Frases de El corazón de las tinieblas

El corazón de las tinieblas

26 frases de El corazón de las tinieblas (Heart of darkness) de Joseph Conrad, libro de 1899.... Novela ambientada en África, inspirada en los seis meses que Joseph Conrad pasó en el Congo colonizado y narra una travesía que realizó el marinero Charlie Marlow en busca de un tal Kurtz.

Frases de Joseph Conrad

Frases de El corazón de las tinieblas Joseph Conrad

01. Producía una sensación de inquietud. ¡Eso era! Inquietud. No una desconfianza definida, sólo inquietud...

Inquietud


02. En el trópico hay que mantener sobre todas las cosas la calma.

Calma


03. El silencio de la tierra se introducía en el corazón de todos...

Tierra


04. Vivimos como soñamos, sólos.

Soñar


05. Esa fuerza no es más que un accidente, resultado tan solo de la debilidad de los otros.

Accidente


06. Uno tenía por fuerza que sentirse muy pequeño, totalmente perdido, y sin embargo aquel sentimiento no era deprimente.

Pequeño


07. La mente de un hombre es capaz de todo, porque todo está en ella, el pasado y el futuro.

Hombre


08. En seguida se enfrió su entusiasmo. "No soy tan tonto como parezco, les dijo Platón a sus discípulos", recitó sentenciosamente.

Tonto


09. No me gusta el trabajo, a nadie le gusta, pero sí lo que hay en él: la ocasión de encontrarte a ti mismo.

Trabajo duro


10. Indudablemente es más fácil enfrentarse con la desgracia, con el deshonor, con la perdición del alma, que con el hambre prolongada.

Pobreza


11. Hay un toque de mortalidad, un sabor a muerte en las mentiras (justo lo que más odio y detesto del mundo), lo que intento olvidar.

Mortalidad


12. Me metí el libro en un bolsillo. Puedo aseguraros que arrancarse de su lectura era como separarse del abrigo de una vieja y sólida amistad.

Lectura


13. La narración de un sueño no puede transmitir (...) esa idea de verse atrapado en lo inconcebible que es la esencia misma de los sueños.

Narración


14. Es imposible comunicar la sensación de vida de una época determinada de la propia existencia, lo que constituye su verdad, su sentido, su sutil y penetrante esencia.

Época


15. Su aspecto era indudablemente el de un maniquí de peluquería, pero en la inmensa desmoralización de aquellos territorios, conseguía mantener esa apariencia. Eso era firmeza.

Firmeza


16. "¡Mantén la calma!", le ordené furioso. Pero era igual que si le hubiera ordenado a un árbol que no se inclinara bajo la acción del viento.

Calma


17. La marea fluye y refluye en su constante servicio, ahíta de recuerdos de hombres y de barcos que ha llevado hacia el reposo del hogar o hacia batallas marítimas.

Marea


18. La conquista de la tierra en su mayor parte no consiste más que en arrebatársela a aquellos que tienen una piel distinta o la nariz ligeramente más achatada que nosotros.

Conquista


19. Arrancar tesoros a las entrañas de la tierra era su deseo, pero aquel deseo no tenía detrás otro propósito moral que el de la acción de unos bandidos que fuerzan una caja fuerte.

Tesoro


20. ¡Es curiosa la vida... ese misterioso arreglo de lógica implacable con propósitos fútiles! Lo más que de ella se puede esperar es cierto conocimiento de uno mismo... que llega demasiado tarde... una cosecha de inextinguibles remordimientos.

Implacable


21. Tenía que estar al tanto del gobierno del barco, evitar troncos, y hacer que marchara aquella caja de hojalata por las buenas o por las malas. Esas cosas poseen la suficiente verdad superficial como para salvar a un hombre sabio.

Barco


22. Es extraordinario comprobar cuán lejos de la realidad pueden situarse las mujeres. Viven en un mundo propio, y nunca ha existido ni podrá existir nada semejante. Es demasiado hermoso; si hubiera que ponerlo en pie se derrumbaría antes del primer crepúsculo.

Extraordinario


23. Levanté la cabeza. El mar estaba cubierto por una densa faja de nubes negras, y la tranquila corriente que llevaba a los últimos confines de la tierra fluía sombríamente bajo el cielo cubierto... parecía conducir directamente al corazón de las inmensas tinieblas.

Tinieblas


24. Existía entre nosotros, como ya lo he dicho en alguna otra parte, el vínculo del mar. Además de mantener nuestros corazones unidos durante largos periodos de separación, tenía la fuerza de hacernos tolerantes ante las experiencias personales, y aun ante las convicciones de cada uno.

Marinero


25. Ningún temor puede competir con el hambre, no existe paciencia capaz de acabar con ella, la repugnancia simplemente no existe allí donde hay hambre, y por lo que se refiere a la superstición, las creencias y lo que ustedes podrían llamar principios no son más que hojas muertas que se lleva el viento.

Competir


26. El artista apela a nuestra capacidad para el deleite, para la admiración; a nuestra intuición del misterio que rodea la vida; a nuestro sentido de piedad, belleza y dolor; a la latente sensación de hermandad con todo lo creado, y a la sutil pero invencible fe en la solidaridad que une la soledad de innumerables corazones, y enlaza estrechamente a toda la humanidad.

Hermandad

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