Frases de Doctor Zhivago - Página 2

23. La muerte no existe. La muerte no está en nosotros. Has hablado de inteligencia, y esto es otra cosa, una cosa nuestra, accesible para nosotros. La inteligencia, el talento, en el sentido más amplio y lato, es el don de la vida.

Perspicacia


24. Aquella estupidez y aquella marrullería estaban a la misma altura. Y ambas se manifestaban a través de un torrente de palabras, con una elocuencia inútil, inconsciente y confusa: precisamente todo eso de lo que la vida tiene tanta necesidad de liberarse.

Inútil


25. Y ahora a Moscú. Lo primero que hay que hacer es sobrevivir. No abandonarme al insomnio. No acostarme. Trabajar por la noche. Trabajar por la noche hasta el atontamiento, hasta que me rinda el cansancio. Y otra cosa: encender inmediatamente la estufa en la alcoba para no helarme.

Insomnio


26. Todo era bello, todo les sorprendía y, más que nada, aquel viejo cochero un poco ido, con su incansable charloteo, en quien las huellas de antiguos modismos rusos hoy desaparecidos, las aportaciones tártaras y los giros locales se mezclaban con oscuras palabras de su invención.

Rusos


27. Su criatura es la gloria. Pero lo mismo puede decirse de cada mujer. Su Dios está en su hijo. Las madres de los grandes hombres deben de experimentar esta sensación. Pero todas las madres son madres de grandes hombres y no tienen la culpa de que luego la vida las desilusione.

Mamá


28. En la plaza desembocaban pequeñas calles oscuras, en cuya profundidad podían descubrirse viejas casas torcidas. Las calles estaban enteramente cubiertas de barro, como en el campo: de él surgían altas cercas hechas con ramas de sauce, parecidas a nasas sumergidas en un estanque, o a cestas para pescar cangrejos.

Pescar


29. Todo hombre, al nacer, es un Fausto capaz de comprenderlo, probarlo y expresarlo todo. Sus predecesores y contemporáneos cometieron un error haciendo de Fausto un sabio. Cada paso dado hacia adelante en la ciencia obedece a la ley de la repulsión, echando abajo los errores dominantes y las falsas teorías.

Germen


30. Siempre es agradable que alguien sea distinto de como lo hemos imaginado. Pertenecer a un solo tipo significa el fin del hombre, su condena. Si, en cambio, no se sabe cómo catalogarlo, se escapa a una definición, es ya en gran parte un hombre vivo, libre de suyo, con una partícula de inmortalidad.

Distinto


31. El arte está siempre al servicio de la belleza y que la belleza es la felicidad de dominar la forma. La forma es el presupuesto orgánico de la existencia. Todo lo que está vivo debe, para existir, tener forma, y por esto el arte, incluso el arte trágico, es el relato de la felicidad de existir.

Deleite


32. ¡Cuántas veces se desea escapar de la necia y obtusa charlatanería de los hombres, y refugiarse en el aparente silencio de la naturaleza, en la muda cárcel de un largo y obstinado trabajo, en la esencia de un sueño profundo, de la verdadera música que nace del callado contacto del corazón con los sentimientos, que hace enmudecer de tanta plenitud!

Rumor


33. ¡Qué amor había sido el suyo, libre, extraordinario, que a ninguno podía compararse! Habían pensado y comprendídose como otros cantan. Se habían amado no porque fuera inevitable, no porque habían sido "arrastrados por la pasión", como suele decirse. Se amaron porque así lo quiso todo cuanto les rodeaba: la tierra a sus pies, el cielo sobre sus cabezas, las nubes y los árboles.

Amar y dejarse amar


34. Yo vivo en una populosa encrucijada de la ciudad. Moscú en verano, cegadora de sol, ardiendo en los asfaltos de sus patios, que lanza reflejos desde las ventanas de los pisos superiores y respira la floración de las nubes y de las calles, me rodea por todas partes y hace dar vueltas a mi cabeza, y quiere que para su gloria yo haga dar vueltas a las cabezas de los demás.

Moscú


35. Amo todo lo que hay en ti de particular, lo positivo y lo que no lo es, todos los aspectos comunes de tu persona, tan queridos en su extraordinaria combinación, tu rostro ennoblecido por una luz interior, un rostro que, sin esto, acaso no resultara bello, tu talento y tu inteligencia, que parecen haber ocupado el puesto de toda la voluntad que te falta. Todo lo tuyo es querido para mí y no conozco hombre mejor que tú.

Semblante


36. Aunque no te quisiera, aunque no me gustaras tanto, quisiera esconder a mí misma esta indiferencia y pensar igualmente en quererte. Sólo por temor a ese humillante y destructivo castigo que es no amar, me guardaría inconscientemente de darme cuenta de que no te amaba. Ni tú ni yo lo sabríamos nunca. Mi corazón me lo escondería porque no amar es casi un homicidio y no tendría fuerzas para inferir tal golpe a nadie.

Fin del amor


37. La calle que rumorea sin tregua día y noche, se halla estrechamente vinculada al alma contemporánea, como las primeras notas de una obertura cuando el telón del teatro, lleno de misterio y tinieblas, no se ha levantado aún, pero ya inciden sobre él las luces de los focos. La ciudad que rumorea y resuena incesantemente, sin tregua, al otro lado de las puertas y las ventanas, es para cada uno de nosotros la gran obertura de la vida.

Vivir en la ciudad


38. A la hora de la verdad, por ideas sólo se entiende su aspecto externo, la exaltación verbal de la revolución y de las autoridades constituidas. Eso desanima y deprime. Yo no me siento capaz. Acaso, en la realidad, tengan razón. Pero yo no puedo estar a su lado. Me es difícil conciliarme con la idea de que son héroes, almas elegidas y yo un alma mezquina e insignificante partidaria del oscurantismo y la servidumbre del hombre.

Servidumbre


39. Tú y yo somos como dos seres primitivos, Adán y Eva, que están en el principio del mundo y no tienen nada con que taparse. Ahora, a su fin, estamos igualmente despojados de todo y sin techo. Los dos somos el último recuerdo de lo que fue creado en el mundo como inconmensurablemente grande en muchos años transcurridos entre ellos y nosotros. En virtud de tales prodigios desaparecidos nosotros respiramos y amamos, y lloramos, y nos aferramos uno a otro, y nos estrechamos uno a otro.

Nuestro amor


40. Nadie hace la historia, la historia no se ve, como no se ve crecer la hierba. La guerra, la revolución, el rey, Robespierre, son sus estimulantes orgánicos, su levadura. La revolución la hacen los hombres activos, fanáticos sectarios, genios de la autolimitación. En pocas horas o en pocos días trastornan el viejo orden. Estas alteraciones duran semanas, o algunos años. Luego, durante decenios, durante siglos, los hombres veneran como una reliquia el espíritu de limitación que ha conducido a este trastorno.

Movimiento social


41. Y escúchame ahora con atención. El alma del hombre es justamente el hombre presente en los otros hombres. Eso es lo que eres, eso es lo que ha respirado, de lo que se ha alimentado y embriagado durante toda la vida tu conciencia. De tu alma, de tu inmortalidad, de tu vida en los demás. ¿Y qué? Has vivido en los otros y en los otros te quedarás. ¿Qué diferencia implica para ti que luego se llame recuerdo? Habrás entrado en la composición del futuro.

Inmortalidad


42. Pero yo te quiero. ¡Si pudieras sólo imaginar cómo te amo! Amo todo lo que hay en ti de particular, lo positivo y lo que no lo es, todos los aspectos comunes de tu persona, tan queridos en su extraordinaria combinación, tu rostro ennoblecido por una luz interior, un rostro que, sin esto, acaso no resultara bello, tu talento y tu inteligencia, que parecen haber ocupado el puesto de toda la voluntad que te falta. Todo lo tuyo es querido para mí y no conozco hombre mejor que tú.

Te amo


43. ¡Rehacer la vida! Así sólo puede pensar la gente que acaso lo haya pasado muy mal, que jamás conoció la vida, ni sintió su espíritu y su alma. Para esos la vida es un puñado de materia en bruto a la que no ha ennoblecido con su contacto y que por eso necesita una nueva elaboración. Pero la vida no es una materia, una sustancia. Le diré para que lo sepa que es un elemento que continuamente se renueva y reelabora. Externamente se rehace y recrea, y está muy por encima de todas nuestras obtusas teorías.

Resiliencia


44. ¿Qué será de tu conciencia? Pero ¿Qué es la conciencia? Veamos. Desear conscientemente dormir es verdadero insomnio, intentar conscientemente advertir el trabajo de la propia digestión es ir en busca de un trastorno de tipo nervioso. La conciencia es un veneno, un instrumento de autointoxicación para el individuo que la aplica a sí mismo. La conciencia es luz dirigida hacia afuera y que ilumina el resto del camino ante nosotros para evitar que tropecemos. La conciencia es el faro encendido en la parte delantera de la locomotora en marcha. Dirige la luz hacia el interior y se producirá la catástrofe.

Individualidad

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