Frases de Emily Dickinson - Página 2

01. El dolor que merece la pena no se va tan rápido.

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02. La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla.

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03. La vida es una muerte que prolongamos; la muerte es el gozne de la vida.

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04. Nunca intenté levantar las palabras que no puedo sostener.

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05. El temor, como el morirse, dilata la confianza o la impone.

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06. Las candilejas no pueden mejorar la tumba, sólo la inmortalidad.

+ Frases de Inmortalidad


07. No recibo cartas de los muertos, y sin embargo, cada día los quiero más.

+ Frases de Muertos


08. Un hoyuelo en la tumba convierte esa feroz habitación en un hogar

+ Frases de Hoyuelo


09. No ha sucedido nada sino la soledad, acaso demasiado cotidiana como para relatarla.

+ Frases de Soledad


10. La gratitud es el único secreto que no puede revelarse por sí mismo.

+ Frases de Gratitud


11. Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para turbar a nadie.

+ Frases de Mi vida


12. Para un emigrante, es país es ocioso a no ser que sea el suyo propio.

+ Frases de País

Influencias

Autores relacionados

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Emily Dickinson


Poeta estadounidense cuya poesía de alta integridad artesanal, lírica excepcional, naturalista y apasionada la colocan entre las grandes personalidades de la literatura americana.

Sobre Emily Dickinson

Emily Dickinson nació en una familia muy influyente en la sociedad puritana de su pueblo y su casa era frecuentada por la clase dirigente.

En 1940 fue anotada por los padres en la Academia de Amherst, recibiendo una sólida instrucción que incluía griego y latín.

En 1847 abandonó el hogar familiar para estudiar en el Seminario para Señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke, donde permaneció menos de un año y abandonó a causa de una enfermedad.

A lo largo de su educación, la poetisa deslumbró por su inteligencia y rapidez mental, además de su humor y carisma arrollador.

Luego de la muerte de dos grandes amigos, Emily Dickinson se retiró de la vida social a los 30 años y durante el resto de su vida vivió como una ermitaña, manteniéndose únicamente en contacto con amigos a través de sus enigmáticas y epigramáticas cartas.

Esta época fue la de mayor inspiración, coincidiendo con la Guerra Civil Estadounidense (1861-1865).

Entre los pocos contactos que mantuvo con el exterior se encuentra su larga correspondencia, iniciada en 1862, con el clérigo y escritor Thomas Wentworth Higginson.

La poesía de Emily Dickinson llena de metáforas, con una sintaxis totalmente innovadora (a través del uso y abuso de guiones y mayúsculas), con un ritmo trepidante, desconcertaban a Higginson, quien le animaba a seguir escribiendo pero le recomendaba que no las publicara pues el público de la época nos las entendería.

Tras la muerte de la poetisa, fueron publicando gradualmente sus poemas, sumamente innovadores y sofisticados.

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