Frases de John Fante

Había ocho o nueve alrededor de una mesa cubierta de fieltro verde que había en el fondo. La baja bombilla iluminaba a cinco jugadores sentados, mientras el resto, de pie, miraba y hacía sugerencias. Mi padre estaba entre los mirones. Eran un grupo de jubilados que vivían del subsidio, gruñones, irascibles, amargados, viejos cabrones endurecidos, renegones y más bien mezquinos, que disfrutaban con su ingenio cruel, su iconoclastia y su camaradería. Allí no había filósofos, ningún venerable oráculo que hablara desde las profundidades de la experiencia vital. No eran más que ancianos matando el tiempo, esperando que se le acabase la cuerda al reloj. Mi padre era uno de ellos.

Frases de Anciano


Con el paso de los años Nick Molise se había enzarzado en tantas peleas, en esquinas, en bares, en locales electorales, que la reputación de la familia estaba seriamente en entredicho en San Elmo. Sin embargo, todos los vecinos daban muestras de tolerancia y buena voluntad, les caía bien el viejo y simpatizaban con su carácter vehemente. Cascarrabias, alborotador, tirano de la paciencia ajena, borracho casi siempre, hacía en San Elmo lo que le daba la gana, y por la noche lo oían dando bandazos por las calles, entonando versiones desafinadas de "O sole mio", sin que se sulfurasen los vecinos, acostados ya; todos decían: "Ahí va el viejo Nick", y sonreían, porque era parte de la vida colectiva.

Frases de Buena voluntad


Fui hasta el final del pasillo, hasta el rellano de la escalera de incendios, y allí lo solté todo, llorando e incapaz de contenerme porque Dios era un asesino sin escrúpulos, un animal despreciable, es lo que era por haberle hecho aquello a aquella mujer. Baja de los cielos, Señor, baja y te reventaré la cara contra el área municipal de Los Angeles, cínico sin perdón. De no ser por ti, esta mujer no sufriría tamaña deformidad, ni el mundo tampoco, y de no ser por ti habría podido joderme a Camila López en la playa. ¡Pero no! Te gusta gastar bromas; mira lo que le has hecho a esta mujer, y al amor de Arturo Bandini por Camila López. En aquel punto, mi tragedia me pareció más negra que la de la mujer y me olvidé de ella.

Frases de Tragedia


¿Por qué me habían rechazado? ¿Por mi ropa? ¿Por mi cara? Me miraba en los escaparates, veía la negra película de mi barba, el aspecto demacrado, el aire de derrota. ¿Repugnaba a la gente? ¿Despertaba algún misterioso antagonismo, la ira del mundo? Llegó un momento en que me daba miedo hablar con jefes y capataces. Sólo Coletti y el señor Atwater me aceptaban, me daban esperanzas y comida. Recorría las calles. Iba a la biblioteca pública, leía unas horas y volvía a cenar a la Misión del Espíritu Santo. Me pasó por la cabeza la idea de mendigar, había visto pedigüeños recibiendo monedas y parecía fácil. Pero me faltaba valor. Me daba demasiada vergüenza. En aquellos momentos me parecía insufrible incluso el periodo febril que me había ganado la vida fregando platos en Los Ángeles.

Frases de Barba


Yo conocía el sufrimiento de su alma y me compadecía de ella. Estaba sola, con las raíces colgando en una tierra extraña. No quería venir a América, pero mi abuelo no le había dado otra opción. También en los Abruzos había pobreza, pero era una pobreza más dulce que todo el mundo compartía, como el pan que se pasa en la mesa. También se compartía la muerte, y el dolor, y los buenos momentos, y la aldea de Torricella Peligna era como un único ser humano. Mi abuela era un dedo arrancado a aquel organismo y nada podía aliviar su desolación en la nueva vida que llevaba. Era como todos los que habían llegado de su rincón de Italia. Unos iban tirando, otros eran ricos, pero de su vida había desaparecido la alegría y el nuevo país era un lugar solitario donde "O sole mio" y "Vuelve a Sorrento" eran canciones tristes.

Frases de Abuela


"La cama no me gustó. Era de matrimonio y eso significaba que tendría que dormir con el viejo. Asustado, me senté en el colchón y afronté el dilema. Nunca había dormido con mi padre. La verdad es que no lo había tocado en toda mi vida, exceptuando los ocasionales apretones de manos que nos habíamos dado con el paso del tiempo, y no me apetecía dormir en la misma cama que él. Pensé en la vejez de sus huesos, en la vejez de su piel, en su vejez solitaria y malhumorada, en la vejez aliñada con vino, la suya y la de aquellos amigos suyos, borrachos y pecadores; y pensé en lo hijo de puta que había sido: un macarroni cerril, despótico, soez y disoluto que me había engañado para enrolarme en aquel chapucero safari a las montañas, lejos de mi mujer, mi casa y mi trabajo, y todo por su zafia vanidad, para demostrarse a sí mismo que aún era un constructor de primera.

Frases de Dormir


No le había sido fácil reconocer la bancarrota. Era un hombre orgulloso, con fe en sí mismo y en los buenos tiempos, y guardaba para sí sus problemas con toda la firmeza que podría permitirse un pobre. Nunca había pedido ayuda hasta entonces. Lo miré y vi a un hombre solitario, con una casa llena de críos y sin la menor salida. Nunca tendría más que lo que llevaba puesto, el saco de las herramientas, la hormigonera y su taco preferido. Seguiría trabajando año tras año hasta que se le acabaran las fuerzas, hasta que ya no pudiera doblarse sobre una hilada de ladrillos y la paleta se le cayese de la mano. ¿Había salido de los Abruzos y recorrido tantos kilómetros para acabar así? La abuela Bettina tenía razón. Habría tenido que quedarse en su tierra. Si se hubiera quedado, también habría cambiado mi vida. ¿A qué jugaban en Torricella Peligna? ¿Al fútbol? ¿A la petanca?

Frases de Fútbol


Entonces sucedió algo curioso. Mi padre se murió. Estábamos al aire libre, metidos en el hormigón y entre las piedras, y de súbito tuve la impresión de que se había ido de este mundo. Busqué su cara y lo vi escrito en ella. Tenía los dos ojos abiertos, sus manos se movieron, echaron una paletada de hormigón, pero estaba muerto y en la muerte no tenía nada que decir. A veces se alejaba como un fantasma, se metía entre los árboles y meaba. ¿Cómo podía estar muerto, me preguntaba, si andaba y meaba? Era un fantasma, un cadáver, un fiambre. Quise preguntarle si se encontraba bien, si por casualidad seguía estando vivo, pero me sentía demasiado cansado, estaba demasiado ocupado muriéndome yo, demasiado cansado para construir una frase. Veía la pregunta en el papel, escrita a máquina, entre comillas, pero resultaba muy pesado verbalizarla. Además, no tenía tanta importancia. Todos teníamos que morir algún día.

Frases de Importancia


Todo lo bueno que había en mí se me estremeció en el corazón en aquel instante, y con ello todo cuanto esperaba del sentido profundo y misterioso de mi existencia. Me envolvía la complacencia infinita y muda de la naturaleza, indiferente a la gran ciudad; el desierto latía bajo aquellas calles, alrededor de aquellas calles, en espera de que la ciudad feneciese, para cubrirla una vez más con sus arenas sin tiempo. De repente me sentí invadido por una intuición aterradora, relativa al significado y patético destino de los hombres. El desierto estaría siempre allí, animal blanco y paciente que aguardaba a que los hombres desaparecieran, a que las civilizaciones se tambaleasen y se sumergiesen en las tinieblas. En aquel punto, la raza humana se me antojó una raza valiente y me sentí orgulloso de pertenecer a ella. La maldad del mundo no era maldad, sino un elemento inevitable y benéfico y que formaba parte de la lucha interminable por contener y domeñar el desierto.

Frases de Desierto


Tenía que creer. ¿De dónde habían salido mis medias vaselinas y mis lanzamientos sinuosos, y de dónde había sacado yo aquel poderío? Si dejaba de creer podía venirme abajo, perder el ritmo, regalar bases a los bateadores. Joder, sí, tenía dudas, pero las reprimía. Ya era bastante dura la vida de un pitcher para que encima tuviera que perder la fe en Dios. Un asomo de duda podía entorpecer el uso de El Brazo, de modo que ¿Por qué enturbiar las aguas? Deja las cosas en paz. El Brazo procedía del cielo. Cree en eso. No pienses en la predestinación, no preguntes por qué hay tanta maldad si Dios es infinitamente bueno, ni por qué envía al infierno a tantas criaturas suyas si ya lo sabe todo. Ya pensaría en eso más adelante. Juega en la liga menor, alcanza el estrellato, participa en los Mundiales, entre en el Templo de los Famosos. Entonces podrás sentarte a hacer preguntas, podrás preguntar qué aspecto tiene Dios y por qué nacen niños deformes, y quién ha inventado el hambre y la muerte.

Frases de Hacer preguntas


Estaba arrepentido de haberle gritado y me odiaba a mí mismo, pero la idea de rezar a la madre de Dios para que me acercara al cráneo unas orejas que su propio hijo había alejado previamente, me parecía el colmo de los despropósitos. ¡Rezar! ¿Para qué servía? ¿De qué le había servido a mi madre? Mi padre en la cama con ella todas las noches, oyendo el tintineo del rosario, encontrándosela de rodillas, tiritando de frío, ¿Qué cojones haces ahí? , ven a la cama, por el amor de Dios, que te vas a congelar, y cada plegaria era para él como un latigazo en el trasero, porque le hacía pensar en su propia insignificancia, una mujer que era como un niño que escribe a los Reyes Magos, que salta de la vida para caer en los brazos de Dios, de Santa Teresa, de la Virgen María. Ah, mi madre era una buena mujer, una mujer noble, nunca engañaba ni mentía ni decía una palabra indecorosa. Fregaba el suelo, tendía toneladas de ropa, planchaba a todas horas, cocinaba, cosía, barría y sonreía con ánimo en los momentos difíciles, víctima de Dios, víctima de mi padre, víctima de sus hijos, iba por la vida con los estigmas de Cristo en las manos y los pies y una corona de espinas en la cabeza. Era tan insoportable verla sufrir que me habría gustado que dijera mierda, jódete o vete a tomar por culo. Suspiraba por el día de la sublevación en que por fin estrellara una jarra de vino en la cabeza de mi padre, le cruzara la cara a Bettina y moliera a palos a sus hijos. Lejos de ello, nos castigaba con padrenuestros y avemarías y nos estrangulaba con rosarios.

Frases de Plegaria

Influencias

Autores relacionados

Knut Hamsun Louis Ferdinand Céline Raymond Carver

John Fante

John Fante

Escritor, novelista y guionista estadounidense, precursor del "realismo sucio" de Charles Bukowski y autor de "Pregúntale al polvo" (1939), "Llenos de vida" (1952), "La hermandad de la uva" (1977), "Un año pésimo" (1985).

Nombres

Álter egoArturo Bandini
RealJohn Thomas Fante

Libros destacados

  • Pregúntale al polvo (1939)
  • Llenos de vida (1952)
  • La hermandad de la uva (1977)
  • Un año pésimo (1985)
  • Camino de los Ángeles (1985)
  • El vino de la juventud (1985)

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