Frases de Gabriel García Márquez - Página 13

Gabriel García Márquez

349. Después de desahogarme de los excesos de champaña me sorprendí a mí mismo en el espejo, indigno y feo, y me asombré de que fueran tan terribles los estragos del amor. "Doce cuentos peregrinos" (1992), Gabriel García Márquez

Indigno


350. Siento como si, en esta manera, esta determinación nuestra hiciera nacer en el corazón de la gente, no el melancólico sentimiento de una frustración, sino el de un aplazamiento. "La Hojarasca" (1955), Gabriel García Márquez

Melancólico


351. En una casa como la suya, llena de sirvientas, ahijadas y protegidas de todas las edades, es imposible encerrarse en el dormitorio sin que hasta allí la persiguieran los rumores de la calle. "La mala hora" (1962), Gabriel García Márquez

Dormitorio


352. No recuerdo el amanecer del sexto día. Tengo una idea nebulosa de que durante toda la mañana estuve postrado en el fondo de la balsa, entre la vida y la muerte. "Relato de un náufrago" (1970), Gabriel García Márquez

Amanecer


353. Cuando se quiere escribir algo, se establece una especie de tensión recíproca entre uno y el tema, de modo que uno atiza al tema y el tema lo atiza a uno. "El olor de la guayaba" (1982), Gabriel García Márquez

Escribir


354. Lo único cierto era que se llevaron todo: el dinero, las brisas de diciembre, el cuchillo del pan, el trueno de las tres de la tarde, el aroma de los jazmines, el amor. "Vivir para contarla" (2002), Gabriel García Márquez

Mudanza


355. Siguió examinándola, descubriendo palmo a palmo el milagro de su intimidad, y sintió que su piel se erizaba en la contemplación, como se erizaba la piel de ella al contacto del agua. "Cien años de soledad" (1967), Gabriel García Márquez

Contemplación


356. Ella le preguntó por esos días si era verdad, como decían las canciones, que el amor lo podía todo. "Es verdad", le contestó él, "pero harás bien en no creerlo". "Del amor y otros demonios" (1994), Gabriel García Márquez

Canciones


357. ¿Crees que ella estará de acuerdo? - Ay, mi sabio triste, está bien que estés viejo, pero no pendejo –Dijo Rosa Cabarcas muerta de risa-. Esa pobre criatura está lela de amor por ti. "Memoria de mis putas tristes" (2004), Gabriel García Márquez

Acuerdo


358. Ella interponía siempre una barrera de rabia para que no se le notara el miedo. Y en ese caso, el más terrible de todos, que era el miedo de quedarse sin él. "El amor en los tiempos del cólera" (1985), Gabriel García Márquez

Barrera


359. "Nunca volveré a enamorarme", le confesó en su momento a José Palacios, el único ser humano con quien se permitió jamás esa clase de confidencias. "Es como tener dos almas al mismo tiempo". "El general en su laberinto" (1989), Gabriel García Márquez

Dos almas


360. Después de siete días sin tomar agua, la sed es una sensación distinta, es un dolor profundo en la garganta, en el esternón y especialmente debajo de las clavículas "Relato de un náufrago" (1970), Gabriel García Márquez

Sed


361. Me sentía viviendo un sueño, pues no había aspirado a la beca porque quisiera estudiar, sino por mantener mi independencia de cualquier otro compromiso, en buenos términos con la familia. "Vivir para contarla" (2002), Gabriel García Márquez

Estudiar


362. Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo. "Cien años de soledad" (1967), Gabriel García Márquez

Sobrenatural


363. Era por fin la vida real, con mi corazón a salvo, y condenado a morir de buen amor en la agonía feliz de cualquier día después de mis cien años. "Memoria de mis putas tristes" (2004), Gabriel García Márquez

Morir de amor


364. Habían vivido juntos lo bastante para darse cuenta de que el amor era el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más cerca de la muerte. "El amor en los tiempos del cólera" (1985), Gabriel García Márquez

Convivencia


365. -No debían existir los lunes -dijo el juez. El barbero había empezado a cortarle el cabello. -Son culpa del domingo -dijo-. Si no fuera por el domingo -precisó- no existirían los lunes. "La mala hora" (1962), Gabriel García Márquez

Domingo


366. Hoy me río de los muchachos de ochenta que consultan al médico asustados por estos sobresaltos, sin saber que en los noventa son peores, pero ya no importan: son riesgos de estar vivo. "Memoria de mis putas tristes" (2004), Gabriel García Márquez

Envejecimiento


367. No pude calcular lo mucho de ridículo y vergonzoso que hay en esto de enterrar a un hombre a quien toda la gente había esperado ver convertido en polvo dentro de su madriguera. "La Hojarasca" (1955), Gabriel García Márquez

Entierro


368. En cambio, no volví a escuchar a Mozart durante años, desde que me asaltó la idea perversa de que Mozart no existe, porque cuando es bueno es Beethoven y cuando es malo es Haydn. "Vivir para contarla" (2002), Gabriel García Márquez

Escuchar


369. En tiempos de grandes calores, cuando se abrían los balcones para que entrara el fresco de los parques, se oían las ráfagas de las conversaciones más íntimas con una resonancia fantasmal. "Vivir para contarla" (2002), Gabriel García Márquez

Conversación


370. Nosotros, sin gastar un centavo, les estamos cambiando el idioma, la comida, la música, la educación, las formas de vivir, el amor. Es decir, lo más importante de la vida: la cultura. "Yo no vengo a decir un discurso" (2010), Gabriel García Márquez

Cultura


371. Pensó confusamente, al fin capturado en una trampa de la nostalgia, que tal vez si se hubiera casado con ella hubiera sido un hombre sin guerra y sin gloria, un artesano sin nombre, un animal feliz. "Cien años de soledad" (1967), Gabriel García Márquez

Nostalgia


372. (...) De modo que había dos ciudades: una alegre y multitudinaria durante los seis meses que permanecían los galeones, y otra soñolienta en el resto del año, a la espera de que regresaran. "Del amor y otros demonios" (1994), Gabriel García Márquez

Alegre


373. Se consideraba a sí misma como una Tauro pura, y tenía una fe ciega en sus augurios astrales. Sin embargo, nunca pudo cumplir el sueño de ganarse la vida como astróloga de millonarios. "Doce cuentos peregrinos" (1992), Gabriel García Márquez

Astrología


374. Ha sido una rara experiencia creativa que merece ser explicada, aunque sea para que los niños que quieren ser escritores cuando sean grandes sepan desde ahora qué insaciable y abrasivo es el vicio de escribir. "Doce cuentos peregrinos" (1992), Gabriel García Márquez

Creativo


375. La muchacha dijo después que de todos modos habría estado el tiempo que él hubiera querido sin cobrarle ni un céntimo, porque no podía haber en el mundo un hombre mejor comportado. "Doce cuentos peregrinos" (1992), Gabriel García Márquez

Modales


376. En el trabajo literario uno siempre está solo. Como un náufrago en medio del mar. Sí, es el oficio más solitario del mundo. Nadie puede ayudarle a uno a escribir lo que está escribiendo. "El olor de la guayaba" (1982), Gabriel García Márquez

Ser escritor


377. La mujer parecía demasiado vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño, blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. "Los funerales de la Mamá Grande" (1962), Gabriel García Márquez

Párpados

Autores relacionados

Carlos Fuentes Jorge Luis Borges Julio Cortázar Mario Vargas Llosa Pablo Neruda