Frases de Ernest Hemingway - Página 5

Frases de Ernest Hemingway (página 5 de 8)

97. Calor, sólo una sábana. Toda la noche. Nos amaríamos toda la noche, la noche cálida de Milán. Así deberían suceder las cosas. "Adiós a las armas" (1929)

Sábana


98. El hombre no es gran cosa junto a las grandes aves y las fieras. Con todo, preferiría ser esa bestia que está allá abajo en las tinieblas del mar. "El viejo y el mar" (1952)

Bestia


99. Decía siempre la mar. Así es como dicen en español cuando la quieren. Aunque hablen mal de ella siempre se refieren a ella como si fuera una mujer. "El viejo y el mar" (1952)

Mar


100. Tenía un periódico pero no leía, pues no quería saber nada más de la guerra. Quería olvidar la guerra. Había hecho una paz aparte. "Adiós a las armas" (1929)

Paz


101. En todas las artes, los progresos y los descubrimientos lógicos son recogidos por alguno de los sucesores, de modo que nada, en realidad, se pierde, si no es el hombre. "Muerte en la tarde" (1932)

Descubrimiento


102. La luna se había levantado hacía mucho tiempo, pero él seguía durmiendo y el pez seguía tirando del bote y éste entraba en un túnel de nubes. "El viejo y el mar" (1952)

Pez


103. Aprendió a pensar pero no supo ya volar, porque había perdido el amor al vuelo y no hacía más que recordar los tiempos en los que volaba sin esfuerzo. "París era una fiesta" (1964)

Volar


104. Disfrutar de la vida no era más que aprender a sacar todo el partido posible del dinero que se tenía, y darse cuenta de cuándo se había logrado. "Fiesta" (1926)

Inteligencia financiera


105. La afición a las carreras nunca se interpuso entre nosotros. Sólo una persona era capaz de tanto. Pero, durante mucho tiempo, la afición nos acompañó como un amigo exigente. "París era una fiesta" (1964)

Carreras


106. No comprendo estas cosas. Pero es bueno que no tengamos que tratar de matar el sol o la luna o las estrellas. Basta con vivir del mar y matar a nuestros verdaderos hermanos. "El viejo y el mar" (1952)

Mar


107. Uno daba una cosa y recibía otra, o bien tenía que trabajar para obtenerla. De una forma u otra, uno pagaba por todas las cosas que tenían algún valor. "Fiesta" (1926)

Trabajar


108. A partir del momento en que empecé a despedazar mi estilo y a desprenderme de toda facilidad y a probar de construir en vez de describir, mi trabajo se había hecho apasionante. "París era una fiesta" (1964)

Probar


109. Todos los toros bravos pueden ser divididos de una manera primitiva en dos clases: los que son criados y seleccionados para los toreros y los que se crían para placer de los ganaderos. "Muerte en la tarde" (1932)

Toro


110. Echaba de menos la oración, aunque se le antojaba poco honrado e hipócrita el rezar. No quería pedir ningún favor especial, ningún trato diferente del que estaban recibiendo todos los hombres. "Por quién doblan las campanas" (1940)

Rezar


111. Lo que usted me contaba algunas veces de sus noches, no es amor. Es sólo pasión y lujuria. Cuando se ama, se intenta, se quiere hacer algo para el que se ama. Sacrificarse, servirlo. "Adiós a las armas" (1929)

Lujuria


112. Lo tienes ahora, y ese ahora es toda tu vida. No existe nada más que el momento presente. No existen ni el ayer ni el mañana. ¿A qué edad tienes que llegar para poder comprenderlo? "Por quién doblan las campanas" (1940)

Vivir el momento presente


113. Al terminar un cuento me sentía siempre vaciado y a la vez triste y contento, como si hubiese hecho el amor (....) aunque para saber si era bueno tendría que esperar a releerlo el día siguiente. "París era una fiesta" (1964)

Cuento


114. ¿No has tenido nunca la impresión de que tu vida se te escurre sin que tú le saques el jugo? ¿Te das cuenta de que has vivido ya casi la mitad de lo que durará tu vida? "Fiesta" (1926)

Paso del tiempo


115. - ¿No se ha enamorado nunca? -Siempre -contestó el conde-. Siempre estoy enamorado. - ¿Y qué significa eso para sus valores? -Eso tiene también un buen lugar entre mis valores. -Usted no tiene valores; está muerto, eso es todo. "Fiesta" (1926)

Valores


116. Estoy borracho; ya lo ves. Cuando no estoy borracho, no hablo. Tú no me has visto nunca hablar tanto. Pero un hombre inteligente se ve obligado a emborracharse algunas veces para poder pasar el tiempo con los imbéciles. "Por quién doblan las campanas" (1940)

Imbécil


117. París siempre valía la pena, y uno recibía siempre algo a trueque de lo que allí dejaba. Yo he hablado de París según era en los primeros tiempos, cuando éramos muy pobres y muy felices. "París era una fiesta" (1964)

París


118. - ¿Quieres que vaya a buscar un sacerdote o alguien para que te vea? -No quiero ver a nadie más que a ti. -Luego, después de un silencio-. No tengo miedo, pero la idea de la muerte me causa horror. "Adiós a las armas" (1929)

Miedo a la muerte


119. La corrida está montada sobre la base de que es el primer encuentro entre un animal salvaje y un hombre a pie. Y la primera condición de la corrida moderna es que el toro no haya pisado la plaza nunca. "Muerte en la tarde" (1932)

Toro


120. En nuestros juegos deportivos, no es la muerte lo que nos fascina, la muerte cercana, que es preciso esquivar; sino la victoria, y es la derrota, en lugar de la muerte, lo que tratamos de evitar. Todo ello tiene un simbolismo muy lindo; "Muerte en la tarde" (1932)

Simbolismo

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