Frases de El difunto Matías Pascal

El difunto Matías Pascal

21 frases de El difunto Matías Pascal (Il fu Mattia Pascal) de Luigi Pirandello, libro de 1904.... La vida de Matías Pascal oscila entre la indolencia de su monótono trabajo de bibliotecario y la frustración de su matrimonio... Pero un inesperado suceso dará un giro total a su mísera existencia.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Luigi Pirandello son: absurdo, bibliotecarios, identidad, libertad, monotonia de la vida, poder de las palabras, soledad, verdadera amistad.

Frases de Luigi Pirandello

Frases de El difunto Matías Pascal Luigi Pirandello

01. Amistad quiere decir confianza.

Amistad


02. Para ella todos eran unos falsos, pícaros y traidores.

Falsos


03. Necesitamos siempre tener a quien echarle la culpa de nuestros sinsabores y contratiempos.

Contratiempo


04. ¿Cómo había podido figurarme que un tronco pudiese vivir cercenado de sus raíces?

Tronco


05. Si nosotros mismos reconocemos (...) que el errar es propio del hombre, ¿No resulta la justicia una crueldad?

Justicia


06. La mujer es más generosa que el hombre y no se limita, como éste, a fijarse en el físico.

Mujer


07. Personada en el lugar del suceso..., a sacar de la presa..., identificóse el cadáver..., resultó ser el de nuestro bibliotecario...

Bibliotecario


08. No podría tener más que relaciones superficiales, ni permitirme con mis semejantes más que un breve cambio de palabras indiferentes.

Breve


09. ¡No me venga con cumplidos, por favor! ¡Si usted supiese qué necesidad tengo en este instante de un amigo, de un verdadero amigo!

Buen amigo


10. Pero ¿Crees de verdad que todo puede arreglarse de momento con sólo que te borres del rostro hasta el último vestigio de mi persona?

Rostro


11. ¿Me iría a creer obligado, por el solo hecho de ser bibliotecario, a leer yo por todos los que no iban a la Biblioteca?

Bibliotecario


12. (...) Sólo piensan en contentarse a sí mismos, y entonces tienes la tiranía más pesada y odiosa: la tiranía disfrazada de libertad.

Tiranía


13. Los absurdos de la vida no necesitan parecer verosímiles porque son verdaderos; al revés que los del arte, que para parecer verdaderos necesitan ser verosímiles. Con lo que, siendo verosímiles, dejan de ser absurdos.

Absurdo


14. Tienen las almas un modo particular de entenderse, de entrar en intimidad unas con otras y hasta de tutearse, mientras nuestros cuerpos se hallan todavía sujetos al comercio de vulgares palabras y a la esclavitud de las exigencias sociales.

Intimidad


15. A nosotros los mortales nos tocó en suerte al nacer un triste privilegio: el de tomar como una realidad exterior a nosotros nuestro sentido interno de la vida, mudable y vario, según los tiempos y casos y según la fortuna.

Nacer


16. De esa suerte leí de todo un poco, a la buena de Dios; pero, por lo general, libros de Filosofía. ¡Cuidado que pesan! Y sin embargo, quien se sustenta de ellos y en el cuerpo se los mete vive entre las nubes.

Filosofía


17. ¡Paciencia! Me pertrecharía de una discreta y sonriente filosofía para cruzar por en medio de esta pobre humanidad que, por más que yo hiciese, parecíame difícil no me resultase en lo sucesivo un tanto ridícula y menguada.

Paciencia


18. La conciencia como guía no puede ser bastante. Lo sería quizá si fuere castillo en lugar de ser plaza, por decirlo así; esto es, si pudiésemos llegar a concebirnos aisladamente y no estuviera ella, como lo está, abierta al prójimo.

Guía


19. ¡Mi redención, mi libertad, una vida nueva! Llevaba encima ochenta y dos mil liras, que podría guardarme para mí solito. Estaba muerto: no era ya de este mundo; No tenía ya trampas, ni mujer, ni suegra; ¡No tenía a nadie! ¡Libre! ¡Libre! ¡Libre! ¿Qué más quería?

Libre


20. ¡Oh, y qué gustosa ligereza del alma! ¡Oh, qué embriaguez tan serena e inefable! La Fortuna habíame desligado de toda traba: de golpe y porrazo me había sacado de la vida común y héchome espectador desinteresado de la lucha en que los demás seguían empeñados.

Fortuna


21. ¿No me pareció una gran cosa el que me hubieran dado por muerto? Pues nada, muerto estoy. ¡Qué digo, muerto! Peor todavía; y don Anselmo me lo ha recordado, porque los muertos no tienen ya que morirse, y yo si; yo vivo todavía para la muerte y soy ya un cadáver para la vida. Porque, en efecto, ¿Cuál puede ser mi vida?

Cadáver

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