Frases de De amor y de sombra

De amor y de sombra

22 frases de De amor y de sombra de Isabel Allende, libro de 1984.... Historia de una mujer y un hombre que se amaron en plenitud. El amor entre Irene y Francisco es un alegato apasionado a favor de la fe en la libertad y la dignidad.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Isabel Allende son: autoritarismo, derechos humanos, dictadura, dignidad del ser humano, exilio, fuerza de la pasión, libertad personal, realismo mágico.

Frases de Isabel Allende Libros de Isabel Allende

Frases de De amor y de sombra Isabel Allende

01. La memoria de la carne es frágil.

Frágil


02. Sólo tendréis el presente. No perdáis energía llorando por el ayer o soñando con el mañana.

Energía


03. Las fotografías engañan al tiempo, suspendiéndolo en un trozo de cartón donde el alma queda bocabajo, decía.

Fotografía


04. Lo puedo leer en tus ojos, vienes de una noche de amor.

Ojos


05. El orgullo de quien se cree hermosa daba a su andar un ritmo insolente.

Ritmo


06. Su vida estaba hecha de ruinas encadenadas sin variantes, salvo aquellas marcadas por las estaciones. Sólo existía trabajo y cansancio para ella.

Cansancio


07. La nostalgia desgasta y aniquila, es el vicio de los desterrados.

Desgaste


08. Compartieron una alegre relación y no la llamaron amor.

Alegre


09. Ante la imposibilidad de eliminar la miseria, se prohibió mencionarla. Las noticias de la prensa eran tranquilizadoras, vivían en un reino encantado.

Noticias


10. Tenía un pie en la ilusión obligada y otro en la realidad secreta.

Pie


11. Largamente, sin apuro, en la paz de la noche habitó en ella deteniéndose en el umbral de cada sensación, saludando al placer, tomando posesión al tiempo que se entregaba.

Sensación


12. Se reunían un par de veces al año en cualquier punto del mapa para vivir unos días de ilusión y regresar luego con el cuerpo agradecido y el alma alborozada.

Mapa


13. Colocaron una tapa hermética sobre la realidad y dejaron que abajo fermentara un caldo atroz, juntando tanta presión que cuando estallara no habría máquinas de guerra ni soldado suficientes para controlarlo.

Máquinas


14. Por fin amaneció. Avanzó la aurora como una flor de fuego y retrocedió lentamente la oscuridad. El cielo se aclaró y la abrumadora belleza del paisaje surgió ante sus ojos como un mundo recién nacido.

Paisaje


15. La besó en la mejilla lo más cerca posible de la boca, deseando con pasión permanecer a su lado eternamente para preservarla de las sombras. Olía a yerbas y tenía la piel fría. Supo que amarla era su destino inexorable.

Estar a su lado


16. El terror, lejos de propiciar el orden como le enseñaron en los cursos para oficiales, había sembrado un odio cuya cosecha sería fatalmente mayor violencia. Sus años de carrera militar le dieron un profundo conocimiento de la Institución y decidió emplearlo para derrocar al General.

Militar


17. La tensión se aflojó poco a poco. Ella tomó entre sus manos la oscura cabeza de su amigo y lo miró. Sonrieron aliviados, divertidos, temblorosos, seguros de que no intentarían una aventura fugaz porque estaban hechos para compartir la existencia en su totalidad y emprender juntos la audacia de amarse para siempre.

Tensión


18. Para Francisco la relación de Irene con su novio era apenas la suma de dos soledades y de muchas ausencias. Decía que cuando tuvieran ocasión de permanecer juntos durante un tiempo, ambos comprenderían que sólo los unía la fuerza del hábito. No había urgencia alguna en ese amor, sus encuentros eran apacibles y demasiado largas sus separaciones.

Urgencia


19. Ella se consideraba a sí misma como un cometa navegando en el viento y, asustada de su propio motín interior, cedía a veces a la tentación de pensar en alguien que pusiera freno a sus impulsos; pero esos estados de ánimo le duraban poco. Cuando meditaba en su futuro se tornaba melancólica, por eso prefería vivir desaforada mientras le fuera posible.

Ánimo


20. El ardor de ese beso no los abandonó en muchos días y llenó de fantasmas delicados sus noches, dejando su recuerdo en la piel, como una quemadura. La alegría de ese encuentro los transportaba levitando por la calle, los impulsaba a reír sin causa aparente, los despertaba sobresaltados en la mitad de un sueño. Se tocaban los labios con las puntas de los dedos y evocaban exactamente la forma de la boca del otro.

Dedos


21. Ella no se ajustaba al modelo de esposa de un oficial de alta graduación, estaba segura de no serlo nunca, aunque se diera vuelta al revés como un calcetín. Suponía que si no se conocieran desde la niñez, jamás se habría enamorado de él y posiblemente ni siquiera hubieran tenido ocasión de encontrarse, porque los militares viven en círculos cerrados y prefieren casarse con hijas de sus superiores o hermanas de sus compañeros, educadas para novias inocentes y esposas fieles, aunque no siempre las cosas resultaran así.

Esposa


22. Ella notó el cambio en su respiración, levantó la cara y lo miró. En la tenue claridad de la lunacada uno adivinó el amor en los ojos del otro. La tibia proximidad de Irene envolvió a Francisco como un manto misericordioso. Cerró los párpados y la atrajo buscando sus labios, abriéndolos en un beso absoluto cargado de promesas, síntesis de todas las esperanzas, largo, húmedo, cálido beso, desafío a la muerte, caricia, fuego, suspiro, lamento, sollozo de amor. Recorrió su boca, bebió su saliva, aspiró su aliento, dispuesto a prolongar aquel momento hasta el fin de sus días, sacudido por el huracán de sus sentidos, seguro de haber vivido hasta entonces nada más que para esa noche prodigiosa en la cual se hundiría para siempre en la más profunda intimidad de esa mujer.

Gemido

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