Frases de Dublineses

Dublineses

21 frases de Dublineses (Dubliners) de James Joyce, libro de 1914.... Colección de quince relatos cortos que constituyen una representación realista, y aun naturalista, en ocasiones sutilmente burlona, de las clases media y baja irlandesas.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de James Joyce son: clases sociales, independencia, infancia, irlanda, memorias, modernismo, realismo, relaciones personales.

Frases de James Joyce Libros de James Joyce

Frases de Dublineses James Joyce

01. Deseaba estar a solas con ella. Cuando todos se hubieran ido, cuando estuvieran solos él y ella en la habitación del hotel, entonces estarían juntos y a solas.

Hotel


02. Una ola de una alegría más tierna escapó de su corazón para correrle en cálido torrente por las arterias. Como el tierno calor de las estrellas, rompieron a iluminar su memoria.

Memoria


03. (...) Aquí estamos en el apacible Dublín donde nada se sabe de tales cosas. - ¡Cuán aburrido lo has de encontrar -dijo Little Chandler-, después de todos los sitios que has visto! -Bien -dijo Ignatius Gallaher-, es un descanso volver aquí, ¿Sabes? Y, sobre todo, es el viejo país, ¿No es eso lo que dicen? No puedes evitar ese tipo de sentimientos. Es la naturaleza humana...

Descanso


04. (...) Poseía un extraño hábito autobiográfico que lo llevaba a componer mentalmente una breve oración sobre sí mismo, con el sujeto en tercera persona y el predicado en tiempo pretérito.

Breve


05. No sabía si llegaría o no a hablarle, y si le hablaba, cómo le iba a comunicar mi confusa adoración. Pero mi cuerpo era un arpa y sus palabras y sus gestos eran como dedos que recorrieran mis cuerdas.

Dedos


06. No podía sentirla en la oscuridad ni su voz podía rozar su oído. Esperó unos minutos, tratando de oír. No se oía nada: la noche era de un silencio perfecto. Escuchó de nuevo: perfectamente muda. Sintió que se había quedado solo.

Oír


07. Al cabo de un cuarto de siglo de matrimonio albergaba muy pocas ilusiones. La religión era un hábito para ella, y no esperaba que un hombre de la edad de su marido fuera a cambiar mucho en lo que le quedara de vida.

Hábito


08. Su experiencia del mundo le había amargado el corazón. Pero no había abandonado toda esperanza. Una vez comido se sentía mejor que antes de haberlo hecho, menos indiferente ante su vida y con no tanta derrota en el espíritu.

Abandonado


09. Se sintió orgulloso y feliz entonces: feliz de estar con ella, orgulloso de su gracia y su porte señorial. Pero ahora, después de reavivar tantos recuerdos, el primer contacto con su cuerpo, armonioso y extraño y perfumado, produjo en él un agudo latido de lujuria.

Lujuria


10. El viejo abandonó la chimenea, se movió a tropezones por la sala, y regresó con un par de cirios que metió uno tras otro en el fuego, para llevarlos después a la mesa, iluminando una habitación vacía, ante la que el fuego perdió su alegre colorido.

Chimenea


11. Cuando nos cansamos del espectáculo caminamos despacio hasta el Ringsend. El día era ya bochornoso, y en los escaparates de las tiendas de ultramarinos se enranciaban unas pálidas galletas. Compramos unas galletas y chocolate y comimos con avidez atravesando las asquerosas calles donde viven las familias de los pescadores. No encontramos lechería alguna, así que le compramos una botella de limonada de frambuesa para cada uno a un vendedor ambulante.

Pescadores


12. Cada año que pasa siento de un modo más nítido que nuestro país no tiene tradición a la que deba más honor y con la que se sienta más celosamente comprometido que esa que procede de su hospitalidad. Una tradición que es única entre las naciones modernas, según me dicta mi experiencia (y he visitado no pocos lugares del extranjero). Quizá haya quien diga que se trata de una falta más bien que de algo de lo que debamos enorgullecernos. Pero incluso admitiendo tal cosa, se me ocurre que se trata de una falta principesca, de una falta que confío en que se vea largamente cultivada entre nosotros. De una cosa, por los menos, estoy seguro. Mientras este techo dé cobijo a las damas susodichas -y deseo de corazón que así sea por los años venideros-, la tradición de la genuina, calurosa y cortés hospitalidad irlandesa, transmitida por nuestros antepasados a nosotros, quienes de tal modo la transmitiremos a nuestros descendientes, vivirá entre nosotros.

Descendientes


13. Mi cuerpo era como un arpa y sus palabras y gestos eran como dedos corriendo sobre las cuerdas.

Cuerdas


14. Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida.

Audaz


15. Uno por uno convertidos en sombras. Mejor pasar temerariamente a ese otro mundo, en plena gloria de alguna pasión, que decaer y ajarse funestamente con la edad.

Edad


16. Ella lidiaba con los problemas morales como lidia el cuchillo con la carne: y en este caso ya se había decidido.

Cuchillo


17. Sintió la rectitud de su vida como una corrosión, se dio cuenta de que había sido proscrito de la alegría de vivir.

Alegría


18. (...) Pero ahora me sonó a cosa mala y llena de pecado. Me dio miedo y, sin embargo, ansiaba observar de cerca su trabajo maligno.

Pecado


19. Nunca había hablado con ella, si exceptuamos esas pocas palabras de ocasión, y, sin embargo, su nombre era como un reclamo para mi sangre alocada.

Ocasión


20. ¿Cuál es la razón de que palabras como éstas me resulten tan torpes y tan frías? ¿Será que no hay palabra lo suficientemente tierna para describirte?

Ternura


21. ¿Cuál es la diferencia entre un honesto albañil y un tabernero, eh? ¿Acaso un obrero no tiene tanto derecho a estar en la Corporación como cualquier otro?

Obrero

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