Frases de Elsa Morante - Página 3

63. Así, la Segunda Guerra Mundial había concluido. Ese mismo mes de agosto los Tres Grandes (los señores Churchill y Truman y el camarada Stalin) se entrevistaban en Potsdam para definir la paz, o sea, para marcar los confines recíprocos de sus imperios. "La historia" (1974), Elsa Morante

Segunda guerra mundial


64. La vergüenza es, en realidad, todavía un signo de conciencia, y los burgueses, la conciencia, que es el honor del hombre, la han amputado. Se creen seres completos, mientras que son muñones. Y su máxima desventura es esta ignorancia obtusa, impenetrable... "La historia" (1974), Elsa Morante

Burgués


65. Y entonces, para encontrar un poco de consuelo y reposo, imaginaba una escena en la que una madre besaba a su hijo con un afecto casi divino. Y ese hijo era yo. Pero la madre, sin yo quererlo, no se parecía a mi verdadera madre... "La isla de Arturo" (1957), Elsa Morante

Afecto


66. (...) Y si esto vale para los amantes afortunados, los desafortunados conocen además el odio hacia sí mismos. Odio por la propia persona, fea -mientras que la otra es hermosa-, oscura -mientras que la otra es luminosa- e inquieta -mientras que la otra es indiferente e impasible como los dioses. "Mentira y sortilegio" (1948), Elsa Morante

Indiferente


67. Se amplía cada vez más, en los territorios del mundo, el "cáncer industrial" que envenena el aire, el agua y los organismos y asedia y devasta los centros habitados, al igual que desnaturaliza y destruye a los hombres condenados a las cadenas en el interior de sus fábricas. "La historia" (1974), Elsa Morante

Condenados


68. Los suministros (...) provendrán de la actividad infatigable y sin turnos de descanso de las industrias bélicas, las cuales, aplicando a las máquinas millones de organismos humanos, abastecen ya de nuevos productos (entre los primeros, tanques superarmados y superacorazados llamados Panzer, aviones "de caza" y bombarderos de gran autonomía, etcétera). "La historia" (1974), Elsa Morante

Tanques de guerra


69. Semejante sistema [el fascismo] se basa en efecto en abusar de los indefensos (pueblos o clases o individuos) por parte de quien tiene los medios para ejercer la violencia; en realidad, desde los orígenes primitivos, universalmente, y a lo largo de todo el curso de la Historia humana, no subsiste otro sistema que este. "La historia" (1974), Elsa Morante

Fascismo


70. Y si la amargura de cada conquista, incluso la más afortunada, es el vano deseo de ser una cosa sola con el otro, ¿La última consecuencia de este deseo no es precisamente la loca pretensión de dejar de ser uno mismo y convertirse en el otro, buscando, gracias a esta metamorfosis, la posesión y el descanso? "Mentira y sortilegio" (1948), Elsa Morante

Metamorfosis


71. A decir verdad, lo único que en ese momento instintivamente andaba buscando [el soldado alemán] por las calles de Roma era un burdel. No tanto por un deseo urgente e irresistible como, más bien, porque se sentía demasiado solo; y le parecía que únicamente dentro de un cuerpo de mujer, hundido en aquel nido cálido y amistoso, se sentiría menos solo. "La historia" (1974), Elsa Morante

Urgente


72. El resultado de las negociaciones es un pacto de no agresión entre la Alemania nazi y la Unión Soviética, que permite a ambas firmantes la doble agresión contra Polonia y su mutuo reparto. A la acción inmediata de las tropas hitlerianas contra Polonia occidental responde, por parte de Francia e Inglaterra, la declaración de guerra a Alemania, iniciándose así la Segunda Guerra Mundial. "La historia" (1974), Elsa Morante

Segunda guerra mundial


73. El sistema no cambia nunca...Se llamaba "religión", "derecho divino", "gloria", "honor", "espíritu", "porvenir"..., todos seudónimos..., todas máscaras...Pero con la época industrial, ciertas máscaras no se sostienen..., el sistema enseña los dientes, y nos graba cada día, en la carne de las masas, su verdadero nombre y título..., y no en vano, en su lengua, a la humanidad se la denomina "masa", que significa "materia inerte". "La historia" (1974), Elsa Morante

Masas


74. Mussolini e Hitler, a su modo, eran dos soñadores; pero en esto se manifiesta su diversidad innata. La visión onírica del "Duce" italiano (correspondiente a su anhelo material de vida) era un festival de comedia, en el que, entre lábaros y triunfos, él, ínfimo vasallo enredador, representaba el papel de ciertos antiguos vasallos beatificados (los Césares, los Augustos...) sobre una multitud viviente degradada al rango de títere. Por el contrario, el otro (inficionado de un monótono vicio de necrofilia y ruines terrores) era secuaz semiconsciente de un sueño aún informe, en el que toda criatura viviente (incluso él mismo) era objeto de desgarramiento y rebajada hasta la putrefacción. Y en el que por último en el Gran Final todas las poblaciones terrestres (incluida la germánica) se deshacían en amasijos descompuestos de cadáveres. "La historia" (1974), Elsa Morante

Hitler

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