Frases de El alba

El alba

26 frases de El alba (L'aube) de Elie Wiesel, libro de 1960.... Finalizada la Segunda Guerra Mundial, inicia un periodo de reflexión en Palestina bajo mandato inglés, donde la víctima se ha vuelto verdugo y debe hacer frente a su sueño hecho realidad.

Frases de Elie Wiesel Libros de Elie Wiesel

Frases de El alba Elie Wiesel

01. La guerra es como la noche. Lo cubre todo.

motivos de la guerra


02. Lo necesitaba. Tenía necesidad de saber que el amor existe y que engendra sonrisas y alegrías.

creer en el amor


03. El hombre odia a su enemigo porque odia su propio odio.

rival


04. El amor es esto, el amor es aquello; el hombre nació para amar; el hombre solo vive cuando ama o tiene que amar.

amar


05. Tiene suerte de poder llorar. Aquel que llora sabe que algún día no llorará más.

llanto


06. La guerra es capaz de hacer de mí un verdugo.

consecuencias de la guerra


07. Nada hay más sagrado que la vida, nada más noble, más sano, más grande.

sagrado


08. Estoy vivo. La victoria sobre la muerte debería engendrar la felicidad. La felicidad de ser libre. Libre de provocar la muerte de nuevo. Libre de aceptar la libertad o de rechazarla.

provocar


09. Los judíos no se atreverán. Usted los conoce: gritan, lloran, pronuncian palabras cuyo sentido mismo les inspira temor.

judío


10. Es más fácil matar a un hombre que decirle: "Vas a morir".

matar


11. Camino sin fin. Dejarse llevar por la avalancha, dejarse arrastrar por el ciego destino. Cuando los SS estaban fatigados, los relevaban. Pero a nosotros, nadie nos relevaba. Con los miembros transidos de frío a pesar de la carrera, con la garganta seca, hambrientos, sin aliento, continuábamos andando.

ss


12. Ocurrió a comienzos de la guerra. Yo tenía doce años. Mis padres estaban vivos aún y Dios habitaba todavía en nuestra pequeña ciudad.

guerra mundial


13. En el cuarto había dos clases de luz: una blanca, otra oscura. La primera se extendía sobre Gidon y Yoav dormidos, la otra emanaba de la multitud.

multitud


14. Ninguno de nosotros tenía miedo. Y, sin embargo, si una bomba hubiera caído sobre los blocs, habría producido centenares de víctimas en el acto. Pero nadie temía la muerte o, por lo menos, no esa muerte. Cada bomba que estallaba nos llenaba de alegría, nos devolvía la confianza en la vida.

optimismo


15. No nos gusta sembrar la muerte. Hasta ahora hemos preferido siempre el papel de víctima al de verdugo.

víctima


16. ¿Dónde se encuentra a Dios? ¿En el sufrimiento o en su negación? ¿Cuándo es humano un hombre? ¿Diciendo sí o gritando no? ¿A dónde conduce el sufrimiento al hombre? ¿A la pureza o a la bestialidad?

dios existe


17. Hay que aceptar la vida, quererla, amarla, luchar por ella como si se tratara de un tesoro, de una mujer, de una dicha secreta.

ganarse la vida


18. (...) Porque mi pueblo nunca supo odiar. Su tragedia, en el transcurso de los siglos, se explica por la falta de odio de que dio pruebas contra los que intentaron exterminarlo, contra aquellos que, a menudo, consiguieron humillarlo. Nuestra única oportunidad, ahora, (...), es saber odiar, es aprender el arte y la necesidad del odio.

odiar


19. La noche es más clara que el día. Se piensa mejor, se ama mejor, se sueña mejor de noche. De noche todo se vuelve más intenso, más verdadero. Una frase pronunciada de día adquiere un sentido diferente, más profundo, de mayores alcances, cuando su eco nos llega de noche.

intenso


20. Yo, a los mendigos los quería y los temía a la vez. Sabía que hay que ser bueno con ellos pues nunca se sabe si son verdaderos mendigos.

mendigo


21. Hay una técnica conocida por todos los ejércitos del mundo, todos los gobiernos de la historia se han servido de ella para provocar el odio. He aquí dicha técnica: a fuerza de propaganda, de discursos, de películas, se crea una imagen del enemigo como una encarnación del mal, el símbolo de todo sufrimiento humano, la causa y el origen de toda injusticia, de toda crueldad, desde el primer día de la creación del Universo.

manipulación de los medios de comunicación


22. "Es medianoche", pensé. La hora en que los muertos se levantan de sus tumbas y van a recitar sus plegarias a la sinagoga. Es la hora en que Dios mismo llora por la destrucción del Templo. Es la hora en que el hombre debe ser capaz de descender a lo más profundo de sí mismo y, si desciende bastante rápido y bastante hondo, descubrirá al Templo en ruinas, a Dios llorando a lágrima viva y a los muertos orando.

medianoche


23. -Tú eres la suma de lo que éramos nosotros -me explicó el niñito que se parecía al que yo había sido antes-. Somos, pues, un poco nosotros quienes ejecutaremos a John Dawson mañana al amanecer. No puedes hacerlo sin nosotros. ¿Comprendes ahora? Comenzaba a comprender. Un acto absoluto, como el de dar la muerte, compromete no solo al propio ser sino a todos aquellos que participaron en su formación. Al matar a un hombre, también a ellos los convertía en asesinos.

cómplice


24. No hay que tenerle miedo a la oscuridad -me advirtió mientras me tomaba del brazo (lo que me hizo estremecer)-. La noche es más clara que el día. Se piensa mejor, se ama mejor, se sueña mejor de noche. De noche todo se vuelve más intenso, más verdadero. Una frase pronunciada de día adquiere un sentido diferente, más profundo, de mayores alcances, cuando su eco nos llega de noche. La tragedia de los hombres es que no saben cuándo es de noche y cuándo es de día. Dicen de noche las cosas que deberían decir de día.

oscuridad


25. La filosofía me atraía: quería comprender el sentido de los acontecimientos de los cuales había sido víctima. Ese grito de dolor, de cólera, que había lanzado en el campo contra Dios y contra el hombre que solo se le parece por lo cruel, quería volver a oírlo en términos actuales, analizarlo en un clima de distensión. Me obsesionaban tantas preguntas. ¿Dónde se encuentra a Dios? ¿En el sufrimiento o en su negación? ¿Cuándo es humano un hombre? ¿Diciendo sí o gritando no? ¿A dónde conduce el sufrimiento al hombre? ¿A la pureza o a la bestialidad?

¿de dónde venimos?


26. El día que Londres comprenda que, para permanecer en Palestina, Inglaterra debe pagar un precio de sangre, la ocupación británica tocará a su fin -aseguraba Gad-. Sé bien que es injusto. Que es inhumano. Que es cruel. Pero la elección no está en nuestras manos. Durante generaciones quisimos ser mejores, más puros que nuestros perseguidores. Ya conocen el resultado: Hitler, los campos de exterminio de Alemania. Bueno, ya estamos hartos de ser más justos que los que tienen la pretensión de hablar en nombre de la justicia. Ellos no invocaban la justicia cuando los nazis aniquilaban a la tercera parte de nuestro pueblo. Cuando se mata a los judíos, todo el mundo calla. Veinte siglos de nuestra historia lo prueban. No podemos contar con nadie salvo con nosotros mismos. Si hay que volverse injusto e inhumano para expulsar a los que son injustos e inhumanos con nosotros, lo seremos. No nos gusta sembrar la muerte. Hasta ahora hemos preferido siempre el papel de víctima al de verdugo. No matarás: ese mandamiento fue dado a la humanidad desde la cima de uno de los montes de Palestina. Fuimos los únicos en obedecerlo. Pero dejaremos de hacerlo. Seremos como todo el mundo. La muerte será, no nuestro oficio, sino nuestro deber. Durante los días, las semanas y los meses futuros, solo deben pensar en esto: matar a los que nos convierten en asesinos...Matarlos para que podamos volver a ser hombres...

verdugo

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