Frases de Sonderkommando

El juicio divino existe, y existe también el tribunal del Estado, de la sociedad; pero existe un juicio supremo y es el juicio de un pecador sobre otro pecador. El hombre que ha pecado conoce la potencia del Estado totalitario, que es infinitamente grande; sirviéndose de la propaganda, el hambre, la soledad, el campo, la amenaza de muerte, el ostracismo y la infamia, esa fuerza paraliza la voluntad del hombre pero en cada paso dado bajo la amenaza de la miseria, el hambre, el campo y la muerte, se manifiesta siempre, al mismo tiempo que lo condicionado, la libre voluntad del hombre. En la trayectoria vital recorrida por el jefe del Sonderkommando, del campo a las trincheras, de la condición de hombre sin partido a la de miembro consciente del partido nacionalsocialista, siempre y por doquier estaba impresa su voluntad. El destino conduce al hombre, pero el hombre lo sigue porque quiere y es libre de no querer seguirlo. El destino guía al hombre, que se convierte en un instrumento de las fuerzas de destrucción, pero cuando eso sucede no pierde nada; al contrario, gana. Este lo sabe y va allí donde le esperan las ganancias; el terrible destino y el hombre tienen objetivos diversos, pero el camino es uno solo.

Frases de Vasili Grossman


Cuando estaban a punto de liberar el campo, los judíos del Sonderkommando pensaron que los alemanes acabarían con ellos, así que se amotinaron en los crematorios. Después prendieron fuego a los edificios de los crematorios, cortaron la alambrada y echaron a correr a campo traviesa. Los SS les dispararon con sus ametralladoras. No se salvó ninguno. ¡Qué extraña ironía del destino!

Frases de Tadeusz Borowski


No menos extraña me parecía la conducta de los hombres de los Sonderkommandos. Ellos sabían perfectamente que, al término de aquella operación, sufrirían la misma suerte que los millares de hombres de su raza que habían ayudado a exterminar. Con igual indiferencia retiraban los cuerpos de las cámaras de gas, les arrancaban los dientes de oro, les cortaban el pelo y los arrastraban hasta la fosa común o a los hornos crematorios. Mantenían vivo el fuego en los montones de cadáveres, removiéndolos para que llegara el aire. Todas esas tareas las ejecutaban con aire de total indiferencia, como si se tratara de algo absolutamente normal. Comían y fumaban mientras arrastraban los cadáveres. No renunciaban a sus comidas, ni siquiera cuando tenían que ejecutar el trabajo más horrible: incinerar los cuerpos que habían quedado amontonados durante un tiempo en las fosas comunes.

Frases de Rudolf Hoess


(...) Fui testigo presencial de uno de estos casos. Al sacar un cadáver de la cámara de gas, un hombre del comando especial hizo un gesto de sorpresa y se quedó petrificado; pero enseguida alcanzó a sus camaradas arrastrando el cadáver. Pregunté de inmediato al Kapo qué había pasado y descubrí que el judío había descubierto a su mujer entre los cadáveres. Me quedé un buen rato observándolo, sin notar en él nada raro; él continuaba arrastrando sus cadáveres. Cuando más tarde volví cerca del comando, lo vi comiendo con sus compañeros, como si tal cosa. ¿Había logrado dominar su emoción o en verdad se había vuelto indiferente a una tragedia como aquélla? Siempre me he preguntado cómo hacían esos judíos del Sonderkommando para hallar en su interior la fuerza necesaria para cumplir día y noche su horrible faena. ¿Esperaban que un milagro los salvara, estando ya a las puertas de la muerte? ¿O se habían vuelto demasiado cobardes, demasiado inhumanos, después de haber visto tantos horrores, para poner fin a sus días y escapar a tan atroz existencia? Por mucho que lo piense, nunca logro encontrar una explicación a su conducta.

Frases de Rudolf Hoess


Por aquel entonces, los hombres que quedaban del Sonderkommando tuvieron que ir a dormir al campo de los hombres, en cuanto los trabajos de desmantelamiento llegaron al tejado del crematorio. Volvimos pues al barracón aislado del campo de los hombres, donde habíamos pasado las primeras noches como Sonderkommandos. En el barracón apenas éramos dieciséis, no nos faltaba pues lugar para guardar nuestras cosas. Seguíamos teniendo formalmente prohibido ponernos en contacto con los demás prisioneros. En general, el SS nos llevaba hasta la entrada del sector del campo de los hombres y encargaba a uno de los nuestros que se asegurara de que nadie salía del barracón. Si, a pesar de todo, alguien salía, el hombre encargado de la vigilancia era también severamente castigado.

Frases de Shlomo Venezia


¿Cómo consideraban los demás prisioneros, en el campo, a los miembros del Sonderkommando? No mantuve contacto alguno con los demás prisioneros del campo, de modo que realmente no lo sé. Nunca fui a buscar la sopa y nunca estuve en el campo de las mujeres. La cuestión no se planteaba cuando estábamos en el campo. En cambio, supe más tarde que algunos envidiaban lo que nosotros podíamos tener de más. Otros pensaban que teníamos parte de responsabilidad en lo que ocurría en el Crematorio. Pero es totalmente falso: sólo los alemanes mataban. Nosotros éramos obligados, mientras que los colaboracionistas, por lo general, son voluntarios. Es importante escribir que no teníamos elección. Quienes se negaban eran ejecutados en el acto de un tiro en la nuca. Para los alemanes, no era grave; mataban a diez y llegaban otros cincuenta. Para nosotros, era necesario sobrevivir, tener comida... No había salida posible. Para nadie. Además, no podíamos razonar con nuestro cerebro y pensar en lo que ocurría... Nos habíamos convertido en autómatas.

Frases de Shlomo Venezia


El barracón del Sonderkommando era semejante a todos los demás, salvo que estaba rodeado de alambradas de espino y por un muro de ladrillos que nos aislaban de los demás barracones del campo de los hombres. No podíamos comunicarnos con los demás prisioneros. Pero no permanecimos allí mucho tiempo pues, al cabo de una semana poco más o menos, fuimos transferidos al dormitorio, en el propio interior del Crematorio. Sólo hacia el final, cuando los Crematorios fueron desmantelados, los hombres del Sonderkommando volvieron a dormir en el barracón del campo de los hombres.

Frases de Shlomo Venezia


A principios de octubre los judíos del Sonderkommando, que trabajaban en el crematorio, se rebelan. La rebelión está prevista para la noche, pero estalla antes, por la tarde. A pesar de la precipitación, consiguen calcinar el crematorio y una parte logra escaparse del campo. Los disparos y los silbatos te sacan de los barracones en el momento en el que el tan odiado edificio del crematorio está envuelto en llamas, mientras que un grupo de judíos huye en dirección al sudoeste, hacia las praderas, y de paso corta la alambrada del campo de mujeres por el lado oeste. Por la noche hay un ataque aéreo muy intenso. Se apagan las luces que iluminan las alambradas y entonces sientes rabia porque la fuga, que se ha producido demasiado temprano, pudo haber salido mejor.

Frases de Seweryna Szmaglewska


Este año el verano es excepcionalmente caluroso. Pero los SS, que están borrachos día y noche, y los del Sonderkommando, que también lo están, no son sensibles al calor ni se preocupan por el peligro de las enfermedades. El hedor de los cuerpos putrefactos flota en el aire a cada soplo de viento.

Frases de Seweryna Szmaglewska


Los transportes que llegan sin cesar dan tanto trabajo que el Sonderkommando no da abasto ni tampoco las prisioneras que están empleadas en el almacén de ropa del Kapo Schimidt. A cada rato entra en la cocina algún SS de rango superior y se lleva a un grupo de cocineras para transportar la comida o a algún otro grupo que encuentre para cargar unas cajas. Si te toca, tienes que enfrentarte cara a cara con la gente que va a la muerte.

Frases de Seweryna Szmaglewska


Me encontraba en la estación de Praga, en el andén en dirección a Tábor, la que yo debía tomar para llegar hasta el hotel Plácido, y queriendo mirar el reloj para saber la hora alcé el brazo, y cuando me subía la manga del puño, levanté los ojos un poco y qué es lo que vi: una vez más lo increíble se había hecho realidad y vi a Zdenek, ¡De pie al lado del quiosco! Me quedé boquiabierto, con mi mano inmóvil sobre la manga subida, mientras Zdenek miraba a su alrededor como si esperase a alguien, después levantó el puño, sí, seguramente esperaba a alguien porque él también miraba el reloj; de pronto se me acercaron tres hombres con abrigos de cuero, me cogieron las manos, yo aún tenía la mano sobre el reloj, veía a Zdenek que me miraba alucinando, y lívido observaba cómo aquellos hombres, alemanes, me metían en un coche, mientras yo me preguntaba sorprendido adónde me llevaban y por qué; me llevaron a la cárcel de Pankrác, se abrió la gran puerta, los alemanes me condujeron a una celda donde me tiraron como si fuera un criminal... En un primer momento me quedé confuso, pero después me alegré con mi destino, sí, estaba contento y sólo temía que me soltaran demasiado pronto, deseaba permanecer encarcelado, que me llevasen a un campo de concentración, porque sabía que la guerra acabaría pronto, me felicitaba por haber sido detenido precisamente por los alemanes, y entonces se abrió la puerta y los alemanes me llevaron al interrogatorio; después de darles todos mis datos, el juez de instrucción me preguntó severamente: ¿A quién esperaba? Y yo dije que a nadie, y en aquel momento se abrió la puerta, entraron dos de paisano, se me echaron encima, me rompieron la nariz y dos dientes y me tiraron al suelo para volver a preguntarme a quién esperaba, quién tenía que pasarme mensajes secretos, y yo dije que había llegado a Praga de visita, para dar una vuelta, y uno de ellos me cogió por el pelo y me golpeó la cabeza contra el suelo, el juez de instrucción gritaba que mirar el reloj era una señal convenida y que yo era miembro de una organización comunista clandestina...

"Yo, que he servido al rey de Inglaterra" (1971) Frases de "Yo, que he servido al rey de Inglaterra" (1971) Frases de Bohumil Hrabal

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Sonderkommando

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Frases de sonderkommando: Unidades de trabajo durante la Alemania nazi que estaban formados por prisioneros judíos, y no judíos, seleccionados para trabajar en las cámaras de gas y en los crematorios en los campos de concentración nazis, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945): sonderkommando significa literalmente "comandos especiales").

Ver también

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