Frases de El eco negro

El eco negro

13 frases de El eco negro (The black echo) de Michael Connelly, libro de 1992.... Libro de Michael Connelly.

Frases de Michael Connelly

Frases de El eco negro Michael Connelly

01. Era imposible volver atrás para reparar lo que había ocurrido; es inútil poner una tirita sobre un alma herida.

Reparar


02. El sol del atardecer había teñido el cielo de un rosa y naranja subidos como el equipo de un surfista. "Qué falso", pensó Bosch mientras conducía hacia el norte por la autopista, de camino a casa. Los atardeceres en Los Ángeles siempre eran así; uno se olvidaba de que era la contaminación lo que hacía que los colores brillaran tanto, de que detrás de cada imagen de postal a menudo se liara una historia horrible.

Contaminación


03. -Entonces, ¿Por qué la cinta, la declaración y todos estos burócratas? ¿De qué sirve cuándo no se quiere saber la verdad? -Queremos saber la verdad, detective. Pero usted la confunde con lo que elegimos contarle al público.

Saber la verdad


04. El hombre era más insistente que un predicador evangelista.

Insistencia


05. (...) Tenía entendido que los federales casi siempre eran los últimos en darse cuenta de que los seguían. Estaban acostumbrados a ser los cazadores, no la presa.

Espionaje


06. (...) Definía la buena compañía no por la conversación, sino por la ausencia de ella. Cuando no había necesidad de hablar para sentirse cómodo; Aquello era buena compañía.

Compañía


07. La justicia es sólo accesoria a la ley y el orden público.

Ley


08. Una vez leí en un libro que no importa que te entierren bajo una tumba de mármol o en el fondo de un pozo de petróleo; cuando estás muerto estás muerto. Pero quienquiera que escribió eso no estuvo en Vietnam. Cuando ves la muerte de cerca se te ocurren esas ideas.

Vietnam


09. En todas las investigaciones Bosch siempre tenía la impresión de que la información se iba deslizando lentamente, como en un reloj de arena. En un momento dado había más información en la parte inferior que en la superior y, entonces, la arena empezaba a precipitarse por el agujero como una cascada. En aquel caso acababan de llegar a ese punto. Todo empezaba a encajar.

Reloj de arena


10. El lugar olía como una cárcel: a sudor, miedo y desesperación.

Cárcel


11. Llevaba la ropa más sucia que el cenicero de un coche de segunda mano...

Suciedad


12. (...) Ansiaba desesperadamente fumarse un cigarrillo, o como mínimo tenerlo en los labios; Pero no iba a mostrarles semejante señal de debilidad.

Debilidad


13. Era como si estuvieras muerto y enterrado en la oscuridad. Pero estabas vivo. Y asustado. Incluso tu aliento resonaba tan fuerte que podía descubrirte. O eso pensabas, no lo sabías. Es difícil de explicar...

Asustado

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