Frases de Sigrid Undset - Página 3

Sigrid Undset

47. El mundo es así desde que Adán y Eva comieron el fruto del árbol prohibido...Y esto ocurrió mucho antes de que yo naciera. Hemos nacido en el pecado, con el pecado dentro de nosotros, ¿Qué puedo hacer yo? "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Pecado


48. ¿No crees que, a los ojos de dios, somos todos como niños por los que debe velar, impotentes como somos, a causa del pecado? Y, en cambio, no podemos considerarnos como los que han tenido la peor parte aquí abajo. "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Pecado


49. En realidad he hecho muchas cosas que en otro tiempo creí que no me atrevería a hacer por temor al pecado. Pero no me daba cuenta de que el pecado viene después, cuando alguien debe pisotear a otra persona. "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Pecado


50. La cuestión fundamental es: ¿qué creemos nosotros que es un hombre? ¿Qué es lo que necesita antes que nada, de tal modo que pueda alcanzar también lo que necesita después: la paz, justicia, seguridad y unas relaciones satisfactorias con sus semejantes? "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Desarrollo


51. El rumor del mar y de la tormenta llegaba hasta ellos, sordo y apagado, a través de las paredes de turba. De vez en cuando, una bocanada de aire entraba, soplaba las brasas del hogar y agitaba levemente la llama de la lámpara de aceite. "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Tormenta


52. Los buenos días pueden durar siempre si se es prudente y se cuida uno de sí mismo y de lo que tiene: esto lo saben todas las personas razonables y por eso, creo yo, se conforman con los días buenos, porque los días deliciosos se pagan caros. "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Prudente


53. (...) Pero a veces, cuando hablas con tanta dulzura que parece que tu boca está llena de miel, tengo miedo de que estés pensando en los agravios que se te han hecho, y Dios juzgará si eres tan devota y buena en el fondo de tu corazón como en tus palabras. "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Dulzura


54. (...) Había comprendido que la extraordinaria dulzura de su padre no significaba que no viera claramente las pasiones y las villanías de los hombres, sino que nacía del hecho de sondear siempre su corazón en presencia de dios, destrozándolo con la contrición y el arrepentimiento de sus culpas. "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Arrepentimiento


55. (...) He viajado, además, por todo el mundo, y puedes estar segura de que tengo miedo del demonio y me hace sentir unos amores y deseos terribles. Pero me agarro a la cruz con todas mis fuerzas... hay que agarrarse a ella como un gatito a un madero cuando se cae al agua. "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Cruz


56. Estaba próxima la Navidad: la primera que Catalina celebraría en Roma. Como regalo de esta festividad le envió Catalina al Papa cinco naranjas que había confitado y cubierto con oro en hojas. (...) Ella desarrolla la diferencia entre el sufrimiento amargo y el dulce, dándole al Papa la receta de preparar naranjas confitadas. "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Navidad


57. Vos podríais darles lecciones a esos señores, y recordarles que antes los jefes noruegos no tenían por costumbre estarse quietos y soportar los abusos de su rey. Esto os costó vuestros feudos y posesiones, mientras los que estaban con vos no perdieron ni una pluma. Sólo vos habéis pagado por todos. "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Abuso


58. La pequeña vidente observaba cómo a su alrededor las personas mayores y los niños también estaban absorbidos por una serie de asuntos y cosas por las que ella no sentía la menor atracción. Poco a poco fue comprendiendo que estas cosas eran lo que la Sagrada Escritura llama el Mundo. "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Escrituras


59. Catalina, con toda humildad, le dice al Papa que él es al fin de cuentas el responsable de todos los terribles abusos que desangran a la Iglesia, por muy buena persona que sea, humanamente hablando, y por buenas cualidades que posea. Él es, asimismo, responsable de los malos pastores y monjes engañosos, cuya vida nefanda socava la fe de los creyentes. "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Papa


60. Catalina compara la justicia acompañada de la misericordia con una perla preciosa. La justicia sin misericordia sería tiniebla, crueldad, injusticia más bien que justicia. Pero la misericordia sin justicia sería como un ungüento sobre una herida que necesita ser cauterizada con hierro candente; si se echa el ungüento antes de limpiar y cauterizar la herida, solamente producirá dolor, pero no curará. "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Misericordia


61. Todos nosotros tenemos el deber de trabajar en la viña de la que Dios es amo. Cada uno de nosotros ha recibido su pequeña viña, pero el modo de cultivarla es muy importante para el desarrollo de las viñas vecinas...En realidad, todas nuestras viñas son partes de la gran viña del Señor, la santa Iglesia, y todos nosotros tenemos el deber de trabajar allí también. "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Señor


62. Los campesinos recuerdan más a los pocos hombres que salieron de la nada con las armas en la mano y son ahora señores, que la innumerable masa de gente que ha naufragado en la más negra pobreza y miseria. Sin embargo, ningún señor fue tan duro con los campesinos como estos que salieron de la nada; Creo que ellos dieron origen al refrán: no hay nada peor que un pariente. "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Masa


63. Compara la memoria con un cántaro de agua lleno con las impresiones que recibimos a través de la vida de los sentidos. Si lo llenamos de nada, el cántaro vacío fácilmente se rompe o emite un sonido fuerte si se le da un golpe. Si lo llenamos de realidad, de amor de Dios, entonces es como un cántaro lleno de agua del pozo que aguanta un golpe sin romperse o sin emitir ruido. "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Pozo


64. Fue un efecto de la misericordia de Dios que, habiendo visto cómo nuestros corazones están divididos, hubiera bajado a la tierra y vivido entre nosotros para sentir en su carne las tentaciones del demonio cuando nos seduce con el poder, la magnificencia y las amenazas del mundo, cuando nos inflige golpes, burlas y heridas sangrientas de clavos en las manos y en los pies. Y es así cómo nos enseñó el camino y nos manifestó su amor... "Cristina hija de Lavrans" (1920), Sigrid Undset

Misericordia


65. Fue demasiado para hombres débiles y de escasa voluntad, que en su corazón sabían que el Papa tenía razón y que debían colaborar con él, que el Papa con palabras duras e irritadas les exigiese que en un solo día cambiasen de vida y renunciasen a todas las pequeñas y corrientes comodidades a que se habían acostumbrado para vivir una vida de abnegación propia de los ascetas más austeros. "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Papa


66. Encontró un refugio en la soledad de un bosque, en un lugar donde vivían algunos ermitaños. Se ha supuesto que esta hermandad era la de los ermitaños de Vallombrosa, fundada por el santo Giovanni Gualberto, aquel que perdonó la vida a su enemigo mortal por ser Viernes Santo y después se dirigió a la iglesia más cercana y se postró a los pies del Crucificado como embriagado ante aquella nueva aventura de perdonar. Y el Salvador se inclinó y le besó. "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Salvador


67. Si yo fuese fiel, estoy convencida de que Dios sería para mí lo mismo que fue para los mártires, de que su poder no ha disminuido, de que Él podría y sabría y se preocuparía de darme todo lo que necesito. Pero como no lo amo, no confío debidamente en Él; el temor físico que yo sé que hay en mí demuestra cuán tibio es mi amor, que la luz de la fe está velada en mí por mi infidelidad a mi Creador y por mi presunción. "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Creador


68. La guerra y los años subsiguientes a la misma me confirmaron las dudas que yo tenía acerca de las ideas en las que había sido educada; empecé a pensar que el liberalismo, el feminismo, el nacionalismo, el socialismo, el pacifismo fracasarían, porque se obstinaban en no considerar a la naturaleza humana tal como ella es en realidad. Partían del supuesto de que el género humano tenía que progresar, cambiándose en algo distinto de lo que era. Yo, que me había alimentado de prehistoria y de historia, no creía gran cosa en el progreso. "La zarza ardiente" (1931), Sigrid Undset

Naturaleza humana


69. El sabio franciscano le entregó a Catalina la llave de su celda con el ruego de que enviase allí a alguien con el fin de que la vaciase de todo lo superfluo y se lo diese a los pobres. Fra Giovanni Tantucci hizo lo mismo. Fue éste después uno de los amigos más íntimos de Catalina, siguiéndola a Aviñón y a Roma. Cuando el Papa ordenó que hubiese siempre tres sacerdotes en compañía de Catalina, a fin de poder confesar y administrar los sacramentos a los pecadores que ella convertía, Fra Giovanni Tantucci fue uno de los tres. "Santa Catalina de Siena" (1951), Sigrid Undset

Papa

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