley causal", ni en las "formas conceptuales", en el momento de recibir su primer beso.

Inteligencia emocional


33. No existen valores o normas eternas por las que nos podamos regir. Precisamente por eso resultan tan importantes las elecciones que hacemos. Porque somos completamente responsables de todos nuestros actos. Sartre destaca precisamente que el hombre jamás debe eludir la responsabilidad de sus propios actos. Por eso tampoco podemos librarnos de nuestra responsabilidad amparándonos en que "tenemos que ir al trabajo" o que "tenemos que" dejarnos dirigir por ciertas normas burguesas sobre cómo debemos vivir. La persona que, de esta forma, va entrando en la masa anónima, se convierte en un hombre impersonal de esa masa. Él o ella se ha refugiado en la mentira de la vida. Porque la libertad humana nos exige poner algo de nosotros mismos, existir "auténticamente".

Ser uno mismo


34. Imagínate que un día estás de paseo por el bosque. De pronto descubres una pequeña nave espacial en el sendero delante de ti. De la nave espacial sale un pequeño marciano que se queda parado, mirándote fijamente. ¿Qué habrías pensado tú en un caso así? Bueno, eso no importa, ¿Pero se te ha ocurrido alguna vez pensar que tú misma eres una marciana? Es cierto que no es muy probable que te vayas a topar con un ser de otro planeta. Ni siquiera sabemos si hay vida en otros planetas. Pero puede ocurrir que te topes contigo misma. Puede que de pronto un día te detengas, y te veas de una manera completamente nueva. Quizás ocurra precisamente durante un paseo por el bosque. Soy un ser extraño, pensarás. Soy un animal misterioso. Es como si te despertaras de un larguísimo sueño, como la bella durmiente. ¿Quién soy? , Te preguntarás. Sabes que gateas por un planeta en el universo. ¿Pero qué es el universo? Si llegas a descubrirte a ti misma de ese modo, habrás descubierto algo igual de misterioso que aquel marciano que mencionamos hace un momento. No sólo has visto un ser del espacio, sino que sientes desde dentro que tú misma eres un ser tan misterioso como aquél.

Nave espacial

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