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Yasunari Kawabata - página 3

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frases de Yasunari Kawabata

(...) Pero cuando quiso avanzar hacia la voz casi delirante, los hombres que se habían precipitado para quitarle de los brazos a la inerte Yoko, los hombres que se apretujaban alrededor de ella, lo rechazaron con tal fuerza que a punto estuvo de perder el equilibrio, y vaciló. Dio un paso para recuperarlo, y, en el mismo instante en que se inclinaba hacia atrás, la Vía Láctea, con una especie de rugido horrísono, se vertió en él.

Vía Láctea

(...) Algo similar había ocurrido la noche anterior, cuando komako lo arropó con su calor corporal mientras irradiaba frialdad desde su corazón herido de amor hacia él. Pero sin duda ese amor no cristalizaría en nada tan precioso como la seda chijimi. A fin de cuentas, aunque la ropa era el más perecedero de los objetos exquisitamente artesanales, las buenas piezas de chijimi podían durar más de un siglo si se las trataba adecuadamente.

Seda

Un día, mientras escribía una carta, Otoko abrió el diccionario para consultar el ideograma "pensar". Al repasar los restantes significados (añorar, ser incapaz de olvidar, estar triste) sintió que el corazón se le encogía. Tuvo miedo de tocar el diccionario...Aun ahí estaba Oki. Innumerables palabras se lo recordaban. Vincular todo lo que veía y oía con su amor equivalía a estar viva. La conciencia de su propio cuerpo era inseparable del recuerdo de aquel abrazo.

Abrazo

Incluso cuando hubo salido de la casa, shimamura seguía obsesionado por esa mirada, que le ardía en la cara con la misma belleza inexpresable que el atardecer anterior, cuando el destello que venía de las montañas se unió con el reflejo del rostro de ella en la ventanilla del tren. Apuró el paso, mientras su memoria convocaba una tercera imagen, la del reflejo de la nieve enmarcando las mejillas de komako en el espejo donde ella verificaba su maquillaje, aquella misma mañana.

Maquillaje

(...) Junto a su almohada había de nuevo dos píldoras blancas. Las cogió para contemplarlas. No tenía marcas ni letras que indicasen de qué droga se trataba. Era sin duda una droga diferente a la que había tomado la muchacha. Pensó en pedir la misma droga en su próxima visita. No era probable que accedieran a su petición, pero, ¿Cómo sería un sueño parecido al de la muerte? Le atraía mucha la idea de dormir un sueño semejante a la muerte junto a la muchacha drogada hasta parecer muerta.

Drogas

La iconografía de la contemplación de la belleza dormida bebe en las fuentes de la mitología clásica donde destacan varios ejemplos como el de Eros y Psique y la figura de Endimión, amado por Selene, diosa de la Luna, que están llenos de simbolismo sexual. Igualmente, la imagen de una doncella que duerme junto a un anciano es un tema tratado desde la antigüedad. Así, sobresale la figura de un antiguo rey de Israel que en la senectud permite a una joven virgen calentar su lecho para poder descansar plácidamente.

Virgen

Desde la galería del estudio sólo se veía el jardín interior del templo, la residencia principal interrumpía la vista. Era un jardín oblongo, no muy artístico, pero la luna bañaba la mitad de su superficie, de modo que hasta las piedras exhibían colores variados por efectos de las luces y sombras. Una azalea blanca parecía flotar en la oscuridad. El arce rojo que se levantaba cerca de la galería aún tenía hojas tiernas, pero la noche los oscurecía. En la primavera, la gente solía tomar por pimpollos las yemas rojo-brillantes de aquel árbol y preguntaban de qué flor se trataban.

Jardín

Entonces oyó la montaña. No era el viento. Con la luna casi llena y la humedad en el aire bochornoso, la hilera de árboles que dibujaba la silueta de la montaña estaba borrosa, inmóvil. (...) Era como el viento lejano, pero con la profundidad de algo que retumbara en el interior de la tierra. Sospechando que podía tratarse de un zumbido en sus oídos, Shingo sacudió la cabeza. En ese instante, el sonido se interrumpió y, de repente, tuvo miedo. Sintió un escalofrío, como un anuncio de que la muerte se aproximaba. Quería preguntarse, con calma y determinación, si había sido el sonido del viento, el rumor del mar o un zumbido dentro de sus oídos. Pero había sido otra cosa, de eso estaba seguro. Había sido la montaña.

Profundidad

En la anatomía de cada doncella encuentra las imágenes de otras mujeres a la que un día amó, que ahora duermen en el olvido y vuelven a su memoria. Los recuerdos reviven en su mente a través de un olor como la esencia de unas flores, el aroma de la leche materna y la voluptuosa fragancia de una piel que le retrotrae inmediatamente al pasado. Un gesto se convierte en el detonante de un recuerdo nítido de una pasión de antaño. Los cuerpos bellos y firmes de las jóvenes narcotizadas despiertan en Eguchi una multitud de sensaciones, unas veces tiernas y otras claramente perversas. Se deleita contemplando los movimientos de las doncellas en el sueño, la posición de sus brazos, el color de sus labios, las delicadas formas de sus dedos, la curvatura de una cadera y el brillo de sus cabellos. Estas imágenes encienden sus recuerdos de nostalgia y liberan sus ocultas fantasías.

Doncella

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contexto histórico

Cubismo - Dadaísmo - Expresionismo - Período Edo - Premio Nobel de Literatura - Realismo mágico - Segunda Guerra Mundial - Suicidio

Influencias Yasunari Kawabata

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Junichiro Tanizaki - Kenzaburo Oe - Natsume Soseki - Yukio Mishima

ocupación

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yasunari kawabata

Biografía de Yasunari Kawabata



Escritor, periodista y novelista japonés de gran trascendencia, primer autor japonés en recibir el premio Nobel de Literatura (1968).

Yasunari Kawabata nace en el seno de una familia de clase media integrada por los padres y una hermana mayor, y sus primeros años transcurren en Osaka, la tercera ciudad más grande de Japón. En 1903 los hermanos Kawabata quedan huérfanos, siendo Yasunari criado por sus abuelos y su hermana por una tía, a quien sólo volvería a ver diez años después, en 1906. Ese mismo año moriría su abuela (1906), un año después su hermana (1907) y su abuelo en mayo de 1914, quedándose sin parientes a los 15 años de edad, hecho que marcó profundamente su personalidad y lo hizo un solitario empedernido. Tras finalizar sus estudios secundarios en 1907, se trasladó a Tokio para ingresar en la Universidad Imperial de Tokio, cursando la carrera de Literatura en Lengua Inglesa, y un año después cambia a la de Literatura del Japón. En 1924 finaliza sus estudios universitarios y participa de varias revistas literarias de la época, entre ellas "Shinjicho" y "Bungei-jidai", debutando como escritor en 1926 con la publicación de "La bailarina de Izu". Durante la década de 1920, Yasunari Kawabata vivió en el distrito de Asakusa (Taito, Tokio), experimentando con diferentes estilos de escritura hasta 1934, cuando se traslada a Kamakura (prefectura de Kanagawa, región de Kanto sobre la isla de Honshu), donde tras un periodo de vida social muy activa, se volvió extremadamente solitario. Trabajó como periodista para el periódico "Mainichi Shimbun", uno de los más importantes de Japón durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), aunque se negó a participar en el fervor militarista que abundaba en esa época. En el periodo de posguerra publicó varias de sus mejores obras, "Mil grullas" (1952), "El rumor de la montaña" (1954), "El maestro de Go" (1954) y "La casa de las bellas durmientes" (1961). Golpeado por la muerte de su amigo y discípulo Yukio Mishima en 1970 y afectado por la enfermedad de Parkinson, Yasunari Kawabata se suicida en circunstancias que aún no están totalmente claras.

obras destacadas

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