Frases de Aspectos de una novela

Aspectos de una novela

8 frases de Aspectos de una novela (Aspects of the novel) de Edward Morgan Forster, libro de 1927.... Recopilación de conferencias impartidas por el autor en el Trinity College de Cambridge en 1927, donde destaca los siete aspectos universales de la novela: historia, personajes, trama, fantasía, profecía, patrón y ritmo.

Los principales temas, lugares o acontecimientos históricos que destacan en el libro de Edward Morgan Forster son: crítica literaria, escritos sobre literatura, historia de la literatura, libros sobre libros, proceso de creación literaria, ser escritor, sobre el oficio de escribir.

Frases de Edward Morgan Forster Libros de Edward Morgan Forster

Frases de Aspectos de una novela Edward Morgan Forster

01. Retengamos la idea de lucha: toda acción es una batalla; la única felicidad es la paz.

Batalla


02. La prueba final de una novela será el cariño que nos inspire; la misma prueba que hacemos a nuestros amigos y a todas esas otras cosas que no podemos definir.

Novela


03. Todo el mundo nace, pero nadie recuerda cómo. La muerte sobreviene como el nacimiento, pero tampoco sabemos de qué modo. Nuestra experiencia última, al igual que la primera, es conjetural. Nos movemos entre dos oscuridades.

Nacimiento


04. Pero una persona no habla con plena sinceridad consigo mismo (ni siquiera consigo mismo); la felicidad o el sufrimiento que secretamente siente proceden de causas que no puede explicar del todo, pues tan pronto como las eleva al plano de lo explicable pierden su cualidad original.

Sinceridad


05. (...) La belleza debe parecerlo; es la emoción que mejor le sienta a su semblante. Botticelli lo sabía cuando la pintó surgiendo de las olas entre los vientos y las flores. La belleza, que no parece sorprendida, que acepta su condición como algo que se le debe, nos recuerda demasiado a una prima donna.

Semblante


06. Ya que el propio novelista es un ser humano, se da una afinidad entre él y su tema de estudio que no existe en muchas otras formas de arte. El historiador está también ligado a su objeto de estudio, aunque, como veremos, menos íntimamente. El pintor y el escultor no necesitan estar ligados, es decir, no tienen por qué representar seres humanos -a menos que así lo deseen-, como tampoco el poeta, y, por último, el músico no puede representarlos aun si lo desea, a no ser con la ayuda del programa.

Novelista


07. El novelista, a diferencia de muchos de sus colegas, inventa una serie de masas de palabras que le describen a sí mismo en términos generales (en términos generales: las sutilezas vendrán más tarde), les da un nombre y un sexo, les asigna gestos plausibles y les hace hablar entre guiones y portarse, a veces, de una manera consecuente. Estas masas de palabras son sus personajes. Así pues, no acuden a su mente de una manera fría; pueden ser creados en un estado de excitación delirante; incluso su naturaleza está condicionada por lo que él imagina de la otra gente y de él mismo y se ve además modificado por los demás aspectos de su obra.

Novelista


08. Definamos el argumento. Hemos descrito la historia como una narración de sucesos ordenada temporalmente. Un argumento es también una narración de sucesos, pero el énfasis recae en la casualidad. Una historia es: "El rey murió y luego murió la reina". Un argumento es: "El rey murió y luego la reina murió de pena". Se conserva el orden temporal, pero se ve eclipsado por la sensación de causalidad. O también: "La reina murió, nadie sabía por qué, hasta que se descubrió que fue de pena por la muerte del rey". Este es un argumento con misterio, forma que admite un desarrollo superior. Suspende el orden temporal y se distancia de la historia tanto como lo permiten sus limitaciones. Consideremos la muerte de la reina. Si es una historia, preguntaremos: " ¿Y luego, qué pasó? " Si es un argumento, preguntaremos: " ¿Por qué? " Esta es la diferencia fundamental entre estos dos aspectos de la novela. Un argumento no puede contarse a un público de trogloditas boquiabiertos, ni a un sultán tiránico, ni a un público del cine, su moderno descendiente. A éstos sólo les mantiene despiertos el "y luego..., y luego..."; no pueden aportar más que curiosidad. Y un argumento exige inteligencia y memoria.

Argumento

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