Frases de Capital

Capital

25 frases de Capital (Capital) de John Lanchester, libro de 2012.... Libro de John Lanchester.

Frases de John Lanchester

Frases de Capital John Lanchester

01. Desde el punto de vista moral no es posible ser demasiado buenos; pero desde el punto de vista de la experiencia cotidiana, cuando seguimos nuestro camino y exigimos nuestra ración de las cosas buenas del mundo, hay una forma de ser buenos que no nos sirve.

Moral


02. Un tumor cerebral no es una forma de cáncer. Pero usted tiene un tumor y lamento decirle que hay indicios de que está creciendo.

Cáncer


03. La persona que se preocupa por otra lo vive como una forma de amor; La persona objeto de la preocupación lo vive como una forma de control.

Control


04. Saber que uno se ha equivocado, y de qué manera, no era lo mismo que saber cómo rectificar.

Equivocación


05. Tenía una sencilla máxima para todas las situaciones competitivas o de confrontación: averiguar qué es lo que menos espera la otra parte y hacerlo. Liberar emociones era bueno, pero la mejor maniobra era ponerle las cosas difíciles a la persona que quería ponértelas a ti.

Competición


06. (...) Pero lo que había hecho que se enamorase de ella, enamorarse perdidamente, era que parecía una mujer serena, callada y triste. Rodeada por ruidosos banqueros que no paraban de exhibirse y por sus avasalladoras, avarientas, ansiosas o competitivas cónyuges, la joven parecía de otro mundo; De un mundo donde la gente cargaba con sus propias responsabilidades; Un mundo más grandioso, más real y más honorable.

Enamorarse


07. Se oía decir a la gente que tener cuarenta años era como volver a los treinta, que tener cincuenta era como volver a tener cuarenta y que tener sesenta era como volver a los cuarenta y cinco, pero nadie decía que tener ochenta fuese volver a ninguna otra edad. Ochenta años eran ochenta años.

Años


08. El bar estaba atestado a pesar de ser martes por la noche, aunque la verdad es que siempre estaba de bote en bote, como todo en aquella parte de la ciudad.

Bar


09. Londres tenía mucha vida, era además muy verde y estaba llena de detalles: llena de materia forjada, comprada, situada, arreglada, formada, limpiada y expuesta, como si toda la ciudad estuviese en venta.

Londres


10. Los humanos forjan su propia historia, pero no en circunstancias elegidas por ellos.

Circunstancias


11. Fue como si de pronto comprendiera que había llegado su turno de envejecer, de percibir que el mundo cambiaba, que se apartaba de las antiguas formas de ser y comportarse, y una pasaba a ser una extraña en el lugar donde vivía.

Envejecer


12. La planificación y preparación adecuadas impiden el rendimiento defectuoso.

Planificación


13. Las personas rompían. Era difícil, pero sucedía todo el tiempo. Las personas sostenían discusiones finales, definitivas, y se decían cosas que no podían desdecirse; las personas despertaban una mañana y se daban cuenta de que no podían proseguir con aquella vida tal como estaba organizada. Las personas llegaban a la conclusión de que ya no estaban enamoradas y en consecuencia se marchaban. Y a veces, además, de manera amistosa.

Separación


14. Estaba más gordo, más pálido, y era más prosaico. Como si viviera exclusivamente de carbohidratos y resentimiento.

Resentimiento


15. No estaba inquieto por algo que le hubieran hecho, sino por algo que había hecho él.

Hecho


16. Por desgracia, decirse a uno mismo que estaba sometido a un código estilo samurái no contribuía a reducir la resaca.

Resaca


17. Nadie podía pasar su vida entera sometido a la clave de las cosas. No había clave de las cosas. Las cosas sólo eran cosas. Nadie podía vivir según ellas ni para ellas.

Sumisión


18. Como los suyos eran operadores, es decir, comerciantes, y los comerciantes, en teoría, debían ser competitivos, ambiciosos y agresivos -un operador que no fuese estas cosas sería una mierda en su trabajo-, los obligaba a hacer cosas que iban a favor de la corriente. Nada de aumento de la cooperatividad o de la conciencia, nada de retiros para hacer meditación budista.

Comerciantes


19. (...) Quien tuviera que ponerse traje para trabajar, moría un poco por dentro todos los días.

Traje


20. (...) Era el espíritu libre de la familia kamal: un soñador, un idealista, un trotamundos, o, como decía (...), un vago y un inútil.

Idealista


21. La idea del lujo, incluso la palabra "lujo", era importante para ella. Lujo significaba algo caro por definición, pero tan bonito, tan encantador, que no importaba, en realidad era tan encantador que el encarecimiento era parte de su razón de ser, parte de la diferencia entre la gente que no se podía permitir cierta cosa y la minoría selecta que no sólo podía, sino que además entendía que fuera deseable pagar mucho por ella. Arabella sabía que había personas desconsideradamente ricas que se lo podían permitir todo; ella no se consideraba tal, pero sí miembro de una minoría privilegiada que conocía el valor del dinero y se podía permitir lo que deseaba; y conocer el valor del dinero añadía un sabor especial al drama de los precios elevados. Amaba las cosas caras porque sabía lo que significaba el encarecimiento. Su comprensión de los significantes era total.

Lujo


22. Las amistades podían ser un tema delicado: se necesitaban amistades que pensaran igual. Y que tuvieran dinero para comportarse en consecuencia.

Dinero


23. En tiempos difíciles, como en la vida en general, lo mejor era aceptar las cosas como venían.

Grandes problemas


24. (...) También era consciente de la paradoja de que él, que valoraba su libertad y su disposición a buscar la verdad, había conocido las más altas cotas de felicidad cuando había tenido un objetivo concreto, un sentido del deber y la obligación, y una intención definida.

Obligación


25. (...) Otras simplemente se obsesionaban con la idea de que habían cometido un error fatal. Habían cometido una equivocación irreversible yendo a Inglaterra y nunca recuperarían su vida: vida que nunca más volvería a ser vida, sólo la historia del tremendo error que habían cometido.

Inglaterra

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