Frases de tercer reich

01.¿Quién no es nacionalsocialista si lo apuntan con una pistola en la cabeza?"Violetas de marzo"(1989), Philip Kerr

Philip Kerr


02.Es increíble hasta qué punto, en lo concerniente a la política del Tercer Reich, y especialmente en lo que tiene de más aterradora, siempre podemos encontrar a Heydrich en pleno centro."HHhH"(2010), Laurent Binet

Laurent Binet


03.(...) Sostuvo que el poder ofensivo de Japón se había debilitado y que la derrota de Tokio era segura si Alemania se rendía; pero si se permitía que los alemanes derrotasen a los soviéticos, el Tercer Reich podía volverse impenetrable."Un ejército al amanecer"(2002), Rick Atkinson

Rick Atkinson


04.Todo induce a pensar que, bajo el Tercer Reich, la mejor elección, la elección impuesta desde arriba, era la que llevaba consigo la mayor aflicción, la máxima carga de sufrimiento físico y moral. El "enemigo" no sólo debía morir sino morir en el tormento."Los hundidos y los salvados"(1986), Primo Levi

Primo Levi


05.(...) Me explicaba llena de orgullo que nos encontrábamos en el lugar de europa central donde el aire era más puro, más aún que en Ouholicky y en Podmorání, cerca de Praga, que ésta era la primera estación europea de cría eugenésica que el partido nacionalsocialista había instalado para desarrollar la más noble raza alemana, a base de entrecruzar científicamente a las jóvenes de pura raza aria con los soldados cuidadosamente escogidos entre las filas de las SS y de la Wehrmacht; en este centro se realizaban cada día coitos nacionalsocialistas basados en la idea del coito de los antiguos germanos, aquí futuras madres llevaban en las entrañas al nuevo hombre europeo, a los niños nacidos aquí los mandaban al cabo de un año al Tirol, a Baviera, a la Selva Negra o a cualquier otro lugar del Reich, donde en los parvularios y en las escuelas debían recibir la educación del hombre nuevo."Yo, que he servido al rey de Inglaterra"(1971), Bohumil Hrabal

Bohumil Hrabal


06.En el otoño de 1946, las hojas otoñales cayeron por tercera vez después del famoso discurso de Churchill sobre la inminente caída de las hojas. Era un otoño triste, con lluvia y frío, con crisis de hambre en el Ruhr y hambre sin crisis en el resto del antiguo Tercer Reich. Durante todo el otoño llegaron trenes a las zonas occidentales con refugiados del Este. Gente haraposa, hambrienta e indeseada se apretujaba en la fétida oscuridad de las barracas ferroviarias de mercancías, o en los altos y enormes blinkers sin ventanas, semejantes a esos depósitos de gas rectangulares, y que emergen como colosales monumentos erigidos en honor de la derrota en las arrasadas ciudades alemanas. Esa gente, aparentemente insignificante, marcó de amargura y rencor ese otoño alemán, a pesar de su silencio y de su pasiva claudicación. Adquirieron importancia por el simple hecho de llegar incesantemente y por ser numerosos. Quizás adquirieron importancia no a pesar de su silencio sino gracias a él, ya que nada expresado puede estar tan cargado de amenazas como lo no expresado."Otoño alemán"(1947), Stig Dagerman

Stig Dagerman