Frases de Ernest Hemingway

Los fascistas están abrigados -pensó-, y muy a gusto, y mañana por la noche los mataremos. Es una cosa rara y no me gusta pensar en eso. Los he estado observando todo el día; son hombres como nosotros. Creo que podría ir al aserradero, llamar a la puerta y que sería bien recibido; si no fuera porque tienen la orden de pedir los papeles a todos los viajeros. Pero entre ellos y yo no hay más que órdenes. Esos hombres no son fascistas. Los llamo así, pero no lo son. Son pobres gentes como nosotros. No debieran haber combatido jamás contra nosotros, y no me gusta nada la idea de matarlos. Por quién doblan las campanas

Frases de "Por quién doblan las campanas" (1940) Frases de Fascista


"Pero ¡Si no tienes casa ni corral! Y por lo que hace a la familia, sólo tienes un hermano que va mañana al combate, y no posees nada más que el viento, el sol y unas tripas vacías en este momento. El viento, apenas corre. Y no hay sol. Tienes cuatro bombas de mano en tu bolsillo; pero no sirven más que para tirarlas. Tienes una carabina a la espalda, pero no es buena más que para disparar balas. Llevas un papel que tienes que entregar. Y tienes una buena cantidad de estiércol que podrías dar a la tierra, en este momento -pensó, sonriendo, en medio de la noche-. Podrías también mojarla orinándote encima. Todo lo que tienes son cosas que dar. Bueno, eres un fenómeno de filosofía y un hombre muy desgraciado", se dijo, sonriendo de nuevo. Por quién doblan las campanas

Frases de "Por quién doblan las campanas" (1940) Frases de Desgraciado


(...) Era su don más preciado. La cualidad que le hacía apto para la guerra; esa facultad, no de ignorar, pero sí de despreciar el final, por desgraciado que fuera. Esa cualidad quedaba, no obstante, destruida cuando tenía que echarse encima responsabilidades de los otros o cuando sentía la necesidad de emprender una tarea mal preparada o mal concebida. Porque en tales circunstancias no podía permitirse el ignorar un final desgraciado, un fracaso. No era ciertamente una posibilidad de catástrofe para él mismo, que podía ignorar. (...) Sabía que él no era nada y sabía que no era nada la muerte. Lo sabía auténticamente; tan auténticamente como todo lo que sabía. En aquellos últimos días había llegado a saber que él, junto con otro ser, podía serlo todo. Pero también sabía que aquello era una excepción. Hemos tenido esto -pensó-. Y hemos sido muy dichosos. Se me ha otorgado eso quizá porque nunca lo había pedido. Nadie puede quitármelo ni puede perderse. Pero eso es algo pesado, algo que se ha concluido al despuntar el día, y ahora tenemos que hacer nuestro trabajo. Por quién doblan las campanas

Frases de "Por quién doblan las campanas" (1940) Frases de Despreciar


Uno tenía la impresión allí, a pesar de toda la burocracia, la incompetencia y las bregas de los partidos, como la que se espera tener y luego no se tiene el día de la primera comunión: el sentimiento de la consagración a un deber en defensa de todos los oprimidos del mundo, un sentimiento del que resulta tan embarazoso hablar como de la experiencia religiosa, un sentimiento tan auténtico, sin embargo, como el que se experimenta al escuchar a Bach o al mirar la luz que se cuela a través de las vidrieras en la catedral de Chartres, o en la catedral de León, o mirando a Mantegna, El Greco o Brueghel en el Prado. Era eso lo que permitía participar en cosas que podía uno creer enteramente y en las que se sentía uno unido en entera hermandad con todos los que estaban comprometidos en ellas. Era algo que uno no había conocido antes aunque lo experimentaba y que concedía una importancia a aquellas cosas y a los motivos que las movían, de tal naturaleza que la propia muerte de uno parecía absolutamente insignificante, algo que sólo había que evitar porque podía perjudicar el cumplimiento del deber. Pero lo mejor de todo era que uno podía hacer algo por ese sentimiento y a favor de él. Uno podía luchar. Por quién doblan las campanas

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Influencias

Autores relacionados

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Ocupación

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Ernest Hemingway

Frases de Ernest Hemingway

Escritor, novelista, periodista y corresponsal de guerra estadounidense, autor de "Fiesta" (1926), "Adiós a las armas" (1929), "Por quién doblan las campanas" (1940) y "El viejo y el mar" (1952).

Nombres

RealErnest Miller Hemingway

Biografía Ernest Hemingway

De padre médico y madre amante de la música, Ernest Hemingway fue el segundo de tres hermanos que se criaron en un ambiente tranquilo y en contacto con la naturaleza.

En 1913 ingresa a la secundaria de "Oak Park and River Forest" (OPRF), donde se destaca en todas las asignaturas, especialmente las literarias.

Tras egresar en 1917, se traslada a Kansas y comienza a trabajar como reportero en el periódico "Kansas City Star".

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Ernest Hemingway fue conductor de ambulancia para la cruz roja, siendo herido en 1918.

En 1919 regresa a Estados Unidos y continua su trabajo como periodista en el "Toronto star", y en 1922 se traslada a París (Francia).

Tras varios años de problemas económicos, en 1925 adquiere cierta notoriedad y vuelve a Estados Unidos.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) es destinado al mar de Las Antillas y luego a Europa como corresponsal de guerra, formando parte del desembarco en Normandía (Francia).

Retoma la escritura en 1950 y dos años después aparece "El viejo y el mar", novela por la que recibe un premio Pulitzer en 1953 y un año más tarde el Premio Nobel de Literatura por el conjunto de su obra.

Un 2 de julio Ernest Hemingway se dispara con una escopeta y acaba con su vida, no llegándose a establecer fehacientemente si fue buscado o en forma accidental.

Libros destacados

  • Fiesta (1926)
  • El viejo y el mar (1952)
  • Adiós a las armas (1929)
  • Por quién doblan las campanas (1940)
  • Tres relatos y diez poemas (1923)
  • En nuestro tiempo (1925)

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