Frases de El jorobado

El jorobado

22 frases de El jorobado (Le bosu) de Paul Feval, libro de 1858.... Libro de Paul Feval.

Frases de Paul Feval

Frases de El jorobado Paul Feval

01. Los nombres son como los adornos: unos afean, otros realzan.

Nombre


02. Sólo os pido el tiempo necesario para advertirla y prepararla. Es un alma tierna que una emoción demasiado fuerte podría destrozar.

Tierno


03. Desde que soy fuerte, sólo un deseo me domina: ser rico.

Rico


04. El primer dinero es difícil de ganar, el segundo menos y el tercero se viene solo a las manos.

Capital


05. ¿Qué es la dicha, sino un pretexto para vivir?

Dicha


06. Cada uno por su camino. Yo sigo el mío. ¿Es culpa mía si para llegar a la cúspide de mis deseos tengo que hollar corazones y cabezas?

Ambición de poder


07. -Escucha. He descorrido un poco ante tus ojos esta noche la cortina que te ocultaba los esplendores del mundo. Has entrevisto la Corte, el lujo, la luz y has oído el ruido de las fiestas. ¿Qué te parece la Corte? -La Corte es hermosa; pero no la he visto del todo, ¿Verdad? - ¿Te agrada? Tu mirada brilla. ¿Te gustaría vivir en ese mundo? -Contigo, sí. - ¿Y sin mí? - ¡Sin ti, no!

Sin ti


08. Cuando se olvida el camino del deber, el hombre cuenta con fuerzas desconocidas, que cuando menos lo espera, le hacen zozobrar quizá ante la orilla de la soñada playa.

Deber


09. No podía ya detenerse en la pendiente por donde había empezado a deslizarse en su juventud. Fatalmente se veía impelido a proseguir en el camino del mal para encubrir sus malas acciones de otras épocas. Era una rica organización para ejercer el bien creado y, sin embargo, era máquina vigorosa en cuyo hogar bullían los gérmenes de todos los más odiosos y vituperables crímenes.

Crímenes


10. Nunca se cansaba; para el mal era infatigable. Después de veinticinco años de incesantes y rudas luchas, todavía se sentía fuerte para afrontar el peligro, todavía soñaba con la victoria.

Victoria


11. ¡París! ¡París! ¿Recordáis qué hermosa descripción me hicisteis de esta ciudad? ¡París era el paraíso para las jóvenes hermosas! París, según vos, era un sueño encantador, la riqueza poderosa, el lujo resplandeciente, la alegría inextinguible y el placer inenarrable. Aquí me esperaba una felicidad perenne y una fiesta perdurable. Con este señuelo me embaucasteis. ¡Y qué lejos está la realidad de semejantes promesas!

París


12. -Escuchadme bien. Yo no soy vuestra esclava. Me agrada estar acompañada y la soledad me espanta. Me gusta el ruido, la vida, y el silencio me hiela la sangre. Necesito para vivir la luz, el movimiento y el placer. La alegría me atrae, la risa me embriaga, la música me encanta. El vino de Rota hace relampaguear como diamantes mis ojos, y cuando la sonrisa frunce mis labios, conozco que soy más hermosa. - ¡Qué loca más encantadora!

Esclavo


13. -Yo sabré vengarme de ti si me engañas... Sírveme bien y serás recompensado. En caso contrario...

Engañar


14. ¡Qué dichosas son aquellas que tienen una compañera, una amiga a quien confiar los secretos de su alma, las penas y las venturas de su vida! Pero yo estoy siempre sola; no tengo nadie a quien abrir mi corazón.

Compañera


15. Escribo para vos, y me parece que a vos nada debo ocultaros. Sí; ante vuestros ojos descubriré hasta los más recónditos repliegues de mi alma. ¿Me equivoco? ¿Una madre no es la amiga que debe saberlo todo, el médico que puede curar las más graves enfermedades del espíritu?

Amor de madre


16. Se dice de mí que no tengo más que una virtud: el olvido de las injurias. Esto es verdad. La idea de la venganza nace y muere en mi espíritu en el mismo minuto. Pero yo también, al saber la muerte de mi pobre amigo, hice un juramento; castigar al asesino. Entonces dirigía ya los destinos del Estado. Eso no será una venganza; será hacer justicia.

Injurias


17. Era el propio Lagardere, el bello Lagardere, la espada temible, el verdugo de los corazones.

Verdugo


18. Es la ley. La humanidad lleva escrupulosamente su libro mayor, como el usurero su balance de ganancias y pérdidas.

Ley


19. En este lugar existió en los pasados tiempos la ciudad de Lora, con templos paganos, anfiteatros y un notable Capitolio. Hoy es un valle desierto, por donde la pesada carreta del labrador gascón parece temer que se embote y resbale el hierro de sus ruedas, sobre el mármol de las columnas medio enterradas en la arena. La montaña está cerca. La alta cordillera de los Pirineos desgarra a trechos el nevado horizonte y deja ver el azulado cielo del territorio español. Los senderos que recortan sus cimas, sirven de caminos a los contrabandistas vascos.

Valle


20. En nuestra época nos representaríamos con lentes un personaje semejante; pero, entonces, no los consentía la moda.

Anteojos


21. ¡Se alegra de que esté celoso de ella! ¿Es siempre bello y dulce como un niño? Vamos, dime, aquí, a mi oreja, muy bajito para que nadie se entere: ¿Le amas?

Dulce


22. Ese hombre no se parece a los demás. Hay en él algo extraño y superior. Yo no he bajado los ojos sino delante de él...Dicen que hay mágicos prodigiosos y él debe ser uno de ellos.

Extraño

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