Frases de F. Scott Fitzgerald - Página 3

Frases de F. Scott Fitzgerald (página 3 de 3)

67. La gente desaparecía, reaparecía, hacía planes para ir a algún sitio, y entonces se perdía, se buscaba, se encontraba a un metro de distancia. "El gran Gatsby" (1925)

Encontrarse


68. La ciudad vista desde el puente de Queensboro es siempre la ciudad vista por primera vez, virgen en su primera promesa de todo lo misterioso y maravilloso del mundo. "El gran Gatsby" (1925)

Puente


69. El hecho de lograr arrancar rumores de aquéllos que encontraban poco sobre qué murmurar en este mundo, era el mejor testimonio de la especulación romántica que inspiraba. "El gran Gatsby" (1925)

Murmurar


70. El caso es que da fiestas muy concurridas. Y a mí me gustan las fiestas con mucha gente. Son muy íntimas. En las fiestas con poca gente la intimidad es nula. "El gran Gatsby" (1925)

Fiesta


71. Me alegro de que sea niña. Pero confío en que sea tonta... Lo mejor que le puede pasar a una niña en este mundo es ser una hermosa tontita. "El gran Gatsby" (1925)

Tonto


72. Se apoderó de él cierta rigidez, la sangre le afluyó a las mejillas y a la frente, y sintió en los oídos el palpitar constante de la sangre. Era el primer amor. "Cuentos de la edad del jazz" (1922)

Primer amor


73. El problema no tiene una conexión necesaria con el desaliento: el desaliento tiene un germen propio, tan diferente de los problemas como la artritis es diferente de una articulación rígida. "Crack-up" (1945)

Desaliento


74. A veces resulta más difícil privarse de un dolor que de un placer, y el recuerdo le obsesionaba tanto que, por el momento, lo único que podía hacer era seguir fingiendo. "Suave es la noche" (1934)

Difícil


75. La columna de viajeros que esperaba para tomar el tren me pareció tan remota como los habitantes de otro mundo, pero era yo quien se alejaba a la deriva y los dejaba atrás. "Cuentos de la edad del jazz" (1922)

Tren


76. Toda la vida era clima: esperar, bajo aquel calor en el que los hechos no tenían sentido, a que volviera el frescor, acariciador y suave como una mano de mujer sobre una frente cansada. "Cuentos de la edad del jazz" (1922)

Clima


77. Una imagen grotesca se materializó con tremenda nitidez ante los ojos del hombre atormentado: una imagen de sí mismo paseando por las abarrotadas calles de la ciudad con aquella espantosa aparición renqueando a su lado. "Cuentos de la edad del jazz" (1922)

Espanto


78. (...) James Gatz era víctima de un mundo al que no pertenecía: ricos, seres descuidados e indiferentes, que aplastaban cosas y seres humanos, y luego se refugiaban en su dinero o en su amplia irreflexión. "El gran Gatsby" (1925)

Víctima


79. (...) Había en Gatsby algo magnífico, una exacerbada sensibilidad para las promesas de la vida, como si estuviera conectado a una de esas máquinas complejísimas que registran terremotos a quince mil kilómetros de distancia. "El gran Gatsby" (1925)

Terremotos


80. A veces es más difícil privarse de un dolor que de un placer y el recuerdo lo poseía de tal manera que, por el momento, no había nada más que hacer que fingir. "Suave es la noche" (1934)

Fingir


81. No era un error: veía a un hombre de setenta años, un recién nacido de setenta años, un recién nacido al que las piernas se le salían de la cuna en la que descansaba. "Cuentos de la edad del jazz" (1922)

Recién nacido


82. Es una gran ventaja no beber entre gente que bebe mucho. No hablas de más y en el momento oportuno puedes permitirte alguna irregularidad menor pues todos están tan ciegos que ni se dan cuenta o no les importa. "El gran Gatsby" (1925)

Beber


83. Una generación nueva, que se dedica más que la última a temer a la pobreza y a adorar el éxito; crece para encontrar muertos a todos los dioses, tiene hechas todas las guerras y debilitadas todas las creencias del hombre.

Adorar


84. Los Schnlitzer- Murphy tenían diamantes como nueces...-Eso no es nada -Percy se le acercó y bajó la voz, que ahora sólo era un susurro-. Eso no es nada. Mi padre tiene un diamante más grande que el Hotel Ritz-Carlton. "Cuentos de la edad del jazz" (1922)

Nueces


85. Entonces viví como un joven rajá en todas las capitales de Europa: París, Venecia, Roma, coleccionando joyas, principalmente rubíes, practicando la caza mayor, pintando un poco, exclusivamente para mí, e intentando olvidar algo muy triste que me había pasado hacía mucho tiempo. "El gran Gatsby" (1925)

Europa


86. Y entonces, gracias al sol y a los increíbles brotes de hojas que nacían en los árboles, a la manera como crecen las cosas en las películas de cámara rápida, sentí la familiar convicción de que la vida estaba empezando de nuevo con el verano. "El gran Gatsby" (1925)

Verano


87. La prueba de una inteligencia de primera clase es la capacidad para retener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, y seguir conservando la capacidad de funcionar. Uno debería, por ejemplo, ser capaz de ver que las cosas son irremediables y, sin embargo, estar decidido a hacer que sean de otro modo. "Crack-up" (1945)

Prueba


88. Las tres mujeres que había en la mesa eran perfectos ejemplos del enorme flujo de la vida norteamericana. Nicole era nieta de un capitalista (...), Mary North era hija de un empapelador y descendiente del presidente Tyler. Rosemary pertenecía a la clase media y su madre la había lanzado a las cumbres inexploradas de Hollywood. "Suave es la noche" (1934)

Capitalista


89. Me veía obligado a mantener en equilibrio el sentido de la inutilidad del esfuerzo y el sentido de la necesidad de luchar; la convicción de la inevitabilidad del fracaso y la decisión de "triunfar", y, más que estas cosas, la contradicción entre la opresiva influencia del pasado y las elevadas intenciones del futuro. "Crack-up" (1945)

Equilibrio


90. Su corazón se hallaba en constante y turbulenta agitación, temperamento creador, tenía un don para saber esperar y, sobre todo, una romántica presteza; era la suya una de esas raras sonrisas, con una calidad de eterna confianza, de esas que en toda la vida no se encuentran más que cuatro o cinco veces. "El gran Gatsby" (1925)

Temperamento


91. Era una noche magnífica. La luna llena bañaba la carretera con un apagado color platino, y, en el aire inmóvil, la cosecha de flores tardías exhalaba aromas que eran como risas suaves, con sordina. Los campos, alfombrados de trigo reluciente, brillaban como si fuera de día. Era casi imposible no emocionarse ante la belleza del cielo, casi imposible. "Cuentos de la edad del jazz" (1922)

Cosecha


92. Usted está en la edad romántica. Cincuenta años. A los veinticinco los hombres son demasiado mundanos; a los treinta están atosigados por el exceso de trabajo. Los cuarenta son la edad de las historias largas: para contarlas se necesita un puro entero; los sesenta...Ah, los sesenta están demasiado cerca de los setenta, pero los cincuenta son la edad de la madurez. Me encantan los cincuenta. "Cuentos de la edad del jazz" (1922)

Romántico


93. Me da gusto que te encuentres feliz pero nunca he creído mucho en la felicidad. Nunca creí tampoco en la miseria. Esas son cosas que ves en el escenario o en la pantalla o en las páginas impresas, no suceden realmente en la vida. En lo único que creo en la vida es en las recompensas por la virtud (de acuerdo con tus talentos) y los castigos por no cumplir con tu deber, que son doblemente costosos.

Recompensa


94. Los buenos modales equivalen a reconocer que todo el mundo es tan delicado que se le tiene que tratar con guante blanco. Pero el respeto a los demás es otra cosa. A un hombre no se le puede llamar cobarde o mentiroso a la ligera, pero si uno se pasa la vida tratando de no herir los sentimientos de los demás y alimentando su vanidad, acaba por no saber qué es lo que debe respetar en ellos. "Suave es la noche" (1934)

Modales


95. Se habla de que las heridas cicatrizan, estableciéndose un paralelismo impreciso con la patología de la piel, pero no ocurre tal cosa en la vida de un ser humano. Lo que hay son heridas abiertas; a veces se encogen hasta no parecer más grandes que un pinchazo causado por un alfiler, pero siguen siendo heridas. Las marcas que deja el sufrimiento se deben comparar más bien a la pérdida de un dedo o la pérdida de visión en un ojo. Puede que en algún momento no notemos que nos faltan, pero el resto del tiempo, aunque los echemos de menos, nada podemos hacer. "Suave es la noche" (1934)

Cicatrices

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