Frases de Rudyard Kipling - Página 3

61. Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tú camino solo cuestas que subir, cuando tengas poco haber pero mucho que pagar, y precises sonreír aun teniendo que llorar, cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir, descansar acaso debes ¡pero nunca desistas!

Descansar


62. El sol que estaba entonces en su punto más bajo del horizonte daba al agua una coloración purpúrea con destellos de oro en las crestas de las grandes olas adquiriendo tonos azules y verdosos en sus puntos más profundos. Parecía como si cada embarcación de pesca atrajese hacia sí sus propios botes mediante invisibles cadenas. "Capitanes intrépidos" (1896)

Olas


63. La Ley de la Selva, que nunca ordena nada sin motivo, prohíbe a todos los animales comer carne humana...Aunque la verdadera razón por la que se prohíbe es que matar hombres significa, tarde o temprano, la llegada de hombres blancos a lomos de elefantes, armados con rifles, y cientos de hombres de piel oscura con gongs, cohetes y antorchas. Entonces todos los habitantes de la selva sufren. "El libro de la selva" (1894), Rudyard Kipling

Selva


64. En aquellos momentos se deslizó hacia el centro del círculo una sombra. Era Bagheera, la pantera negra, de un negro de tinta desde la cabeza a la cola. La luz hacía aguas en su brillante piel. Todo el mundo la conocía. Y era temida y respetada. Reunía en sí la astucia de Tabaqui, la insolencia de un búfalo salvaje y la fiereza de un elefante herido. Pero su voz era dulce como la miel y su piel más suave que el plumón. "El libro de la selva" (1894), Rudyard Kipling

Salvaje

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