Frases de Gabriel García Márquez - Página 10

Gabriel García Márquez

262. Había orden de allanarla casa...Había instrucciones precisas de encontrar armas y municiones y documentos con los pormenores de una conspiración nacional. "La mala hora" (1962), Gabriel García Márquez

Conspiración


263. Hizo entonces un último esfuerzo para buscar en su corazón el sitio donde se le habían podrido los afectos, y no pudo encontrarlo. "Cien años de soledad" (1967), Gabriel García Márquez

Corazón de piedra


264. Me considero el mejor amigo de mis amigos, y creo qué ninguno de ellos me quiere tanto como quiero yo al amigo que quiero menos. "El olor de la guayaba" (1982), Gabriel García Márquez

Mejor amigo


265. Con el tiempo y las posibilidades de tener buena música en casa, aprendí a escribir con un fondo musical acorde con lo que escribo. "Vivir para contarla" (2002), Gabriel García Márquez

Escuchar música


266. Fue la única persona de la familia, de cualquier sexo, que no parecía tener atravesada en el corazón una pena de amor contrariado. "Vivir para contarla" (2002), Gabriel García Márquez

Pena


267. La única criatura mítica que ha producido la América Latina es el dictador militar de fines del siglo pasado y principios del actual. "Yo no vengo a decir un discurso" (2010), Gabriel García Márquez

América Latina


268. Creo que es la prisa y la restricción del espacio lo que ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella. "Yo no vengo a decir un discurso" (2010), Gabriel García Márquez

Género


269. "Los años de ahora ya no vienen como los de antes", solía decir, sintiendo que la realidad cotidiana se le escapaba de las manos. "Cien años de soledad" (1967), Gabriel García Márquez

Cotidiano


270. Entonces ambos siguieron acuchillándolo contra la puerta, con golpes alternos y fáciles, flotando en el remanso deslumbrante que encontraron del otro lado del miedo. "Crónica de una muerte anunciada" (1981), Gabriel García Márquez

Cuchillo


271. La independencia era una simple cuestión de ganar la guerra...Los grandes sacrificios vendrían después, para hacer de estos pueblos una sola patria. "El general en su laberinto" (1989), Gabriel García Márquez

Soberanía


272. El sueldo diario me alcanzaba justo para pagar el cuarto, pero lo que menos me importaba en aquellos días era el abismo de la pobreza. "Vivir para contarla" (2002), Gabriel García Márquez

Sueldo


273. No se le había ocurrido pensar hasta entonces que la literatura fuera el mejor juguete que se había inventado para burlarse de la gente. "Cien años de soledad" (1967), Gabriel García Márquez

Literatura


274. "Era como estar despierto dos veces". Esa frase me hizo pensar que lo más insoportable para ellos en el calabozo debió haber sido la lucidez. "Crónica de una muerte anunciada" (1981), Gabriel García Márquez

Insoportable


275. El alcohol lo había abandonado por completo, y sólo le quedaba un sedimento terroso en la lengua y una confusa sensación de soledad. "Los funerales de la Mamá Grande" (1962), Gabriel García Márquez

Abandonado


276. Se hicieron cada vez más lejanos los gritos de los pájaros y la bullaranga de los monos, y el mundo se volvió triste para siempre. "Cien años de soledad" (1967), Gabriel García Márquez

Triste


277. Es un gran hombre, un gran soldado y un amigo fiel, pero toma notas de todo... Y no hay nada más peligroso que la memoria escrita. "El general en su laberinto" (1989), Gabriel García Márquez

Testamento


278. La realidad que se maneja en una novela es diferente a la realidad de la vida, aunque se apoye en ella. Como ocurre con los sueños. "El olor de la guayaba" (1982), Gabriel García Márquez

Realidad de la vida


279. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso? "Yo no vengo a decir un discurso" (2010), Gabriel García Márquez

Sorpresa


280. La voy a poner a pensar en mí a toda hora. Coloqué un retrato suyo detrás de la puerta y le clavé alfileres en los ojos. "La Hojarasca" (1955), Gabriel García Márquez

Retrato


281. No tienes el menor sentido de los negocios...Cuando se va a vender una cosa hay que poner la misma cara con que se va a comprar. "El coronel no tiene quien le escriba" (1961), Gabriel García Márquez

Vender


282. La mujer se desesperó. "Y mientras tanto qué comemos", preguntó, y agarró al coronel por el cuello de franela. Lo sacudió con energía. -Dime, qué comemos. "El coronel no tiene quien le escriba" (1961), Gabriel García Márquez

Pobreza


283. Tenía una barba de dos semanas; un cabello corto, duro y parado como las crines de un mulo, y una expresión general de muchacho asustado. "Los funerales de la Mamá Grande" (1962), Gabriel García Márquez

Barba


284. Y fue así como en la plenitud del otoño volvió a creer en la superstición juvenil de que la pobreza era una servidumbre del amor. "Cien años de soledad" (1967), Gabriel García Márquez

Superstición


285. Algunas personas me dicen que esta historia es una invención fantástica. Yo les pregunto: Entonces, ¿Qué hice durante mis diez días en el mar? "Relato de un náufrago" (1970), Gabriel García Márquez

Náufrago


286. Con su inteligencia natural y su habla prodigiosa tenía la facultad inigualable de conocer el sitio justo en que las malas palabras recobran su estirpe cervantina. "Vivir para contarla" (2002), Gabriel García Márquez

Inteligencia


287. Se dejó besar sin corresponder. Luego, consciente de los riesgos pero sin arrepentimiento, como evocando los recuerdos de un viaje, le contó los pormenores de su aventura. "Los funerales de la Mamá Grande" (1962), Gabriel García Márquez

Besar


288. Antes de volver a casa al día siguiente escribí en el espejo con el lápiz de labios: "niña mía, estamos solos en el mundo". "Memoria de mis putas tristes" (2004), Gabriel García Márquez

Espejo


289. Ustedes tienen una religión de la muerte que les infunde el valor y la dicha para enfrentarla... Yo no: creo que lo único esencial es estar vivo. "Del amor y otros demonios" (1994), Gabriel García Márquez

Ateísmo


290. "Parecían dos niños", me dijo. Y esa reflexión la asustó, pues siempre había pensado que sólo los niños son capaces de todo. "Crónica de una muerte anunciada" (1981), Gabriel García Márquez

Asustado

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