Frases de El amanecer de un marido

El amanecer de un marido

15 frases de El amanecer de un marido de Héctor Abad Faciolince, libro de 2008.... Descripción honesta, y no por ello menos dolorosa, del tedio que se instala entre dos personas después de años de convivencia. Un matrimonio en su ocaso desde una mirada sensible y con la violencia en Colombia como telón de fondo.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Héctor Abad Faciolince son: convivencia, fin del amor, historia de amor, infidelidad, mentiras, paso del tiempo, problemas de pareja, rutina, silencio, tedio.

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Frases de El amanecer de un marido Héctor Abad Faciolince

01. Cualquier mujer acaba siendo equivalente para cualquier hombre. A la larga, basta esperar lo suficiente.

Mujer


02. Los dientes castañean de frío, a veces, y a veces de temor, porque el frío y el miedo se parecen.

Temor


03. Esa eternidad que tiene la belleza, la cual sigue siendo siempre lo que es, a pesar de las modas y de los años.

Elegancia


04. La mayor virtud que una mujer puede tener con los hombres es fugarse, esfurmarse a tiempo, antes de que ellos te empiecen a tratar mal.

Virtud


05. El caso es que uno quiere que cuando lo quieran sea a uno a quien quieren, no a la sombra de algún otro que se fue.

Sombra


06. Pero tienes el pequeño encanto de encantar incautas como yo. Eres encantador de bobas como yo. Y como somos tantas las bobas en esta tierra tienes esa ventaja.

Encantador


07. El joven es una curiosa mezcla de timidez y vanidad. Timidez porque no es nadie y vanidad porque, sin ser nadie, los demás lo tratan como si fuera alguien.

Joven


08. A veces creo que el infierno, si existiera, consistiría en poder ver, en el preciso instante de nuestra muerte, lo que están haciendo en ese mismo momento las personas a quienes hemos querido.

Infierno


09. Las mujeres tenemos dos opciones: o matamos por amor, o nos matamos de amor. Somos así, moralmente superiores a ustedes, que matan de rabia, no de amor, y se matan porque los humillaron en público.

Morir de amor


10. Eres como esos inmensos cohetes de la Nasa, como el Apolo, que mientras va ascendiendo a toda velocidad hasta el cielo, hacia los límites de la atmósfera, hacia la Luna, se van despojando de los pedazos que lo ayudaron a subir.

Cohetes


11. Cada vez estoy más convencido de que los seres humanos tomamos las decisiones con las tripas, como los animales. Sólo que nosotros, una vez hemos decidido algo, maquillamos, disfrazamos esa decisión visceral con muy bonitos motivos y sofisticadas cadenas de razonamientos.

Decisiones


12. Las promesas y los juramentos de amor que nos habíamos hecho, hacía cuatro años, al principio, habían sido definitivos, absolutos, más que intensos, hondos y largos como la vida entera, con esa ingenuidad de lo que por intenso nos parece eterno, inagotable, pero al pasar el tiempo yo ya no sentía lo mismo.

Ingenuidad


13. Cada mujer piensa que en ella el ciclo termina, que en ella al fin su nuevo amor llegó al puerto que era. Y no es así, siempre estarás dispuesto a zarpar otra vez. Sólo la última, la que enviude, podrá decir que te tuvo hasta el final; pero esa ingenua no sabráque te tuvo hasta el final sólo por falta de tiempo.

Amor infinito


14. Está en la mitad del camino de la vida, en la línea de sombra, en esa siesta de la existencia en la que, según Shakespeare, ya no hay juventud ni todavía hay senectud, pero se sueña con ambas. Todavía no ha perdido la ilusión de realizar los planes para los años por venir, pero ya comienza a añorar la efervecencia de los años juveniles.

Mitad


15. Cuando yo digo que haré algo, lo hago, no como tú que vives en el reino del tal vez, del ya se verá, del nunca se sabe, del puede que sí. Yo soy sí o no, no esa agua tibia e incierta que eres tú, agua tibia que hasta a los evangelios les repugna. Sé tu manera cómoda de vivir: no comprometerte con nada, no jurar, no hacer promesas, dejarlo todo en el terreno incierto y cambiante del gusto.

Incierto

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