Frases de Kenzaburo Oe

Cada vez que te encuentras en una encrucijada entre la vida y la muerte, se abren ante ti dos universos; uno pierde toda relación contigo porque te mueres, el otro la mantiene porque sobrevives. Como si te desnudaras, abandonas el universo donde sólo existes como cadáver y pasas al universo en donde sigues vivo. En otras palabras, en torno a cada uno de nosotros surgen varios universos, tal como las ramas y las hojas se bifurcan y se alejan del tronco. Una cuestión personal

Frases de "Una cuestión personal" (1964) Frases de Relación


Hacía frío. Era un frío extraño, un frío nuevo, que calaba hasta lo más profundo de nuestros corazones, como si hubiéramos llegado a un país de clima completamente diferente. Pensé que, sin duda, estábamos en lo más hondo del monte. Por más que juntábamos nuestros delgados hombros, temblábamos como perros. Ello se debía también a la fuerte tensión que parecía emanar del grupo reunido alrededor de la gran hoguera, y que, por simpatía, se nos había contagiado. Arrancad las semillas, fusilad a los niños

Frases de "Arrancad las semillas, fusilad a los niños" (1958) Frases de Hoguera


Todos nuestros compañeros se habían apeado del camión, y el campesino, por más que trataba de estirar su corto cuerpo, tenía dificultades para bajar la bicicleta, cuya rueda delantera había quedado atrapada en la caja del camión. Me levanté de un salto, me sacudí la ropa y le ayudé empujando el frío y húmedo manillar. La bicicleta pesaba una barbaridad, y el hombre me dirigió una sonrisa débil, pero amistosa, por encima de mis brazos, temblorosos a causa del esfuerzo. Cuando la bicicleta estuvo en el suelo, me bajé de un salto, pero mi hermano titubeaba. Entonces los robustos brazos del campesino lo bajaron con ligereza, y se echó a reír tímidamente porque le hacía cosquillas. –Gracias –le dijo en voz baja, deseoso de congraciarse con él. –De nada –le respondió el campesino, que se montó en su bicicleta y se fue. Arrancad las semillas, fusilad a los niños

Frases de "Arrancad las semillas, fusilad a los niños" (1958) Frases de Bicicleta


La "muerte", para mí, era mi falta de existencia dentro de cien años y dentro de varios siglos, mi falta de existencia en un futuro que se alargaría infinitamente. En aquellas lejanas eras también habría guerras, encerrarían a los niños en reformatorios, habría chicos que ofrecerían sus servicios a homosexuales y habría personas que llevarían una vida sexual completamente normal. Pero yo no lo vería. Me mordí los labios, con el pecho oprimido por el miedo, y reflexioné. Arrancad las semillas, fusilad a los niños

Frases de "Arrancad las semillas, fusilad a los niños" (1958) Frases de Conciencia de la muerte


Pensé en la muerte y como siempre me invadió una desagradable mezcla de sensaciones: opresión en el pecho, sequedad de garganta y violentos movimientos intestinales. Era como si sufriera una especie de enfermedad crónica. Una vez que se habían apoderado de mí aquellas sensaciones y aquella agitación, no era capaz de quitármelas de encima hasta que me dormía. Y durante el día no era capaz de recordar con precisión lo que había sentido. Arrancad las semillas, fusilad a los niños

Frases de "Arrancad las semillas, fusilad a los niños" (1958) Frases de Desagradable


Pero el tiempo transcurría tan despacio que parecía eterno. Pensé, irritado, que el tiempo había dejado de pasar, que, como los animales domésticos, no se movía sin la supervisión humana. Que, como los caballos o las ovejas, no daba un paso si no se lo ordenaba un adulto. Cuando el tiempo se estanca, nuestro cuerpo y nuestra mente quedan como en suspenso. No tenemos nada que hacer. Sin embargo, no hay sensación más dura, irritante y ponzoñosamente fatigante que sentir en lo más íntimo de tu ser que estás encerrado y no tienes nada que hacer. Arrancad las semillas, fusilad a los niños

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Teníamos unas ganas terribles de perder de vista aquellas alambradas de espino, de un insólito color naranja, que nos aprisionaban, pero no tardamos en darnos cuenta de que fuera de ellas seguíamos estando presos. Era como si avanzáramos por un corredor que uniera dos prisiones. La alambrada color naranja que tanto nos enfurecía se transformó en las miradas ceñudas de innumerables campesinos de manos callosas y miradas más vigilantes que las de nuestros celadores. El grado de libertad que teníamos durante el viaje era el mismo que habíamos tenido dentro del reformatorio. El único placer nuevo que nos deparó marcharnos de allí fue ver a muchos "buenos" chicos y burlarnos de ellos. Arrancad las semillas, fusilad a los niños

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La epidemia: la terrible palabra había sido pronunciada. La palabra que inmediatamente invadiría con sus hojas y sus raíces todo el pueblo, devastadora como un tifón, y destrozaría cuanto encontrara a su paso... Arrancad las semillas, fusilad a los niños

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En mi imaginación veía que la epidemia se extendía por el valle con una fuerza tremenda, como un tifón, nos arrollaba a mí y a mis compañeros y nos dejaba inmovilizados. Estaba atrapado en un callejón sin salida, y todo lo que podía hacer era arrodillarme en la oscuridad del camino para recoger nieve sucia, sollozando sin parar. Arrancad las semillas, fusilad a los niños

Frases de "Arrancad las semillas, fusilad a los niños" (1958) Frases de Epidemia


Han venido a las montañas a cazar. A cazar a un hombre. Y no sólo lo buscan los cadetes, sino también los hombres del pueblo. Llevamos tres días registrando el monte sin encontrarlo. Si el desertor hubiera llegado hasta aquí, no habría podido seguir adelante. Sólo se puede llegar a nuestro pueblo, que está al otro lado del valle, en una vagoneta que se utiliza para transportar madera. A causa de la crecida del río es imposible llegar a él por carretera. Pero hemos buscado por todas partes y no lo hemos encontrado. Así que abandonamos la búsqueda y nos volvemos a casa. Seguramente el desertor se habrá ahogado en el río. De modo que aquello era una cacería. Una cacería humana. Los campesinos se dedicaban a una silenciosa cacería nocturna, armados de lanzas de bambú y azadas, en busca de un soldado acosado que había huido al monte y tal vez se hubiera ahogado en el río que bajaba crecido. Todos suspiramos, pues la imagen de aquella sangrienta cacería no podía menos que oprimir pesadamente nuestros corazones. Estábamos en medio de una guerra. Y sobre nosotros se cernían peligros desconocidos igual que una bestia salvaje dispuesta a atacarnos. ¡Vaya cacerías hacían en aquellas tierras! Arrancad las semillas, fusilad a los niños

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Eran tiempos de muerte. Igual que un prolongado diluvio, la guerra descargaba su locura colectiva, que tras invadir el cielo, los bosques y las calles, había penetrado en las personas para inundar hasta los más recónditos recovecos de sus sentimientos. Arrancad las semillas, fusilad a los niños

Frases de "Arrancad las semillas, fusilad a los niños" (1958) Frases de Consecuencias de la guerra


El bloqueo de la vía no era más que un "símbolo". Simbolizaba el muro grueso, sólido e infranqueable dentro del cual nos había encerrado la hostilidad hacia nosotros de los campesinos de los pueblos que rodeaban aquella aldea perdida entre las montañas. Era claramente imposible enfrentarse a él y atravesarlo. Arrancad las semillas, fusilad a los niños

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Influencias

Autores relacionados

Haruki Murakami Junichiro Tanizaki Yasunari Kawabata Yukio Mishima

Kenzaburo Oe

Kenzaburo Oe

Escritor, novelista, ensayista y profesor japonés, autor de "Una cuestión personal" (1964), "El grito silencioso" (1967), "Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura" (1969) y "Las aguas han invadido mi alma" (1973).

Biografía Kenzaburo Oe

Kenzaburo Oe nace en el seno de una familia numerosa, siendo el tercer hijo de siete que tuvieron sus padres.

En 1944 su padre muere en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y su madre se encarga de educarlo.

Tras finalizar sus estudios secundarios en una escuela de Matsuyama, se traslada a Tokio para estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Tokio.

En 1958 recibe el Premio Akutagawa por su novela "La Presa", en la que narra sus vivencias infantiles.

En 1960 Kenzaburo Oe contrae matrimonio con Yukari Itami y tiempo después realiza viajes a China, Rusia y Europa, donde conoce a Sartre en París (Francia).

En 1963 nace el primero de tres hijos que tiene el matrimonio, presentando una deficiencia mental que se transformaría en tema recurrente en su obra, especialmente en "Una cuestión personal" (1964).

En 1967 publica "El grito silencioso" y dos años después "Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura" (1969), obras que reciben varias distinciones.

En 1994 por lograr con su obra trascender lenguajes y culturas, eliminando las barreras del idioma, se le concedió el Premio Nobel de Literatura.

Kenzaburo Oe posee un estilo directo, de frases breves y contundentes, en las que trata de los conflictos entre las tradiciones y cultura de oriente y occidente y el aislamiento individual y social.

Libros destacados

  • Una cuestión personal (1964)
  • El grito silencioso (1967)
  • Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura (1969)
  • Las aguas han invadido mi alma (1973)
  • ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era! (1983)
  • Mordido por el hipopótamo (1985)

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