Frases de Tom Wolfe

Si de verdad alguien quiere casarse, ya sea hombre o mujer, debería irse a Boston o a Cambridge. En Nueva York la gente está demasiado obsesionada con su vida profesional. Yo era así, y, como todo el mundo, no me tomaba muy en serio la palabra "relación".

Frases de Nueva york


Pensó en usar un cuchillo. Considerado en abstracto, un cuchillo largo, de los de cocina, parecía la imagen misma de la eficacia. Pero luego trató de representarse la escena mentalmente. ¿Dónde se lo clavaría? ¿Soportaría el dolor? ¿Y si al final sólo era capaz de armar un gran zafarrancho de sangre, pero sin obtener su propósito? ¿Tirarse por la ventana? ¿Cuánto tiempo tardaría, desde esa altura, en darse de bruces contra el suelo? Unos segundos...Unos segundos interminables... ¿En qué pensaría durante esos instantes? La hoguera de vanidades

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- ¿Qué le pareció la facultad? -Estaba bien. Nadie entendía ni jota de lo que yo decía. Daba lo mismo que fueses del Afganistán como de Sunnyside, Queens, que era mi caso. Pero me gustó. Un sitio precioso. Y, para como están actualmente las facultades de derecho, no era muy difícil. Al menos no intentan sepultarte bajo una montaña de detalles. Te dan una visión académica, una visión global. Te permiten entender cómo funcionan los grandes esquemas legales. Para eso son buenísimos. Yale es fantástico para cualquier especialidad, a no ser que pretendas trabajar con gente que calza zapatillas deportivas, que lleva armas, que trafica con drogas, que vive de la pornografía... La hoguera de vanidades

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Cuando el Mercedes ascendía por el gran arco del puente, vio la isla de Manhattan a su izquierda. Los rascacielos estaban tan apretujados que hasta se notaba su masa, su estupendo peso. ¡Cuántos millones de personas de todo el mundo anhelaban ir a esa isla, entrar en esos rascacielos, caminar por esas calles tan estrechas! Allí estaba la ciudad que en el siglo XX desempeñaba la función de la antigua Roma, de París, de Londres, la ciudad de la ambición, la densa roca magnética, el destino irresistible de todos cuantos estaban empeñados en vivir en el lugar donde ocurría todo... ¡Y él era uno de los que habían ganado esa batalla! ¡Un triunfador que vivía en Park Avenue, la calle soñada! ¡Y trabajaba en Wall Street, en un piso cincuenta, en la legendaria firma de Pierce & Pierce, dominando el mundo! La hoguera de vanidades

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Qué americano era dar por supuesto que aquellos serios chinos iban a sentirse complacidos en cuanto uno de los clientes mostrara su preferencia por los artilugios de su lejana cultura... Qué americano era sentirse culpable a no ser que uno decidiera pelearse con los escurridizos fideos y pedazos de carne con aquellos objetos que parecían agujas gruesas de calceta. La hoguera de vanidades

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¡Toda una oleada de sexos flotaba en el aire! ¡Por todas partes! ¡Inevitable...! ¡Para quien lo quisiera! ¡Andaba por la calle, con el mayor atrevimiento! ¡Te lo encontrabas en todas las tiendas! ¿Qué podía hacer en estas circunstancias un hombre joven? Técnicamente, le había sido infiel a su esposa. Sí, desde luego...Pero ¿Quién podía permanecer monógamo bajo los efectos de esta, esta, esta auténtica marea de concupiscencia que estaba barriendo el mundo? ¡Santo Dios! No se le podía exigir a un Amo del Universo que se comportara como un santo, al fin y al cabo...Era inevitable. La hoguera de vanidades

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No hay ningún detective privado tan eficaz como él en esta ciudad. Es...Capaz...De...Todo. Es el clásico tipo duro, el clásico irlandés de Nueva York, un tipo que ha vivido en el mismísimo infierno. Los críos con los que Ed pasó su infancia acabaron todos siendo delincuentes o polis. Los que se hicieron polis fueron aquellos a los que la parroquia logró cazar, aquellos que sentían un poquitín de mala conciencia. Pero en el fondo son todos iguales. A todos les gustan las mismas cosas. Les encanta machacar cabezas y hacer saltar dentaduras. La única diferencia está en que, si eres poli, puedes hacerlo legalmente, y con la bendición del cura, que además, y por si acaso, desvía la vista hacia otro lado. La hoguera de vanidades

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¿Sabe usted qué es el capital? Usted cree que el capital es algo que alguien posee, ¿No es cierto? Usted cree que el capital son las fábricas, las máquinas, los edificios, las tierras, las cosas que se pueden vender, y también las acciones y el dinero y los bancos y las empresas. Usted cree que el capital es algo que alguien posee porque siempre lo ha poseído....Ustedes lo poseían todo, y siguen poseyéndolo, y por eso creen que el capital consiste en poseer cosas. Pero se equivocan. El capital consiste en controlar las cosas. En controlarlas. La hoguera de vanidades

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El público numeroso que registran gloriosamente los anuarios de museos, todos esos estudiantes y excursionistas y papás y algún que otro intelectual...Son sólo turistas, cazadores de autógrafos, despistados, inocuos transeúntes por lo que concierne al juego del Éxito en Arte. Al público se le enfrenta a un hecho consumado y a la ya citada comunicación publicitaria, habitualmente en forma de artículo o de montaje de fotos a todo color en las páginas finales del Time. Es decir, un anuncio.

Frases de Autógrafos


Y en ese momento llevó a cabo un horrible descubrimiento, el mismo que todos los hombres, tarde o temprano, hacen en relación con su respectivo padre. Por vez primera comprendió que el anciano que tenía junto a él no era un padre envejecido sino un muchacho, un muchacho muy parecido al que había sido él mismo, un muchacho que creció, tuvo un hijo y, lo mejor que pudo, obedeciendo a su sentido del deber y también, quizás, por amor, adoptó un papel consistente en Ser Padre, a fin de que su hijo tuviera una figura mítica e infinitamente importante a su lado: la figura del Protector encargado de impedir que se destapara la caja que contenía todas las posibilidades de caos y desastre que la vida podía traer consigo. La hoguera de vanidades

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Tom Wolfe

Tom Wolfe

Periodista, escritor, novelista y ensayista estadounidense, autor de "Gaseosa de Ácido Eléctrico" (1968), "El nuevo periodismo" (1977), "Lo que hay que tener" (1979), "La hoguera de vanidades" (1987) y "Todo un hombre" (1998).

Biografía Tom Wolfe

Tom Wolfe nace en Richmond, hijo de un agrónomo y una diseñadora y estudia literatura y periodismo en la Universidad Washington and Lee, obteniendo su título en 1952.

Al poco tiempo comienza a colaborar con numerosas publicaciones, entre ellas "The Washington Post", "Enquirer" y "New York Herald".

Tom Wolfe fue el creador, junto con Rex Reed, Hunter S. Thompson y Jimmy Breslin, del llamado "nuevo periodismo", donde afirmaba que los periodistas pueden adoptar técnicas reservadas tradicionalmente a la ficción y originar así una nueva forma de narrativa.

Libros destacados

  • La hoguera de vanidades (1987)
  • Gaseosa de Ácido Eléctrico (1968)
  • El nuevo periodismo (1977)
  • Lo que hay que tener (1979)
  • Todo un hombre (1998)
  • La Banda de la Casa de la Bomba y otras crónicas de la Era Pop (1968)

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