Frases de Francisco de Quevedo - Página 3

01. Si quieres que te sigan las mujeres, ponte delante de ellas.

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02. El amigo interesado mira a su amor propio; el verdadero, sólo al bien del amigo.

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03. La paciencia es virtud vencedora. La impaciencia es vicio del demonio.

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04. El amor es la última filosofía de la tierra y del cielo.

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05. Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla.

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06. El árbol de la vida es la comunicación con los amigos; el fruto, el descanso y la confianza en ellos.

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07. No quieres inmortalidad porque lo dudas, sino porque la temes.

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08. El exceso es el veneno de la razón.

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09. Conviene vivir considerando que se ha de morir; la muerte siempre es buena; parece mala a veces porque es malo a veces el que muere.

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10. El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos.

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11. No es dichoso aquél a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada.

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12. El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor.

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Influencias

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Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Escritor, moralista, erudito y político español, perteneciente al Siglo de Oro y una de las figuras de la literatura española más influyente.

Sobre Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo se crió rodeado de nobles y potentados, ya que sus padres desempañaban altos cargos y trabajaban para la reina Ana de Austria.

Sus primeros estudios los curso con los jesuitas en Madrid y luego se trasladó a Alcalá, estudiando en la Universidad de Alcalá de Henares y de Valladolid, ciudad ésta donde adquirió su fama de gran poeta y se hizo famosa su rivalidad con Luis de Góngora.

En 1606, Francisco de Quevedo se trasladó a Madrid y continuó sus estudios de teología.

Conoció al duque de Osuna y tiempo después, en 1613 lo acompaño como secretario de Estado a Sicilia (Italia), regresando en 1616 y recibiendo el hábito de caballero de la Orden de Santiago.

Con la caída del duque de Osuna (1620), la obra de Francisco de Quevedo fue prohibida y él encerrado en la Torre de Juan Abad durante tres años.

En 1632, recomendado por el conde-duque de Olivares, fue nombrado secretario real, pero sus escritos y críticas satíricas contra la corte hicieron que lo encarcelaran por segunda vez en 1639, un cautiverio más duro y despiadado en el monasterio de San Marcos.

Francisco de Quevedo estuvo alojado cinco años en una celda oscura y húmeda, más abajo del nivel del río, que daño su salud y precipitó su fin.

Atacado por dolores tremendos, casi ciego y llagado, fue absuelto y puesto en libertad en 1643, pero empobrecido física y moralmente, murió dos años después.

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