Frases de Matsuo Basho - Página 2

01. Hoy el rocío borrará la divisa de mi sombrero.

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02. ¡Débiles son mis piernas! Pero está en flor el monte Yoshino.

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03. Se oscurece el mar. Las voces de los patos son vagamente blancas.

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04. Bajo un mismo techo durmieron las cortesanas, la luna y el trébol.

+ Frases de Techo


05. Los crisantemos se incorporan etéreos tras el chubasco.

+ Frases de Crisantemos


06. A una amapola deja sus alas la mariposa como recuerdo.

+ Frases de Mariposa


07. Olor a crisantemos. Y en Nara, viejas imágenes de Buda.

+ Frases de Olor


08. Las montañas y el jardín se van adentrando hasta mi habitación en verano.

+ Frases de Verano


09. Aroma del ciruelo, de repente el sol sale. Senda del monte.

+ Frases de Ciruelo


10. ¡Qué bello! El despreciado cuervo común esta mañana nevada.

+ Frases de Nevada


11. Expuesto a la intemperie y resignado, ¡cómo corta mi cuerpo el frío!

+ Frases de Intemperie


12. Fin de año. ¡Siempre el mismo sombrero y las mismas sandalias de paja!

+ Frases de Fin de año

Influencias

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Matsuo Basho

Matsuo Basho

Poeta japonés, considerado el padre de los haikus de nombre real Matsuo Munefusa.

Sobre Matsuo Basho

Nacido en una familia noble, Matsuo Basho fue el segundo de los seis hermanos.

En 1653 comenzó a servir como paje del hijo de la familia poderosa donde trabajaba su padre, un samurái de rango bajo.

Matsuo Basho es el acompañante y discípulo del poeta y jefe samurái Toudou Yoshitada, quien lo prepara como Samurái.

En 1657 muere repentinamente su maestro, representando un duro golpe para Basho, que pide separarse del servicio de la familia.

Al ser rechazada su petición huye a Kioto y sólo se sabe que se dedica a leer clásicos chinos y estudiar poesía.

En 1675 se traslada a Edo (Tokyo) y entra en el círculo de haiku de Edo, conociendo a los poetas más importantes del momento.

Progresivamente va adquiriendo reputación, desarrollando su particular estilo y creando su propia escuela donde concurren muchos discípulos.

En 1680 uno de sus discípulos, Sampu, le regala una casa junto al río Sumida, trasladándose a ella y cambiando el centro artístico del momento por una vida más tranquila en el campo.

Matsuo Basho escribe en 1686 el haiku más famoso de la literatura japonesa, inspirado en un estanque, una rana y lo que produce su inmersión.

A partir de entonces realizó numerosos viajes, narrando sus experiencias.

Matsuo Basho supo elevar los haikus a una composición poética, transformándola de una expresión de intelectualidad o ingenio verbal a una intuición de la naturaleza, impregnada del espíritu del budismo zen.

Toda la obra de Matsuo Basho es un encuentro constante con la naturalidad y con la humildad del que usa los versos para avanzar en su propio camino de superación espiritual.

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