Frases de Oscar Wilde - Página 11

Frases de Oscar Wilde (página 11 de 12)

241. La obra de arte debe dominar al espectador y no el espectador a la obra de arte. "El alma del hombre bajo el socialismo" (1904)

Espectadores


242. En Norteamérica, el Presidente reina por cuatro años, y el Periodismo gobierna por siempre jamás. "El alma del hombre bajo el socialismo" (1904)

Periodismo


243. El público tiene una curiosidad insaciable por conocer todo, excepto aquello que vale la pena conocer. "El alma del hombre bajo el socialismo" (1904)

Curiosidad


244. Existen tantas perfecciones como hombres imperfectos. Y mientras un hombre puede atender los reclamos de la caridad y ser libre, no lo seguirá siendo si se somete a las exigencias del conformismo. "El alma del hombre bajo el socialismo" (1904)

Conformismo


245. Lo único que uno realmente sabe acerca de la naturaleza humana es que ésta cambia. El cambio es la única cualidad que podemos afirmar en ella. "El alma del hombre bajo el socialismo" (1904)

Naturaleza humana


246. Los sistemas que fallan son aquellos que se basan en la inmutabilidad de la naturaleza humana en lugar de hacerlo en su crecimiento y desarrollo. "El alma del hombre bajo el socialismo" (1904)

Sistema abierto


247. Recuerda que el necio a los ojos de los dioses y el necio a los ojos del hombre son muy distintos. "De profundis" (1905)

Necio


248. Los clérigos, y la gente que usa frases sin sabiduría, hablan a veces del sufrimiento como un misterio. La verdad es que es una revelación. Se descubren cosas que uno nunca había descubierto. La historia entera se ve desde otra óptica. "De profundis" (1905)

Revelación


249. La conversación tiene que tener una base común, y entre dos personas de cultura muy dife-rente la única base común posible es el nivel más bajo. "De profundis" (1905)

Base


250. Lo trivial en el pensamiento y en la acción es encantador. "De profundis" (1905)

Encantador


251. Un motivo es un propósito intelectual. "De profundis" (1905)

Motivo


252. El verdadero necio, ése del que los dioses se ríen o al que arruinan, es el que no se conoce a sí mismo. "De profundis" (1905)

Necio


253. No hay ninguna razón para que un hombre muestre su vida al mundo. El mundo no entiende las cosas. "De profundis" (1905)

Privacidad


254. Hoy tengo que conservar el amor en mi corazón, porque si no, ¿Cómo soportaré el día? "De profundis" (1905)

Poder del amor


255. Los únicos con los que me interesaría estar son los artistas y las personas que han sufrido: los que saben lo que es la Belleza, y los que saben lo que es el Dolor; nadie más me interesa. "De profundis" (1905)

Belleza


256. No se me ocurrió entonces que pudieras tener el vicio supremo, la superficialidad. "De profundis" (1905)

Vicio


257. A tus ojos seguías siendo el príncipe gentil de una comedia trivial, no la figura sombría de un espectáculo trágico. "De profundis" (1905)

Príncipe


258. La vida moderna es compleja y relativa. Ésas son sus dos notas distintivas. "De profundis" (1905)

Moderno


259. Hay momentos en que el Dolor me parece ser la única verdad. Otras cosas podrán ser ilusiones de la vista o del apetito, hechas para cegar lo uno y empachar lo otro, pero con el Dolor se han construido mundos, y en el nacimiento de un niño o de una estrella hay dolor. "De profundis" (1905)

Nacimiento


260. Me parece que todos miramos a la Naturaleza demasiado y vivimos con ella demasiado poco. "De profundis" (1905)

Madre tierra


261. Las chicas jamás contraen matrimonio con el hombre con el que coquetean. No consideran que sea honesto. "La importancia de llamarse Ernesto" (1895)

Honesto


262. No la ofenderé si le declaro con toda sinceridad que me parece en todos los aspectos la personificación de la perfección absoluta. "La importancia de llamarse Ernesto" (1895)

Perfección


263. Para el que está en la cárcel, las lágrimas son parte de la experiencia de cada día. Un día en la cárcel en el que no se llore es un día en que el corazón está duro, no un día en que el corazón esté alegre. "De profundis" (1905)

Cárcel


264. No hay una sola degradación del cuerpo que no deba tratar de convertir en espiritualización del alma. "De profundis" (1905)

Alma en pena

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