Frases de Capitán de mar y guerra

Capitán de mar y guerra

23 frases de Capitán de mar y guerra (Master and commander) de Patrick O'Brian, libro de 1970.... Historia de una amistad en medio de la guerra. El teniente Jack Aubrey, el médico Stephen Maturin y el primer teniente James Dillon logran hazañas navales a bordo de "Sophie".

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Patrick O'Brian son: amistad, aventura marina, batalla naval, ficción de la marina real británica, ficción histórica, guerras napoleónicas, navegación a vela, operaciones militares.

Frases de Patrick O'Brian

Frases de Capitán de mar y guerra Patrick O'Brian

01. ¡Me siento tan feliz de que por fin tengas barco!

Barco


02. La Armada se expresa por medio de símbolos, y a las palabras puede usted darles el significado que prefiera.

Símbolo


03. ¿Y no das valor al patriotismo? -Querido amigo, ya he acabado con la discusión. Pero sabes tan bien como yo que patriotismo es sólo una palabra. Y generalmente acaba significando o bien mi país, con razón o sin ella, lo cual es odioso, o bien mi país siempre tiene la razón, lo cual es una imbecilidad.

Patriotismo


04. Todo el que por cobardía, negligencia o descontento se abstenga de perseguir a los enemigos, piratas o rebeldes, vencidos o fugados... Sufrirá pena de muerte.

Pena de muerte


05. "¿Le tiene mucho apego al dinero?", preguntó Stephen. "Lo amo apasionadamente", dijo Jack. Y en su voz se notaba su sinceridad. "Siempre he sido pobre, y anhelo ser rico".

Rico


06. Un corsario tiene una motivación diferente a la de un marino. Un corsario no lucha por honor, sino por obtener ganancias. Es un mercenario.

Mercenarios


07. Pasé gran parte de mi juventud en Barcelona con mi tío y en Lérida con mi abuela, en el campo. Debo de haber vivido más tiempo en Cataluña que en Irlanda; de modo que cuando regresé a mi país para ir a la universidad, los problemas de matemáticas los hacía en catalán, porque los números en esa lengua acudían a mi mente con más naturalidad.

Barcelona


08. Debo impedir que persista esta fuerte tendencia a mostrar obstinación y hostilidad, a actuar con resentimiento (fomentada en gran manera por la falta de actividad); pero también debo confesar que aunque los aprecio mucho, los mandaría a los dos al diablo, con sus ínfulas, su egocentrismo, su amor propio desmesurado y la insistente incitación del uno al otro a realizar notables proezas que podrían provocar innecesariamente su muerte. Y no solamente la suya , que es cosa de ellos, sino también la mía, e incluso la del resto de la dotación.

Obstinación


09. Días y noches de increíble perfección. Noches en que la brisa jónica era estable y abombaba la vela cuadra mayor -se sucedían las guardias sin que hubiera que tocar ni una braza- y Jack y él permanecían en cubierta rascando sin parar sus instrumentos, entregados a la música, hasta que las gotas de rocío desafinaban las cuerdas. Y días en que el amanecer era tan hermoso y había tanta quietud que los hombres casi no se atrevían a hablar.

Increíble


10. El almirante no veía ni la más mínima posibilidad de promoción a un empleo superior, aunque él no debía tomárselo demasiado a pecho, pues muchos marinos ni siquiera llegaban nunca a capitán y, por otra parte, los capitanes constituían un cuerpo respetable. Pero un barco de línea no podía ser confiado a un hombre obstinado que, formando parte de una flota, pudiera entablar una batalla según sus propias nociones de estrategia.

Capitán


11. Sin embargo, había pocos estómagos que se llenaran con ganas en la Sophie aquella resplandeciente mañana; la impaciencia había provocado una especie de rigidez que impedía a la harina de avena y las galletas bajar suavemente y con continuidad; e incluso el aroma del café recién tostado y molido se desperdiciaba en el alcázar, donde los oficiales analizaban los respectivos rumbos y velocidades y los posibles puntos de convergencia: dos fragatas a barlovento, una costa hostil a sotavento y la posibilidad de abrigarse en una ensenada. Eso era suficiente para acallar cualquier apetito.

Impaciencia


12. Lo siento, pero usted no debe insistir ni protestar, pues sería rebelión, ¿Sabe usted? , y lo colgarían por ello. Si usted sube al falucho, aunque no nos contagie la enfermedad, tendríamos que navegar con bandera amarilla hasta Mahón, y usted sabe lo que eso significa. Significa, ni más ni menos, pasar cuarenta condenados días en la isla de la cuarentena y recibir un disparo si uno intenta saltar la empalizada. Además, tanto si usted trae a bordo la enfermedad como si no, la mitad de la tripulación se moriría de miedo.

Tripulación


13. ¿No crees que ocurre muy frecuentemente que a la hora de la comida uno está contento (...) y cuando llega la hora de la cena uno se pregunta por qué Dios hizo el universo?

Cena


14. Por un momento sintió unas ganas enormes de coger la silla dorada y estamparla contra la cabeza de aquel hombre de tez blanca, pero dando muestras de tolerancia y civismo lo dejó pasar...

Civismo


15. ¿Cómo podría medirse la emoción? No puede medirse. Es un concepto; un concepto muy valioso, sin duda. Pero, querido amigo, ¿Cómo haría usted la medición? No puede medirse. Y la ciencia es medida, no hay conocimiento sin medida.

Modelos


16. "(...) Es una expresión que usamos en la Marina. Esto es un galón", dijo señalando su charretera, "y la primera vez que embarcamos los mojamos, es decir, nos tomamos una o dos botellas de vino".

Vaso


17. (...) Estaba junto a un soldado tratando de explicarle las tácticas navales, posición a barlovento, romper la línea y otras, y en una de las pausas se inclinó hacia nosotros y con una sonrisa dijo: "No se preocupe por las maniobras, vaya siempre a por ellos".

Táctica


18. Su tripulación había terminado por parecerse a su capitán, un buen marino, formal, reservado, prudente y nada agresivo, que nunca izó las sobrejuanetes, tan valiente como podía esperarse al ser atacado, pero todo lo contrario de un corsario de Sallee. "Si hubiera combinado la disciplina con el arrojo de un corsario de Sallee", dijo Jack.

Tripulación


19. Un cañón de cuatro libras puede no lanzar una gran cantidad de metal, ni atravesar dos pies de roble a media milla de distancia, como lo hace uno de treinta y dos libras, pero lanza una sólida bala de hierro colado de tres pulgadas y media a mil pies por segundo, lo que es algo desagradable de recibir. Y el propio cañón es una máquina formidable. Tiene un cilindro de seis pies de largo, pesa doce quintales y se apoya en un carro de roble macizo. Y al dispararlo se desplaza hacia atrás con violencia como si tuviera vida.

Cañón


20. Tal vez no tenga que recordarle que un bergantín no es una fragata ni un navío de línea... Dijo el contador cordialmente, "pero cuando usted se haya pasado en el mar tanto tiempo como yo, (...), sabrá que se necesita bastante más que ser un marino experto para ser un buen capitán. Cualquier maldito marinero puede gobernar un barco en la tormenta", continuó en tono despectivo, "y cualquier ama de casa en calzones puede mantener limpias las cubiertas, e incluso las entrecubiertas, pero se necesita tener cabeza» -se daba golpecitos en la suya- "y gran sensatez y estabilidad, así como dotes de mando, para ser el capitán de un navío de guerra. Y esas cualidades no se encuentran en el primero que pasa".

Marinero


21. Durante diez minutos la dotación de la Sophie estuvo hormigueando por la cubierta superior y las cofas. Jack observaba tranquilo desde detrás del timón, mientras Dillon lanzaba órdenes y los oficiales y guardiamarinas se precipitaban a cumplirlas con vehemencia, atentos a la mirada del capitán y conscientes de que su ansiedad no mejoraba las cosas. Jack esperaba que hubiera confusión, aunque no tan terrible como aquella, pero su innato sentido del humor e incluso el placer de sentir el revuelo que se había formado en aquella máquina bajo su control, a causa de la inexperiencia, superaron otras emociones más justificadas. "¿Por qué se comportan así?", preguntó Stephen junto a él. "¿Por qué corren de un lado a otro con tanto afán?". "El objetivo es que cada hombre sepa exactamente adonde debe dirigirse en caso de acción de guerra o en una emergencia", dijo Jack.

Inexperiencia


22. Cuando la revolución en Francia acabó en un absoluto fracaso, yo ya me sentía tan decepcionado como nadie es capaz de imaginar. Y ahora, después de lo que he visto en el 98, en las dos partes, la de los malos fuera de juicio y la de los malos crueles y brutales, me quedé tan harto de las acciones que los hombres realizan en masa y de las causas, que no daría ni un paso para reformar el Parlamento ni para evitar la unión ni para provocar que llegara el milenario. A mí personalmente -ésta es sólo mi verdad- el hombre como parte de un movimiento o de una multitud me es totalmente indiferente; es inhumano. Y no me siento atado a las naciones ni a los nacionalismos. Sólo experimento sentimientos -cualesquiera que sean- hacia los hombres como individuos; mi lealtad, toda la que puedo ofrecer, sólo es hacia personas concretas.

Inhumano


23. -Me han dicho que voy a ser juzgado por la pérdida de la Sophie. -En teoría tienen razón, desde luego. El proceso, oficialmente, recibe el nombre de juicio del capitán, los oficiales y tripulación del barco. Se les pregunta formalmente a los oficiales si tienen alguna acusación contra el capitán, y al capitán si tiene alguna contra los oficiales; pero obviamente, lo que se juzga es mi conducta. No tiene nada de qué preocuparse, se lo aseguro, le doy mi palabra. Nada en absoluto. - "¡Oh! Me declararé enseguida culpable", dijo Stephen. "Y añadiré que en aquel instante estaba sentado en el depósito de la pólvora con un farol sin cristal, que deseaba la muerte del Rey, dilapidaba los medicamentos, fumaba tabaco y hacía un uso fraudulento de las raciones de la enfermería. ¡Qué absurda tontería!" -se rió a gusto- "Me sorprende que un hombre tan sensato como usted le dé importancia a ese asunto".

Capitán

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