Frases de Kobo Abe

Es que no importa el contenido de la acción. Al darse cuenta de que existen seres desconocidos, imposibles de distinguir, la gente empieza a desconfiar de todo, a cuestionarse, a delatarse, a calumniarse mutuamente, hasta convertir la sociedad en un nido de agentes secretos. Idéntico al ser humano

Frases de "Idéntico al ser humano" (1967) Frases de Acción


La dificultad de hacer creer a alguien, la decepción de no infundir confianza, y el amor topo-geométrico para tratar de inspirar confianza a pesar de todo...Sólo al alcanzar ese santuario, será posible atravesar esa puerta de duda que conduce a la verdad y avanzar más, ¿No cree? No he dado ninguna vuelta, se lo aseguro. Idéntico al ser humano

Frases de "Idéntico al ser humano" (1967) Frases de Santuario


Me permito aclarar que no soy tan optimista como para creer que ya tengo un aliado, sólo porque usted sea un "ser humano" como yo quisiera que lo fuese. Me encuentro en una situación demasiado anormal para convencer a alguien de la veracidad de mi relato. Aunque usted sea un "ser humano", dudo que reconozca una esencia humana en mí. Idéntico al ser humano

Frases de "Idéntico al ser humano" (1967) Frases de Anormal


Es muy cierto que el tiempo no puede galopar como un caballo. Pero tampoco puede ir más lento que un carrito empujado a mano. La mujer de la arena

Frases de "La mujer de la arena" (1962) Frases de Paso del tiempo


Le explicaré. La arena se mueve de este modo todo el tiempo... Es decir, su movimiento, su fluir, es su propia vida... No se detiene nunca, en ninguna parte... La mujer de la arena

Frases de "La mujer de la arena" (1962) Frases de Arena


(...) Pero es descabellado pensar que pudre las cosas. Y más aún, mi querida señora, que la arena se pudre... ¡Por favor! La arena es un respetable mineral. La mujer de la arena

Frases de "La mujer de la arena" (1962) Frases de Arena


Sin la amenaza del castigo no hay siquiera el placer de la fuga. La mujer de la arena

Frases de "La mujer de la arena" (1962) Frases de Fuga


(...) Aun así no estaba completamente seguro, no sabía por qué... Ante las paredes de arena que lo rodeaban como para estrangularlo, volvía el recuerdo miserable de su fracaso al querer treparlas. No cabía otra cosa que dar tumbos, manotazos. Una sensación de impotencia lo paralizaba.. .Esto era un mundo aparte, carcomido por la arena, en donde no contaban las convenciones cotidianas. La mujer de la arena

Frases de "La mujer de la arena" (1962) Frases de Impotencia


Desde su regreso al pozo, para no perturbar su espíritu, trató de no leer el diario. Pasada una semana, ya no tuvo deseos de leer. Después de un mes, casi había olvidado que existían cosas tales como el periódico. La mujer de la arena

Frases de "La mujer de la arena" (1962) Frases de Pozo


Cierta vez encontró la reproducción de un grabado, El infierno de la soledad, y la observó con curiosidad. (...) Los muertos, cada uno con diferente expresión, parecían empujarse unos a otros mientras hablaban incesantemente al hombre. ¿Por qué razón eso era El infierno de la soledad? En aquel momento pensó que se habían equivocado al poner el título; ahora podía entenderlo. La soledad es una sed que la ilusión no satisface. La mujer de la arena

Frases de "La mujer de la arena" (1962) Frases de Soledad

Contexto histórico

Ciencia ficción Realismo mágico Segunda Guerra Mundial Surrealismo

Influencia en las frases de Kobo Abe

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Kobo Abe

Frases de Kobo Abe

Frases de Kobo Abe: Médico, escritor, dramaturgo, fotógrafo, guionista de cine e inventor japonés llamado "el Kafka japonés", de obra surrealista centrada en el individuo de la sociedad contemporánea.

Nombres

RealKimifusa Abe

Biografía Kobo Abe

Kobo Abe nace en Kita y es criado en Mukden (actualmente Shenyang, Manchuria, China), donde su padre ejercía la medicina y daba clases en la facultad local.

Regresa a Japón en 1941 y se matricula en la facultad de Medicina de la Universidad Imperial de Tokio en 1943, pero se trasladó de nuevo a Manchuria para esperar el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), momento en que fue repatriado.

En 1948 se recibió de médico, aunque nunca ejerció y se dedicó a la escritura a tiempo completo.

Su primera publicación fue una colección de poemas en 1947 titulada "Poemas de un poeta desconocido" y un año después su primer novela "La señal de tráfico al final de la calle" (1948).

En 1951 Kobo Abe obtiene el Premio Akutagawa por su novela "La pared", el galardón más prestigioso de las letras en Japón, y tiempo después el Premio Yomuiri por "La mujer de la arena" (1962).

En la década de 1960 colabora con el director japonés Hiroshi Teshigahara en las adaptaciones cinematográficas de "La pared o El crimen del señor Koruma", "La mujer de la arena", "El rostro ajeno" y "El mapa destrozado".

En 1973 fundó un estudio de actuación en Tokio, donde formó actores empleando sus propios métodos de actuación, y dirigió diversas obras.

En 1977 fue elegido miembro honorario extranjero de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias Las obras de Kobo Abe están pobladas de personajes alienados atrapados en situaciones absurdas, extravagantes y extrañas, inspiradas en novelas policíacas y de ciencia ficción.

Libros destacados

  • La mujer de la arena (1962)
  • El rostro ajeno (1964)
  • El mapa destrozado (1967)
  • Idéntico al ser humano (1967)
  • Hombre caja (1973)
  • Amigos (1974)

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