Frases de Yasunari Kawabata

(...) Pero cuando quiso avanzar hacia la voz casi delirante, los hombres que se habían precipitado para quitarle de los brazos a la inerte Yoko, los hombres que se apretujaban alrededor de ella, lo rechazaron con tal fuerza que a punto estuvo de perder el equilibrio, y vaciló. Dio un paso para recuperarlo, y, en el mismo instante en que se inclinaba hacia atrás, la Vía Láctea, con una especie de rugido horrísono, se vertió en él. Segunda parte, País de nieve

Frases de "País de nieve" (1937) Frases de Vía Láctea


(...) Algo similar había ocurrido la noche anterior, cuando komako lo arropó con su calor corporal mientras irradiaba frialdad desde su corazón herido de amor hacia él. Pero sin duda ese amor no cristalizaría en nada tan precioso como la seda chijimi. A fin de cuentas, aunque la ropa era el más perecedero de los objetos exquisitamente artesanales, las buenas piezas de chijimi podían durar más de un siglo si se las trataba adecuadamente. Segunda parte, País de nieve

Frases de "País de nieve" (1937) Frases de Seda


Un día, mientras escribía una carta, Otoko abrió el diccionario para consultar el ideograma "pensar". Al repasar los restantes significados (añorar, ser incapaz de olvidar, estar triste) sintió que el corazón se le encogía. Tuvo miedo de tocar el diccionario...Aun ahí estaba Oki. Innumerables palabras se lo recordaban. Vincular todo lo que veía y oía con su amor equivalía a estar viva. La conciencia de su propio cuerpo era inseparable del recuerdo de aquel abrazo. Pérdidas estivales, Lo bello y lo triste

Frases de "Lo bello y lo triste" (1965) Frases de Abrazo


Incluso cuando hubo salido de la casa, shimamura seguía obsesionado por esa mirada, que le ardía en la cara con la misma belleza inexpresable que el atardecer anterior, cuando el destello que venía de las montañas se unió con el reflejo del rostro de ella en la ventanilla del tren. Apuró el paso, mientras su memoria convocaba una tercera imagen, la del reflejo de la nieve enmarcando las mejillas de komako en el espejo donde ella verificaba su maquillaje, aquella misma mañana. Primera parte, País de nieve

Frases de "País de nieve" (1937) Frases de Maquillaje


(...) Junto a su almohada había de nuevo dos píldoras blancas. Las cogió para contemplarlas. No tenía marcas ni letras que indicasen de qué droga se trataba. Era sin duda una droga diferente a la que había tomado la muchacha. Pensó en pedir la misma droga en su próxima visita. No era probable que accedieran a su petición, pero, ¿Cómo sería un sueño parecido al de la muerte? Le atraía mucha la idea de dormir un sueño semejante a la muerte junto a la muchacha drogada hasta parecer muerta. 3, La casa de las bellas durmientes

Frases de "La casa de las bellas durmientes" (1961) Frases de Drogas


Lo que llamamos pasado no es propiedad de nadie. Pero si me presionaran a decir algo diría que tal vez sólo ejercemos propiedad sobre las palabras presentes que cuentan el pasado. Sin palabras, Primera nieve en el monte Fuji

Frases de "Primera nieve en el monte Fuji" (1958) Frases de Propiedad


Desde la galería del estudio sólo se veía el jardín interior del templo, la residencia principal interrumpía la vista. Era un jardín oblongo, no muy artístico, pero la luna bañaba la mitad de su superficie, de modo que hasta las piedras exhibían colores variados por efectos de las luces y sombras. Una azalea blanca parecía flotar en la oscuridad. El arce rojo que se levantaba cerca de la galería aún tenía hojas tiernas, pero la noche los oscurecía. En la primavera, la gente solía tomar por pimpollos las yemas rojo-brillantes de aquel árbol y preguntaban de qué flor se trataban. La Festividad de la Luna Llena, Lo bello y lo triste

Frases de "Lo bello y lo triste" (1965) Frases de Jardín


Entonces oyó la montaña. No era el viento. Con la luna casi llena y la humedad en el aire bochornoso, la hilera de árboles que dibujaba la silueta de la montaña estaba borrosa, inmóvil. (...) Era como el viento lejano, pero con la profundidad de algo que retumbara en el interior de la tierra. Sospechando que podía tratarse de un zumbido en sus oídos, Shingo sacudió la cabeza. En ese instante, el sonido se interrumpió y, de repente, tuvo miedo. Sintió un escalofrío, como un anuncio de que la muerte se aproximaba. Quería preguntarse, con calma y determinación, si había sido el sonido del viento, el rumor del mar o un zumbido dentro de sus oídos. Pero había sido otra cosa, de eso estaba seguro. Había sido la montaña. El rumor de la montaña

Frases de Profundidad


(...) Había pensado que las muchachas que no se despertaban daban una perpetua libertad a los ancianos. Dormidas y mudas, decían lo que los ancianos deseaban. 2, La casa de las bellas durmientes

Frases de "La casa de las bellas durmientes" (1961) Frases de Abandono


- ¿Acaso los otros llegan aquí medio paralizados? ¿Tiene que conducirlos y sostenerlos? -No debe hacer preguntas sobre los demás. -Pero el invierno ha de ser peligroso para ellos. ¿Qué haría usted si uno sufriera un ataque cardíaco? -Eso significaría el fin -dijo ella con frialdad-. Para el caballero podría significar el paraíso, naturalmente. -Usted no saldría indemne. -No. 4, La casa de las bellas durmientes

Frases de "La casa de las bellas durmientes" (1961) Frases de Hacer preguntas


Morir en una noche como la de hoy, con la piel de una muchacha para darle calor, debe de ser el paraíso para un anciano... Un viejo vive en vecindad con la muerte. 5, La casa de las bellas durmientes

Frases de "La casa de las bellas durmientes" (1961) Frases de Edén


"Estas muchachas han sido narcotizadas. Es como si las hubieran paralizado. Les han dado un veneno o una droga muy fuerte". ¿Y por qué? ¿Por qué, sino por dinero? No obstante, se sorprendió dudando. Cada mujer era diferente de todas las demás. Lo sabía; y, sin embargo, ¿Tan diferente era la muchacha que tenía delante que estaba dispuesto a infligirle una herida que no se curaría, una pena que duraría toda su existencia? 5, La casa de las bellas durmientes

Frases de "La casa de las bellas durmientes" (1961) Frases de Veneno

Contexto histórico

Cubismo Dadaísmo Expresionismo Período Edo Premio Nobel de Literatura Realismo mágico Segunda Guerra Mundial Suicidio

Influencia en las frases de Yasunari Kawabata

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Ocupación

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Yasunari Kawabata

Frases de Yasunari Kawabata

Frases de Yasunari Kawabata: Escritor, periodista y novelista japonés, autor de "País de nieve" (1937), "Mil grullas" (1952), "El maestro de Go" (1954), "La casa de las bellas durmientes" (1961) y "Lo bello y lo triste" (1965).

Biografía Yasunari Kawabata

Yasunari Kawabata nace en el seno de una familia de clase media integrada por los padres y una hermana mayor, y sus primeros años transcurren en Osaka, la tercera ciudad más grande de Japón.

En 1903 los hermanos Kawabata quedan huérfanos, siendo Yasunari criado por sus abuelos y su hermana por una tía, a quien sólo volvería a ver diez años después, en 1906.

Ese mismo año moriría su abuela (1906), un año después su hermana (1907) y su abuelo en mayo de 1914, quedándose sin parientes a los 15 años de edad, hecho que marcó profundamente su personalidad y lo hizo un solitario empedernido.

Tras finalizar sus estudios secundarios en 1907, se trasladó a Tokio para ingresar en la Universidad Imperial de Tokio, cursando la carrera de Literatura en Lengua Inglesa, y un año después cambia a la de Literatura del Japón.

En 1924 finaliza sus estudios universitarios y participa de varias revistas literarias de la época, entre ellas "Shinjicho" y "Bungei-jidai", debutando como escritor en 1926 con la publicación de "La bailarina de Izu".

Durante la década de 1920, Yasunari Kawabata vivió en el distrito de Asakusa (Taito, Tokio), experimentando con diferentes estilos de escritura hasta 1934, cuando se traslada a Kamakura (prefectura de Kanagawa, región de Kanto sobre la isla de Honshu), donde tras un periodo de vida social muy activa, se volvió extremadamente solitario.

Trabajó como periodista para el periódico "Mainichi Shimbun", uno de los más importantes de Japón durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), aunque se negó a participar en el fervor militarista que abundaba en esa época.

En el periodo de posguerra publicó varias de sus mejores obras, "Mil grullas" (1952), "El rumor de la montaña" (1954), "El maestro de Go" (1954) y "La casa de las bellas durmientes" (1961).

Golpeado por la muerte de su amigo y discípulo Yukio Mishima en 1970 y afectado por la enfermedad de Parkinson, Yasunari Kawabata se suicida en circunstancias que aún no están totalmente claras.

Libros destacados

  • País de nieve (1937)
  • Mil grullas (1952)
  • El maestro de Go (1954)
  • La casa de las bellas durmientes (1961)
  • Lo bello y lo triste (1965)
  • La bailarina de Izu (1926)

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