Frases de Ernest Hemingway - Página 4

Frases de Ernest Hemingway (página 4 de 8)

73. Comíamos bien y barato, bebíamos bien y barato, y juntos dormíamos bien y con calor, y nos queríamos. "París era una fiesta" (1964)

Calor


74. No puedes huir de ti mismo por el mero hecho de trasladarte de un sitio a otro. No se logra nada así. "Fiesta" (1926)

Huir


75. Durante el día es extraordinariamente fácil dárselas de duro sobre cualquier asunto, pero por la noche es otro cantar. "Fiesta" (1926)

Anochecer


76. Soy un hombre viejo y cansado. Pero he matado a este pez que es mi hermano y ahora tengo que terminar la faena. "El viejo y el mar" (1952)

Pez


77. Era demasiado bueno para durar, pensó. Ahora pienso que ojalá hubiera sido un sueño y que jamás hubiera pescado el pez. "El viejo y el mar" (1952)

Pescado


78. Has tratado de comprarla (la suerte) con ochenta y cuatro días en el mar. Y casi estuvieron a punto de vendértela. "El viejo y el mar" (1952)

Suerte


79. Cada día que pasaba rodeado de comodidades y siendo lo que despreciaba, embotaba su habilidad y reblandecía su voluntad de trabajo... "La quinta columna y los primeros cincuenta y nueve relatos" (1938)

Habilidad


80. No era un hijo de mala madre; Era un cobarde, simplemente, y eso es la peor desgracia que puede sucederle a un hombre. "Por quién doblan las campanas" (1940)

Cobarde


81. No, la sabiduría de los viejos es un gran error. No es que se vuelvan más sabios, sino más prudentes. "Adiós a las armas" (1929)

Prudente


82. Cuando llegaba la primavera, incluso si era una primavera falsa, la única cuestión era encontrar el lugar donde uno pudiera ser feliz. "París era una fiesta" (1964)

Primavera


83. La gente se quiere, pero insisten en no comprenderse, y se pelean, y entonces, de repente, dejan de ser una sola y misma persona. "Adiós a las armas" (1929)

Comprensión


84. El castigo del anzuelo no es nada. El castigo del hambre y de que se halle frente a una cosa que desconoce lo es todo. "El viejo y el mar" (1952)

Castigo


85. Desde un punto de vista moral moderno, es decir, cristiano, la corrida es completamente indefendible; hay siempre en ella crueldad, peligro, buscado o azaroso, y muerte. "Muerte en la tarde" (1932)

Cristiano


86. Esta gente es maravillosa cuando es buena. No hay gente como esta cuando es buena, y cuando es mala no hay gente peor en el mundo. "Por quién doblan las campanas" (1940)

Muchedumbre


87. Este vino es demasiado bueno para brindar con él, querida. No hay que mezclar las emociones con un vino como ése: uno se pierde su sabor. "Fiesta" (1926)

Sabor


88. El arte de los toros es un arte ligado a la muerte, y la muerte lo barre todo. Pero no se pierde nunca, en el fondo. "Muerte en la tarde" (1932)

Toro


89. Mis palabras se convertían en algo que había que destruir, y a veces, a ser posible, había que destruirme a mí de paso. "París era una fiesta" (1964)

Destrucción


90. Ahora me han derrotado, pensó. Soy demasiado viejo para matar tiburones a garrotazos. Pero lo intentaré mientras tenga los remos y la porra y la caña. "El viejo y el mar" (1952)

Viejo


91. Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará vayas donde vayas, todo el resto de tu vida. "París era una fiesta" (1964)

París


92. En la cantina hablaban mucho y bebí vino porque aquella noche, de no haberlo hecho, no hubiese podido experimentar la impresión de que todos éramos hermanos. "Adiós a las armas" (1929)

Bar


93. - ¿Le da usted valor a la vida? -Sí. -Yo también. Porque es todo lo que poseo y mi mayor deseo es poder ir celebrando mis aniversarios. "Adiós a las armas" (1929)

Valorar


94. Hay ciertas cosas que no se pueden aprender rápidamente, y para aprenderlas tenemos que pagarlas muy caras con nuestro tiempo, que es todo lo que poseemos. "Muerte en la tarde" (1932)

Nuestro tiempo


95. Un escritor serio puede ser un halcón, un zopilote e incluso un papagayo; pero un escritor solemne no es nunca más que una condenada lechuza. "Muerte en la tarde" (1932)

Ser escritor


96. Llegar a todo aquel nuevo mundo de literatura, con tiempo para leer en una ciudad como París, era como si a uno le regalaran un gran tesoro. "París era una fiesta" (1964)

Tesoro

Autores relacionados

F. Scott Fitzgerald James Joyce John Steinbeck William Faulkner