Frases de El mago - Página 2

33. Todas las Repúblicas perfectas son perfectas bobadas. Nuestra más grave y definitiva perversión es esa ansia de arriesgar nuestras vidas. Venimos de la noche y vamos hacia la noche. ¿Qué necesidad hay de vivir en la noche?

República


34. La bondad y la belleza pueden ser entidades separables en el norte, pero en Grecia no lo son. Entre piel y piel no hay más que luz.

Grecia


35. Todo el barullo de mi vida, mis egoísmos y mis errores y mis traiciones, podían encontrar su sitio, podían convertirse en fuente de creación en lugar de ser fuente de caos y precisamente porque no tenía elección.

Caos


36. Durante la guerra tenía mucho tiempo para pensar y me faltaban amigos con los que entretenerme, y lo aproveché para concebir una nueva forma de teatro. Un teatro en el que la separación convencional entre actores y público quedaba abolida. En el que la geografía escénica convencional, las nociones de proscenio, escenario y auditorio quedaban totalmente borradas. En el que la continuidad de la representación, tanto espacial como temporal, era ignorada. Y en el que la acción, la narración, adquiría una nueva fluidez, pues sólo se conservaban un punto de partida y un punto final con cierta fijeza predeterminada. Entre esos puntos, los participantes tendrían que inventar su propia obra escénica. -Sus ojos mesméricos imantaron los míos-. Como verás, Artaud, Pirandello y Brecht pensaban, a su modo, en una transformación paralela a la mía. Pero ellos no tenían ni el dinero ni la voluntad -ni tampoco, sin duda, el tiempo- suficientes para llevar su pensamiento tan lejos como yo. El elemento que no se atrevieron a borrar del todo era el del público.

Representación


37. No tenía ningún plan; Sólo el instinto del niño que quiere regresar a su casa.

Plan


38. Un río tan ancho y silencioso como el de un cuento de hadas. Como un espejo en el que nadie se hubiese mirado jamás.

Río


39. La riqueza es un monstruo. Necesitas un mes para aprender a controlarla financieramente. Y muchos años para aprender a controlarla psicológicamente.

Inteligencia financiera


40. Leí sin parar; era como un rey medieval, pues me había enamorado de la imagen mucho antes de haber visto la realidad.

Amor por los libros


41. Tuviste tu oportunidad -prosiguió-. Te sugiero que reflexiones y trates de averiguar qué aspecto de tu carácter hizo que la perdieras.

Oportunidad perdida


42. Tenía el encanto propio de la gente que cree implícitamente en sí misma, el encanto de la solidaridad.

Solidaridad


43. Los lobos nunca cazan en solitario, sino siempre en manada. El lobo solitario no es más que un mito.

Manada


44. Era uno de los tipos más absolutamente estúpidos que he conocido en mi vida. Me enseñó mucho.

Estúpido


45. Los años de sol le habían bronceado hasta darle el tono caoba de los pescadores de la isla.

Pescadores


46. La historia ha superado los diez mandamientos bíblicos; para mí nunca habían tenido ningún significado real, es decir, habían sido sólo una influencia para regular mi conducta de cara a las apariencias. Pero mientras estaba sentado en aquel dormitorio y miraba el reflejo de la estufa en el umbral de la puerta que daba a la salita, supe que por fin empezaba a sentir en mi interior la fuerza de este supermandamiento, resumen de todos ellos; no sé cómo ni por qué, pero tomé conciencia de que tenía que elegirlo, y elegirlo de nuevo cada día, incluso si una y otra vez dejaba de cumplirlo. Conchis se había referido a los puntos de fulcro, a los momentos en los que uno se encuentra con su propio futuro. Sabía también que todo eso tenía relación con Alison, con mi elección de Alison, y con la necesidad de seguir eligiéndola todos los días. La madurez era como una montaña, y yo me encontraba al pie de este muro de hielo, imposible e inescalable: No infligirás ningún dolor innecesario.

Mandamientos


47. Escribir poesía y suicidarme, cosas aparentemente tan contradictorias, habían sido en realidad lo mismo: intentos de huida.

Huida


48. A los hombres les encanta la guerra porque les permite parecer gente seria. Porque imaginan que es lo único que impide que las mujeres se rían de ellos. En la guerra reducen a las mujeres al nivel de objeto. Esta es la gran diferencia entre uno y otro sexo. Los hombres sólo se fijan en los objetos; las mujeres, en las relaciones que hay entre esos objetos. Se fijan en si los objetos se necesitan mutuamente, si se aman, si están bien emparejados. Se trata de una dimensión que los hombres ni siquiera sienten, y que hace que la guerra sea aborrecida por todas las verdaderas mujeres, pues la consideran absurda. ¿Sabes qué es la guerra? La guerra es una psicosis provocada por la incapacidad de captar relaciones. Nuestras relaciones con los demás seres humanos. Nuestras relaciones con la situación económica e histórica en que vivimos. Y sobre todo nuestras relaciones con la nada. Con la muerte.

Motivos de la guerra


49. Fiebre. Pero lo que tomé por fiebre era el fuego de la vida, la pasión de existir.

Intenso


50. Toda buena ciencia es arte. Y todo buen arte es ciencia.

Ciencia


51. El amor puede ser más una capacidad de amor que hay en uno mismo que la presencia de algo adorable en la otra persona.

Gran amor


52. - Pídeme que me case contigo. - ¿Quieres casarte conmigo? -No.

Casamiento


53. Gracias a esta siniestra elisión, a esta huida del auténtico remordimiento, gracias a mi creencia en que el sufrimiento que hemos provocado tendría que ennoblecernos a nosotros mismos, o al menos hacernos menos innobles de ahí en adelante, gracias a este paso a una forma disimulada del perdón de nosotros mismos, a mi creencia en que el sufrimiento ennoblece en cierto modo la vida -de modo que, por medio de esta falaz álgebra, la precipitación del dolor resulta equivaler al ennoblecimiento, o al menos al enriquecimiento, de la vida- gracias a este deslizamiento -tan típico del siglo XX - del contenido a la forma, del significado a la apariencia, de la ética a la estética, de aqua a unda, amortigüé el dolor que me producía aquella acusadora muerte; y reafirmé mi resolución de no contar nada de ello en Bourani. Seguía decidido a contárselo a Julie, pero en el lugar y en el momento más adecuados, cuando la tasa de cambio entre la confesión y la simpatía que ésta podía suscitar pareciera más alta.

Confesión

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