Frases de Yukio Mishima - Página 17

01. ¿Quién presta atención a un teórico de la educación física en plena decrepitud? "El sol y el acero" (1970)

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02. Con dieciocho años, me sentía incapacitado para el fallecimiento prematuro que yo ansiaba. Me faltaban los músculos adecuados para una muerte trágica. "El sol y el acero" (1970)

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03. Tenía pendiente, algún día, conseguir algo, destruir algo. Fue ahí donde intervino el acero; fue el acero el que me proporcionó la pista que necesitaba. "El sol y el acero" (1970)

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04. Igual que los músculos van aumentando su parecido con el acero, así también el mundo nos va dando forma poco a poco; y aunque ni el acero ni el mundo pueden llegar a poseer un sentido de su propia existencia, una infundada analogía nos hace alimentar, involuntariamente la ilusión de que ambos poseen dicho sentimiento. "El sol y el acero" (1970)

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05. Por mucho que el filósofo, en la soledad de su cuarto, medite sobre la idea de la muerte, seguirá siendo incapaz, mientras esté disociado del coraje físico que constituye el requisito previo para la conciencia, de empezar siguiera a comprenderla. Debo dejar claro que estoy hablando de coraje "físico"; aquí no entro para nada en la "conciencia del intelectual" o en el "coraje intelectual". "El sol y el acero" (1970)

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06. Los músculos que yo había formado, que existían, podían dar carta blanca a la imaginación de otros, pero ya no admitían que la mía propia los fuera royendo. "El sol y el acero" (1970)

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07. La victoria, en lo que respecta a la mente, proviene del equilibrio conseguido ante la siempre inminente destrucción. "El sol y el acero" (1970)

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08. Es como intentar saber de qué manera experimenta la existencia el nativo de otro país; en tal caso, lo único que se puede hacer es explicar conceptos inclusivos, abstractos, tales como género humano, humanidad universal, etcétera, y hacer deducciones en función de estos criterios hipotéticos. "El sol y el acero" (1970)

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09. En una época, yo había sido la clase de muchacho que se asoma a la ventana esperando día tras día que le sucedieran toda clase de cosas inesperadas. Aun cuando podía ser incapaz de cambiar el mundo, no podía menos de esperar que el mundo cambiara por sí solo. Para un chico de estas características, con todas las ansiedades inherentes, la transformación del mundo era una necesidad prioritaria; era algo que me nutría diariamente; algo sin lo cual no habría sabido vivir. La idea de cambiar el mundo era tan necesaria para mí como dormir y hacer tres comidas al día. Era el útero que alimentaba mi imaginación. "El sol y el acero" (1970)

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10. No hay momento más deslumbrante que aquel en que nuestras fantasías acerca de la muerte y el peligro y la destrucción del mundo se transforman en deber. "El sol y el acero" (1970)

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11. Del mismo modo que el mejor disfraz para hacer invisibles las palabras es el músculo, así el mejor disfraz para hacer invisible el cuerpo es el uniforme. Sin embargo, el uniforme militar está concebido de tal manera que nunca sienta bien a un cuerpo escuálido o barrigudo. "El sol y el acero" (1970)

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12. Dos diferentes voces nos llaman continuamente. Una viene de dentro, la otra de fuera. La que llama desde fuera es el deber cotidiano. Si la parte de la mente que responde al deber se correspondiera exactamente con la voz interior, entonces uno alcanzara la felicidad suprema. "El sol y el acero" (1970)

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Influencias

Autores relacionados

Kenzaburo Oe Natsume Soseki Osamu Dazai

Yukio Mishima


Escritor, novelista, dramaturgo, poeta, ensayista, crítico y actor japonés de nombre Kimitake Hiraoka, considerado uno de los más grandes escritores de la historia del Japón.

Sobre Yukio Mishima

Yukio Mishima nace en el seno de una familia de clase alta y fue criado por su abuela Natsu, de aspiraciones aristocráticas y proveniente de una familia vinculada a los samurái de la era Tokugawa.

Estudió en la exclusiva escuela Gakushüim, donde escribió su primer cuento en 1938 y en 1941 su primer libro de relatos.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1938-1945) no pudo cumplir el servicio militar por estar enfermo de tuberculosis, suceso que él mismo entendió como una humillación y que se convirtió un trauma lacerante e imborrable y en su lugar trabajó en una fábrica aeronáutica.

En 1947 Yukio Mishima obtuvo un doctorado en Derecho por la Universidad de Tokio y comenzó a trabajar como funcionario en el Ministerio de Finanzas japonés, pero tras un breve tiempo abandonó el empleo para dedicarse por entero a la actividad literaria.

En junio de 1949 publicó "Confesiones de una máscara", obra que cosechó un inmediato éxito y que supuso su definitiva consagración en el mundo literario.

Desde 1955 emprendió un intenso programa de actividad física que incluía levantamiento de pesas y artes marciales y tiempo después realizó adiestramiento militar en la base de Sietai, junto con un grupo de estudiantes universitarios.

Después de una breve relación con Michiko Shoda (quien tiempo después se convertiría en esposa del Emperador Akihito), se casó con Yoko Sugiyama en 1958 y tiempo después la pareja tuvo dos hijos.

Entre 1966 y 1970 publica su obra cumbre, la tetralogía "El mar de la fertilidad", compuesta por las novelas "Nieve de primavera" (1966), "Caballos desbocados" (1968), "El templo de la aurora" (1970) y "La corrupción de un ángel" (1970), completada esta última el mismo día de su muerte.

Tras ocupar la sede del estado mayor nipón en un intento de forzar la recuperación de los ideales heroicos de preguerra, se quitó la vida mediante el rito del seppuku al grito de "Larga vida al emperador".

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